Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Hablar en los periódicos de todo, con lealtad y valor, es purificar la necesidad que existe en todos los hombres de conocerse entre sí y expresarse en su afán de verdad»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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La devoción a la Eucaristía en Lolo

Lolo estuvo encarcelado en la guerra civil por llevar la comunión a otras personas.

¿Cuál es el secreto de la alegría constante que Lolo tuvo en su vida a pesar de los terribles dolores de su enfermedad? ¿Dónde está la clave de esa fe en Dios que le va a llevar a la gloria de los altares? Se puede responder con una única palabra: Eucaristía.

La fe de la Iglesia nos garantiza que Jesucristo está realmente presente en el sacramento de la Eucaristía. Ese pan consagrado es el alimento de la fe. Difícilmente se puede creer en el Señor Jesús si no se fortalece la fe en la celebración y adoración de la Eucaristía. Y Lolo tuvo siempre claro, desde su infancia, que en la Eucaristía estaba la fuerza de su vida. Desde que hizo su primera comunión, cuyo recuerdo siempre perdurará, hasta en su época de joven de la Acción Católica, pasando por el servicio militar y en los largos años de postración en la silla de ruedas, la Eucaristía siempre va a ser la clave con la que se comprenda porqué Lolo vivió las virtudes cristianas en grado heroico.

La Sagrada Congregación Vaticana para la Causa de los Santos en el Decreto en el que valora las virtudes de la vida de Lolo, con fecha 17 de Diciembre de 2007, afirma la importancia de la Eucaristía en la vida de Lolo: «La fuente y cumbre de la espiritualidad y actividad de Manuel consistía siempre en una más fructuosa participación de la Eucaristía».

Y para confirmar esta afirmación la Congregación Vaticana señala un detalle de su vida que es muy elocuente. Lolo era miembro de la  obra pía «Discípulos de Jesús» y por ello, ante su parálisis le fue concedido que se pudiera celebrar misa en su domicilio. Los sacerdotes de Linares se turnaban para celebrar en casa de Lolo. Pues bien, durante la primera misa en su casa, Lolo quiso que su máquina de escribir se colocara debajo de la mesa que servía como altar, para que así el «tronco de la cruz» golpeara sobre la fila de las teclas, y desde allí pudiese extender sus raíces, tal y como posteriormente escribió en uno de sus libros. Lolo quería que la Eucaristía fuera el sostén de su afán evangelizador, ese ímpetu literario y periodístico por el que propagó los valores del Evangelio.

Ya desde joven, a los dieciséis años, Lolo va a tener una relación especial con Jesús sacramentado. Cuando estalla la guerra civil va a recibir un maravilloso encargo: llevar la Eucaristía. En esto se va a parecer a San Tarsicio, el niño mártir que llevaba la sagrada comunión a los cristianos encarcelados en tiempos de las persecuciones del  imperio romano. Y Lolo también pago esa osadía de ser portador de Cristo con la cárcel. Pero Lolo lo relata como un auténtico privilegio ser portador de la Eucaristía: «La guerra, casi inmediatamente, como otra herida, una inmensa herida. Pero, con todo, sobre el terror y los negros perfiles, aquella vieja mano celeste, escanciándole a cada día su pequeña simiente de felicidad. Sobre todo una preferencia inmerecida: Dios, hecho Pan de Sacramento casi todos los días. Mis más fervientes momentos espirituales, allí en el eje de aquellas fechas entre sirenas quejumbrosas y silbidos de obuses. ¿Por qué a mí el privilegio y no a otros?» Nos imaginamos lo que Lolo disfrutaría llevando la sagrada comunión a los demás en sus casas. Este privilegio de estar unido a Cristo hará que Lolo y dos de sus hermanas sean encarceladas. No habían hecho nada malo, pero en medio de aquel ambiente revuelto y lleno de confrontaciones, miedos y delaciones, Lolo es arrestado. Y estando en la cárcel, un jueves santo, su hermana Luci le lleva la sagrada comunión. ¡Cómo agradeció Lolo ese gran regalo! En la humildad del presidio Lolo va a hacer un monumento especial para adorar a Jesús en la Eucaristía. Y aquel día tan especial lo marcó para toda su vida.

Otra experiencia muy importante para él fue la cercanía de su casa a la parroquia de Santa María de Linares. Cuando la parálisis le negó definitivamente la posibilidad de participar en la Eucaristía, Lolo siempre se conformaba con aquel Sagrario de Santa María que tan cerca estaba. Cristo estaba allí, realmente presente en la Eucaristía, y era su compañero permanente en medio del dolor. Y así lo afirma en uno de sus escritos, en su libro «Dios habla todos los días». Dice: «la verdad es que lo que más me gusta es esta vecindad de la parroquia. Está tan cerca que, en primavera y verano, hasta puedo seguir la misa por el toque de la campanilla».

Ahora que se acerca la fiesta del Corpus Christi, tenemos un buen modelo de cristiano, cuya vida se sostuvo en la Eucaristía, en este próximo beato linarense.

Antonio Garrido de la Torre, 03/06/2010