Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Madurar cada día un poco más el corazón, como la luz, como la flor, como la fruta, como la vida»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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La mañana del día grande. Un paseo del alma por Linares

Crónica de la mañana del día 12 de junio de 2010, día de la Beatificación de Manuel Lozano Garrido. Escrita por D. Venancio Luis Agudo, periodista y amigo de Lolo.

Salíamos del hotel -hora tempranera-, con el cielo cargado de nubes, y oíamos vocear por las esquinas:

  • ¡¡Hoy, con el Lolo!!

Los que no hubiesen venido a Linares a lo que todos habíamos venido, hubieran pensado en el gracejo andaluz y en alguna historia que habría bautizado a un número del cupón de ciegos con ese sobrenombre.

Pero el mismo “número” se repetía en todos los ciegos. Y, además, Lolo estaba en los escaparates de los comercios y en algunos balcones y pancartas. Me lo avisó el nieto más pequeño, de 8 años.

-Mira, abuelo: ¡Ahí está Lolo!

El ya sabía bien quién era Lolo. Y lo dijo con alegría, como quien encuentra inesperadamente a un amigo.

El alcalde de Linares nos había invitado a unos cuantos periodistas, llegados para la beatificación, a hacer un recorrido por la ciudad, principalmente por los lugares que recordaban al nuevo Beato. Allí estaban, para acompañarnos, el mismo alcalde, la concejal de turismo, una guía de la ciudad, D. Rafael Higueras, el hombre que acompañó a Lolo en la hora de su muerte (“Le dije que rezáramos juntos un Padrenuestro”) y que luego ha sido el postulador y el motor, junto con Pepe Utrera, también allí, del proceso. Nos reunimos en la plaza del Ayuntamiento. Primeros saludos, y mirada a las casas natales de los dos santos linarenses contemporáneos, a unos metros la una de la otra: S.Pedro Poveda y Lolo. Ya D. Rafael nos había aconsejado que, si podíamos, compráramos por allí alguna parcelita.... porque se ve que era tierra propicia para santos: a ver si algo se nos pegaba.

Lo más emotivo del paseo: la exposición montada en un colegio, provisionalmente, con los recuerdos -¿reliquias también?- del nuevo beato, explicada por los dos beneméritos miembros de la asociación “Amigos de Lolo” que la han montado con cariño y veneración. Allí, su DNI con la inscripción, en el lugar de la firma, NO PUEDE; allí las cajitas de pastillas Juanola donde llevaba a escondidas las sagradas formas a la cárcel, por cuyo “delito de traición” fue el mismo encarcelado; allí el armarito de madera que convirtió en sagrario, en su casa, cuando fue autorizado a  oir misa en ella, o el magnetóno que le sirvió para dictar, ya ciego, en artículos y libros, lo mucho que tenía que decir poque le rebosaba del alma.

Y, todo, con textos explicativos del propio Lolo. Así, junto a la máquina de escribir, el diálogo con su hermana, que él mismo incluye en Las golondrinas nunca saben la hora, al ir a celebrar la primera misa en su casa:

- Tráete la máquina de escribir

- ¿Para qué ahora? ¿Estás loco?

- Que sí. ¡Date prisa! Te la traes y la metes debajo de la mesa, para que así el tronco de la cruz se clave en el teclado y eche allí mismo sus raíces.

O aquel otro párrafo que nos leyó D. Rafael y que Lolo pone en boca de Jesús cuando, en el Calvario, nos entregó a su madre:

Os voy a hacer un seguro de ternura para siempre. Porque quiero que tengáis junto a vosotros un corazón que se esponje cuando os tire de los párpados un ansia de llanto.

O la explicación del sentido del milagro, de lo que él habla con motivo de su visita a Lourdes. “El milagro no es un talismán -decía D. Rafael-. El verdadero milagro fue la vida de Lolo”. (En la visita a la exposición se nos había unido Rogelio de Haro, con su madre, esposa y dos hijas. Rogelio, el niño sobre el que, a los dos años, se operó el milagro, esté sí, incluído en el proceso del nuevo Beato).

Todo era fe. Como en la vida de Lolo. La fe, el motor. Nos fuimos a la parroquia de Santa María, donde reposarán definitivamente sus restos. Allí, la ancha pila bautismal donde recibieron la fe los dos: el P. Poveda y Lolo. Y, allí, apretados, para poder colocar todos la mano sobre la pila, despaciosamente, dejándonos empapar, recitamos el credo, la profesión de nuestra fe.

Creo... en la comunión de los Santos

¡Beato y amigo, Lolo: ruega por nosotros!

Venancio Luis Agudo, 23/06/2010