Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«No hay virus que pueda corroer la fuerza que Dios le ceda a un corazón»
- Beato Manuel Lozano Garrido. Bien venido, amor (852) -
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Lolo era el Alma de nuestros encuentros

Lolo era el alma de aquello, y unas veces en prosa y otras en verso, pero siempre con muy buen humor (...)

Mi nombre es José Moya Cabrera, vivo en Linares.

Conocí a Manuel Lozano Garrido en el verano del año 1955. Ya tenía referencias suyas, pero no había tenido ocasión de conocerlo personalmente hasta entonces. Coincidió que asistí como Instructor de aspirantes al campamento que el Centro de J.J. de Acción Católica montábamos en la sierra, en un pequeño poblado dominado por el santuario de la Virgen de Tíscar, patrona de toda la comarca de Quesada. Allí estaba Lolo pasando una temporada huyendo del calor de Linares. Nuestra amistad empezó como si nos hubiéramos tratado de toda la vida.

Recuerdo que dentro de sus limitaciones, era casi un acampado más. El grupo de mayores lo traíamos y llevábamos montado sobre su sillón de madera. En plena sierra, a la sombra del santuario de Tíscar, nos dio a chicos y grandes varias charlas o círculos de estudio, teniendo como tema principal a la Stma. Virgen de la que era muy devoto.

En otras ocasiones lo trasladábamos a un sitio llamado el Vadillo donde preparábamos los "fuegos de campamento". Lolo era el alma de aquello, y unas veces en prosa y otras en verso, pero siempre con muy buen humor, montábamos las escenificaciones que habrían de representarse por la noche junto a una gran hoguera. Otro día lo llevamos a un lugar muy abrupto, llamado Cueva del Agua, con el riesgo de recibir algún "coscorrón" pues había que entrarlo por un pasadizo muy estrecho. Quedaba maravillado ante la Naturaleza de la que era ferviente admirador.

Después de aquellos días, mis visitas a su casa fueron frecuentes. Siempre salíamos enriquecidos con sus palabras. En el año 61 lo visitaba con mi mujer, que estaba encinta, y nos animaba para que despertáramos en nuestro futuro hijo la vocación periodística. En ese mismo año, ante la falta de recursos económicos que tenía para cambiar de vivienda, pues estaba desahuciado de la que ocupaba, le cedí un piso modesto que por sorteo me había correspondido en unas viviendas sociales de reciente construcción.

Colaboré con él en las ilustraciones fotográficas de su libro “Mesa redonda con Dios” y en la revista “Sinaí”.

Testimonio, 26/04/2010