Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Con el amor pasa como con las flores, que sólo valen las que son de verdad»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Lolo, Santidad de un hombre que amó a Jesús

Compartimos con ustedes, el texto que se leyó, este pasado sábado 1 de mayo, previo a los fuegos artificiales en Quesada (Jaén, España).
En el cielo se ha construido una rampa para que Lolo,
con su silla de ruedas, pueda llegar a la santidad.
Te resististe a ser un joven cualquiera, tenías bien claro,
como lo hacen los hombres de bien, que tu vida estaba en manos del Padre Altísimo,
por ello, orientaste tu vida a auxiliar a los más desprotegidos,
a consolar al afligido, a compartir amor, a vestir al desnudo,
a alimentar al hambriento, a dar de beber al sediento, a dar calor al enfermo,
a dar casa al sin techo, a luchar contra el materialismo, a destruir la impiedad,
a enfrentarse al tirano, a defender la santidad del hombre, a dar fuerza al débil,
a llevar su voz al silencio.
Y Dios, te invitó personalmente a acercarte sin temor a Él.
Ven a mi mesa, ven a mi huerto de dolores, entra en mi amistad, ven a Mí.
Y tú, solo tú, convencido de que el Reino prometido no es de este mundo,
obedeciste al Padre y fuiste a Él.
Y te transformaste en bendito de Dios.
Tener la bendición del Dios del Amor,
es tener la máxima seguridad y esa bendición,
trasformó tu vida de dolor en amorosa felicidad.
Un día, Dios te dijo:
“Ven hijo mío, pues he preparado un reino a los hombres de bien.
Aquí tienes la llave, pequeño príncipe"
.
Y entendiste, que no era muy exigente el poder alcanzar el reino.
Habías oído hablar de aquel maravilloso hombre; Jesús,
que tomó su cruz y se hizo varón de dolores para el bien de la humanidad,
había demostrado al hombre su incondicional amor.
Dios no dudó en hacerse humano para padecer, al igual que el hombre,
sentir, al igual que el hombre, llorar, al igual que el hombre.
De este modo, mostraba un camino para llegar a Él.
Y, tú, siguiendo el ejemplo de tu Maestro, te convertiste en señor del castillo,
por saber esperar, saber sufrir, saber luchar, saber morir por el Reino que Dios te mostró.
Entendiste bien que, la vida es lucha,
aventura apasionante del propio esfuerzo y sufrimiento dando toda tu alma,
todo tu corazón en esta empresa.
Y el Padre, sabio sabedor de las vicisitudes de la vida,
te revistió con la mejor de las armas: EL AMOR.
Y con esas armas, te convertiste en Apóstol de Cristo al dijiste:
“Quiero pedirte un préstamo, déjame tu corazón,
pero no para el egoísmo de realizar las cosas fácilmente y sin esfuerzo,
sino para hacer bueno ese deber que es amarte a tu medida”
.
Y cuando llegó el dolor, lejos de renunciar al Reino,
luchaste para ser Apóstol de Dios.
Tu cuerpo se convierte en un amasijo retorcido de huesos doloridos,
mas tú jamás te quejas ni hablas de tu dolor.
Cuando pierdes el movimiento de tu mano derecha,
aprendes a escribir con la izquierda,
cuando la izquierda deja de obedecerte,
dictas a un viejo magnetofón desde tu silla de ruedas.
El día 3 de Noviembre de 1971, festividad de Fray Escoba,
obedeciste a la llamada del Padre, habías conseguido tu triunfo,
habías ganado la guerra que un día declaraste a la falta de amor
y valores en la que el mundo vive.
Era tu guerra en beneficio de los hombres,
al igual que aquel hijo de un carpintero de Nazaret demostró al mundo
que, todos podemos llegar al Reino.
Y tu luz, fuente inagotable de Amor,
sigue iluminado el camino de aquellos que tanto sufren pues, desde el reino,
propagas la Verdad del Dios de la Vida e indicas al ciego el camino.
Pues, como testigo de Dios,
fuiste soldado de Cristo y a un solo Señor serviste.
Testimonio, 04/05/2010