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- Beato Manuel Lozano Garrido -
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El beato Lolo en la Vigilia de la Espiga

Todos los años, por estas fechas, se celebra, en distintas Parroquias de la Diócesis, la Vigilia de Espigas, dedicada especialmente, por la Adoración Nocturna, a la solemne adoración al Santísimo Sacramento. Compartimos con todos vosotros la homilia de nuestro Obispo D. Ramón en la vigilia de este año, dónde hizo referencia a nuestro querido Lolo, adorador nocturno de Linares.

Homilía de Monseñor del Hoyo López en la Vigilia de Espigas
Parroquia de Santa María La Mayor, Linares | 20 de junio de 2015

Monseñor del Hoyo López

1. Todos los años por estas fechas celebramos en distintas Parroquias de la Diócesis esta Vigilia de Espigas, dedicada especialmente por la Adoración Nocturna a la solemne adoración al Santísimo Sacramento. Así lo hacen también todos los fieles en la Solemnidad del Corpus Christi.

Se trata de una Vigilia muy tradicional, como todos sabemos, y la llamamos “de espigas” porque tuvo su origen para dar gracias a Dios por las mieses, a punto ya de recogerse o recién cosechadas. Con el paso de una sociedad eminentemente rural a otra más industrializada y de servicios, el sentido de dar gracias a Dios por los frutos de la tierra, se ha ampliado a dar gracias por los resultados de nuestros trabajos en toda su variadísima gama. Reconocemos así la ayuda de Dios en nuestros proyectos y logros, también por nuestra entrega. Ponemos por ello, en manos de Dios los frutos que hayamos logrados, sobre todo a favor de los demás, al tiempo que pedimos nos ayude siempre en el desempeño de las obligaciones que cada uno tiene asignados.

2. A la luz de esta reflexión hemos de entender la Oración de presentación de adoradores, en que suplicamos así al Señor:

«Unidos y comprometidos con toda la humanidad, queremos, una vez más, recoger esta noche –para presentarlos ante Ti como ofrenda y adoración-  los frutos de la laboriosidad de los hombres del campo y de la industria, el esfuerzo de los que luchan, la reflexión de los que estudian e investigan, el holocausto de los que sufren en el cuerpo y en el alma, el amor de las familias, las nobles aspiraciones de los jóvenes, las preguntas de los niños»

Este será, por tanto, el fin primordial de esta Vigilia: adorar al Señor realmente presente en la Eucaristía y ofrecerle estos frutos de nuestra laboriosidad y esfuerzo en el cumplimiento generoso de nuestra obligaciones, de la voluntad del Padre.

3. Lo hacemos, además, en la misma Iglesia en que se bautizó y se acercó cientos de veces a recibir la Eucaristía el Beato Manuel Lozano Garrido “Lolo” y pasó noches enteras y muchas horas diarias en adoración ante el Santísimo Sacramento como adorador nocturno y más tarde, ya enfermo, desde su casa como adorador permanente.

De entre sus muchos pensamientos que son oración, únicamente recordamos el siguiente:

«“Los males del siglo radican esencialmente en un egoísmo concentrado y en el tremebundo distanciamiento de la Eucaristía. Para salvarse es preciso que la humanidad dé marcha atrás en su elección de un camino ficticio. Hay que aclarar los ojos, vidriados por la soberbia, para fijarlos en ese rincón tan cercano - ¡y tan lejos, Dios mío! - donde campea la Espiga Eterna de la Paz, Cristo Hostia, única meta capaz de saciar por toda una eternidad la sed y el hambre del mundo. Lo dijo Él con su verbo "Yo soy el pan de la vida; y quien viene a mí no sentirá hambre y quien cree en mí no sentirá sed jamás". Hay, pues, que rendir los corazones con la actitud y la súplica del poeta: "Como ciervos sedientos que van hacia la fuente, vamos hacia tu encuentro sabiendo que vendrás"1

Quiero destacar también que en esta Iglesia de Santa María de Linares se ha establecido la adoración diaria al Santísimo Sacramento, como uno de los potentes focos de luz divina que ilumina misteriosamente a incontables personas que se encuentran así con Jesucristo, como otros lo hicieron por los caminos de Judea, Galilea y Samaria, hace dos mil años.

Ante Jesús, en la Custodia, entramos en diálogo de amistad con Él. Mirándole y dejando que nos mire borramos páginas mal escritas de nuestra vida, nos transforma interiormente y nos levantamos dispuestos a confesar ante los demás lo que se vive y experimenta ante su presencia.

4. En el relato evangélico de san Marcos (Mc 4, 35-40) que acabamos de escuchar se nos enseña el modo de proceder de Jesucristo con sus íntimos, los doce discípulos. El episodio de la tempestad calmada en el Lago de Tiberíades es una buena muestra de esa entrañable relación entre Jesús y los doce.

Inmediatamente antes, el Maestro explicaba en privado a sus discípulos el sentido de las parábolas (cf. Mc 4, 34). A continuación Jesús despidió a la gente y marchó lago adentro solo con ellos. Inesperadamente, se levantó un fuerte temporal. Jesús, rendido por la fatiga de la jornada, dormía sobre un almohadón. Los discípulos se acercaron inquietos a él, como echándole en cara su despreocupación. Jesús muestra entonces su poder aplacando la ira del mar con su palabra. Es admirable constatar el contraste entre Jesús dormido por el cansancio y el Jesús investido por un poder capaz de calmar la furia del mar. Realmente, es hombre y es Dios.

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5. ¿Dónde está vuestra fe?. Les preguntó. En realidad esta fue su máxima preocupación: despertar y alentar su fe. Fue una tarea permanente que no pocas veces puso a prueba su paciencia. En esta ocasión les reprende amistosamente por su falta de fe. La admiración y el asombro de los discípulos ante el prodigio que vieron, fue sin duda paso importante en su mutua relación. El reproche que les hizo Jesús nos invita a reflexionar también nosotros sobre la situación de nuestra fe. Tenemos esta vigilia para hacerlo.

Según la mas antigua tradición cristiana, la barca azotada por el oleaje del lago, representa a la Iglesia, que, a lo largo de su historia, ha soportado constantes y múltiples embates y persecuciones. Así ha sido y así será siempre, teniendo en cuenta que su fundador fue el primer gran perseguido. Sin embargo, esas pruebas están llamadas a ser un instrumento providencial de purificación y crecimiento.

Jesús, aunque a veces parece estar dormido, siempre está despierto y dispuesto a salvarnos con su acción y su palabra. Esta noche desde su presencia eucarística.

6. ¿Dónde está nuestra fe? Nos pregunta también a nosotros, como un día a los Apóstoles.

Creer consiste sobre todo en abandonarnos en manos del Dios que nos conoce y nos ama personalmente, el Dios misericordioso que siempre nos espera, anima y nos perdona. Creer es aceptar la Verdad que El nos reveló por medio, sobre todo, de Jesucristo, su Hijo.

Fiarse de Cristo, acogerlo en nuestra vida, dejar que nos transforme, seguirlo sin reservas, hace posibles las cosas humanamente imposibles. Eso es creer.

Jesús educó a la gente, como hemos podido comprobar en este pasaje evangélico, a crecer en la fe, a creer y a confiar cada vez más en él para construir su propia vida sobre roca. Por eso le piden en una ocasión sus discípulos: “Auméntanos la fe” (Lc 17, 62). Los discípulos no piden bienes materiales, no piden privilegios, piden la gracia de la fe, que oriente e ilumine sus vidas, piden la gracia de reconocer a Dios y estar en relación íntima con Él, recibir de El todos los dones que necesiten para seguirle y hacer el bien.

Creer que el Dios eterno se preocupa del ser humano, que nos conoce, que el que es inmortal, como Hijo de Dios, ha sufrido y muerto en la cruz, que está realmente presente en las especies eucarísticas, que nos haya prometido la resurrección y la vida eterna, es sin duda una auténtica osadía.

Ser además testigos de esa fe es un gran honor y encierra también una gran responsabilidad personal, porque si la sal se vuelve sosa, con qué se salará, si el que lleva en sus manos la antorcha de la fe escandaliza a otros, mejor sería que lo arrojaran al mar, dijo Jesús. Hace mucho daño la ineptitud del mensajero, y todos debemos por ello preguntarnos: ¿Dónde está tu fe? ¿Cómo crece tu fe? ¿Ante quién o quiénes muestras las obras de tu fe? Porque una fe sin obras, es una fe muerte, nos advierte el Apóstol Santiago (Sant 2, 17).

7. Escribió el Papa Emérito Benedicto XVI que la fe nunca debe darse por supuesto, porque cada generación necesitó recibir ese don mediante el anuncio del Evangelio y conocer la verdad que Cristo nos ha revelado. La Iglesia, por tanto, siempre está comprometida en proponer a todos la herencia de la fe, que incluye también la doctrina sobre la Eucaristía, en su valor profundo y relevancia para la existencia del creyente.

«Que la intercesión de María, primera mujer eucaristía y la de dos cristianos que nacieron a la fe en esta Comunidad cristiana, San Pedro Poveda y el beato Manuel Lozano, nos acerquen al gran misterio de nuestra fe: La Santísima Eucaristía»

Por eso es muy importante que, en las distintas comunidades cristianas y en los propios grupos de adoradores, perciban como una exigencia un conocimiento cada vez más profundo del misterio del cuerpo y de la Sangre del Señor. Cierto que los dones del espíritu y la misma adoración cristiana producen un efecto misterioso y hasta milagroso podríamos decir en el interior del creyente, pero además de postrarnos, orar y cantar el Santísimo Sacramento, también nuestra mente ha de cultivar las grandes enseñanzas de la Revelación, Santos Padres y Magisterio eclesiástico sobre la Santísima Eucaristía, hasta sentirnos otros cristos y vivir con Él.

8. Que la intercesión de María, primera mujer eucaristía y la de dos cristianos que nacieron a la fe en esta Comunidad cristiana, San Pedro Poveda y el beato Manuel Lozano, nos acerquen al gran misterio de nuestra fe: La Santísima Eucaristía. Que así sea.

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[1] Manuel Lozano Garrido, Encrucijada para la sed y el hambre, Solemnidad del Corpus Christi, 1952.
www.amigosdelolo.com, 24/06/2015