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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
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- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Luminarias en la noche (cuento)

Luminarias en la noche 1

Cuento

Manuel Lozano Garrido
Revista 鈥淟INARES鈥 n潞 13. Julio 1952

Zurcir ropa y remendar redes son tareas que se ahilan con la burda hebra de las preocupaciones cotidianas. Son los minutos de los grandes problemas. Por eso la mujer, entre rasgueos de ropa desvencijada, y el hombre, bajo el tintineo cascabelero de las olas, se a煤nan en la impronta com煤n de sus miradas bu铆das.

Gorio en la playa, y Mar铆a, su mujer, en el hogar, salvaban la distancia con la imagen del hijo de sus entra帽as.

Bueno de verdad era Gorio. Si alg煤n momento de debilidad hab铆a tenido en la crianza de Chu谩n, bien lo estaba pagando con los disgustos que le tra铆an sus continuas calaberadas y en la azarosa vida marinera. A煤n ahora, con la llaga abierta de aquel fruto malogrado, sol铆a pensar, a veces, que s贸lo por un exceso de bondad hab铆a dejado en su d铆a de encauzar unos instintos que a la larga habr铆an de desbordarse. Porque Chu谩n, cuando a煤n no remontaba los doce a帽os, manifestaba ya temperamentales tendencias hacia el vagabundeo y la violencia. Bien se lo dec铆an a Gorio personas ecu谩nimes, con razonamientos que 茅l trataba de poner en pr谩ctica; pero aquellos ojos de Chu谩n, clavados en la l铆nea infinita del horizonte mar铆timo, le encend铆an la duda en el coraz贸n.

Y un mal d铆a, la negra bodega de un mercante acogi贸 en su seno la figura de un mozalbete, en cuya frente ard铆an los m谩s nefastos pensamientos. Era Chu谩n que hu铆a hacia la gran aventura.

*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*

Castilmar dorm铆a su sue帽o blanco, recostada cara a las estrellas. Entre sus pies, el faldell铆n dorado de la arena bull铆a, lamido por el perro fiel de las espumas. A sus pensamientos, recogidos bajo el triple campanil de sus colinas, los arrullaban el esquil贸n flechado del castillo, la aguja gui帽olesca del faro y el grave bord贸n聽 de la ermita recoleta, novia del s铆mbolo y encrucijada esponsal de los dos caminos que enlazaban el castillo 鈥搇o antiguo- y el faro 鈥搇o actual- con la ciudad.

Por este 煤ltimo, precisamente, resbalaba cierto d铆a un extra帽o personaje, cuando vino a darse de bruces con una f煤nebre comitiva. H铆zose a un lado el caminante y, cuando ya el acompa帽amiento traspon铆a su presencia, se acerc贸 con cautela y pregunt贸 a un hombre peque帽铆n y enjuto:

  • A qui茅n llevan a enterrar?
  • Al torrero del faro- le contest贸 el otro, asombrado de que alguien ignorase en el t茅rmino de la muerte del viejo torrero. Mir贸 entonces al extra帽o el peque帽铆n, y dos gritos se fundieron en el calor de un abrazo:
  • Chu谩n!
  • 隆Padre!

S铆, era Chu谩n. Decr茅pito, macilento, andrajoso; con sus quince a帽os de andadura cenagosa grabados en los quince surcos hondos y seniles de la faz. Era Chu谩n que, arrojado como un lastre por la borrasca de la vida, ven铆a a remansar su desgracia en Castilmar, cara a la brisa del Oc茅ano bajo la caricia de los luceros.

*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*

隆Pobre Gorio! Cuando ya su pena empezaba a hacerse silente, aquel regreso despertaba la jaur铆a de su dolor. Triste es tener el alma en lejan铆a, pero m谩s a煤n lo es sentir en el coraz贸n el tacto fr铆o de una ilusi贸n que se deshoja.

Chu谩n tuvo en Castilmar la efusi贸n cordial de una sincera acogida. Hasta se lleg贸 a arropar su aventura con el velo del olvido, y el puesto del fenecido torrero vino de perlas para encajarle en el afanado laborar de Castilmar. Pero lo que a veces tratan de ocultar las palabras lo suele pregonar el lenguaje de los hechos: Chu谩n era un nidal de impenitencia. Las horas de su nueva vida las pasaba embutido en su celaje de brumas; brumas en los ratos 鈥損ocos- del faro; brumas 鈥搇as m谩s- en la ci茅naga de la taberna; y brumas 鈥搉egras y densas brumas- en el coraz贸n y en el cuenco tenebroso de la conciencia.

Para las existencias abatidas por la desgracia, ha puesto Dios, en la f茅, un encrespado m谩stil de salvaci贸n. Pero la de Chu谩n estaba ro铆da por la polilla fatal del escepticismo. Se le desbordaba a veces en desplantes al bueno del se帽or Cura, o en virulencias alcoh贸licas al pasar por la ermita, camino del faro.

*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*

El monocorde sonido de las gabarras punteaba de ribetes funerarios la noche encapotada. Era como un tant谩n sagrado que redoblaba en el gong de las nubes, llamando a la danza macabra y al rito propiciatorio. De pronto, se hizo el silencio, y al rato, el estampido y la fogata de un rel谩mpago ilumin贸 la tragedia de una gabarra abandonada a la tempestad.

-隆Gorio! 隆Gorio! 鈥搒e oy贸- 隆El motor! 隆Estamos a merced de las olas!

-隆Manos a los remos! 鈥搊rden贸 angustiosamente Gorio- 隆Dios m铆o, y la luz del faro sin encenderse! 驴D贸nde estar谩s, Chu谩n, desgraciado de mi alma?

Un nuevo estampido acompas贸 el golpeteo de las paladas marineras. Entonces, la voz angustiada de Gorio desgarr贸 la pesantez de las nubes.

  • 隆Virgencita marinera, ilum铆nanos, aunque s贸lo sea por estos infelices que me acompa帽an!

Romp铆an ya los primeros goterones, cuando en la lontananza umbr铆a de la noche, empez贸 a hacerse una d茅bil llamita, que por instantes creci贸 hasta hacerse cegadora. La gabarra se flech贸 esperanzada hacia ella. 隆Estaban salvados! 驴Qu茅 hab铆a sucedido?

*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*

La tarde anterior, presagi谩ndose ya la tempestad, el torrero dej贸 el faro, y abusando de la bebida, prolong贸 su estancia en la taberna. Pasaban las horas, y en la mente algo m谩s clara del tabernero empez贸 a perfilarse la honda tragedia del faro apagado en una noche de borrasca. La ciudad se embozaba ya en el capuz de las tinieblas, cuando Chu谩n, encolerizado, se alej贸 de las callejas. En sus ojos relampagueaba el tremendo concili谩bulo que es la llama y la idea al servicio del mal.

驴Es subit谩neo el brote de la violencia? 驴O es m谩s bien el punto de madurez de un sentimiento? En Chu谩n, su car谩cter, la ermita, el vino y el pasado, conflu铆an en una circunstancia fatalmente inexorable.

Cuando lleg贸 a la ermita, todo su coraz贸n era un violento crepitar de odios. Atiz谩ndolos, estaba all铆 todo un pasado prieto en fracasos, al que sistem谩ticamente se le cerraba la salida hacia la esperanza. Toda la fantasmagor铆a sin base de sus ilusiones se le derrumbaba, pl煤mbea, sobre el alma en agon铆a. Se le hac铆a la vida et茅rea, dilu铆da, inaprensible鈥 ahora, precisamente ahora que necesitaba de corporeidades en las que clavar la zarpa de su odio.

Y fue entonces, al rozar sus manos los muros anta帽ones de la ermita, cuando sinti贸 que su sed de exterminio ten铆a ya聽 presa a la que aferrarse. Al rato, una roja lengua de fuego rasgaba la oscuridad de los cielos.

*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*聽聽聽聽聽聽聽聽聽聽*

Castilmar, con su faldell铆n y sus pensamientos, sigue en el tiempo durmiendo su sue帽o blanco de cara a las estrellas. Todos los a帽os, y en el mismo d铆a de la tempestad, las tripulaciones de las gabarras suben en romer铆a hasta la reconstru铆da ermita de la Virgen marinera. Durante el resto de su vida, subi贸 tambi茅n Chu谩n, ya laborioso trabajador de Castilmar. Al regreso, y desde la elevada atalaya del faro, sus ojos, serenados por el gozo de la paz, se abr铆an en un amplio abrazo de dulzura, como queriendo fundir en su coraz贸n el tesoro de la ermita recoleta y las vidas en la azarosa incertidumbre de la mar.

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[1] Publicado tambi茅n en 鈥淐uentos en 鈥榣a sostenido鈥 鈥, recopilaci贸n de varios cuentos de M. Lozano (Madrid 2000)
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Lolo, periodista Santo
(Blog de ReligionEnLibertad.com)
Beato Manuel Lozano Garrido, 20/06/2014