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Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

El Concilio Vaticano II – Historia pequeña del día a día en el Aula Conciliar (Recensión)

El Concilio Vaticano II

Historia pequeña del día a día en el aula conciliar

Portada
Título: El Concilio Vaticano II. Historia pequeña del día a día en el aula conciliar
Autor: Rafael Higueras Álamo
Editorial: Libros Libres
Páginas: 180
Precio aprox.: 12 €
ISBN: 978-84-96471-68-9
Año edición: 2012
Lo puedes adquirir en la Asociación Amigos de Lolo

El Concilio Vaticano II – Historia pequeña del día a día en el Aula Conciliar (P. Rafael Higueras Álamo)

Es curioso como lo que, en principio, puede parecer farragoso (por el tema) y no muy atractivo, se puede convertir, es, en algo interesante y de lo que, dado lo que pasa hoy al respecto del II Concilio Vaticano, conviene tener en cuenta y, sobre todo, leer.

El libro que ha escrito el P. Rafael Higueras Álamo, a la sazón postulador de la causa de canonización (antes lo fue de la de beatificación) del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo (a quien, por cierto, dedica el libro porque el Beato siguió muy atento el desarrollo de todo el Concilio con la inestimable ayuda de José Luis Martín Descalzo quien le remitía cada día un ejemplar de “La Gaceta del Norte” donde recogía las crónicas de lo que iba sucediendo en Roma) tenía los visos de ser difícil de leer y, como suele suceder que las apariencias engañan, también lo hacen en este caso. Esto lo digo porque ¡qué importante es conocer los entresijos de determinadas realidades eclesiales! A lo mejor se desmienten algunos mitos sobre la celebración del Concilio convocado por el Beato Juan XXIII pero, seguro que están muy bien desmentidos y mucho mejor, aún, desmentirlos con los simples hechos reales de lo que pasó.

Este libro del P. Rafael Higueras recoge aquello que, internamente, sucedió en el aula conciliar durante la Primera etapa del Concilio Vaticano II que ocupó el tiempo entre el día 11 de octubre y 8 de diciembre de 1962. Y ha sido del estudio de los documentos oficiales (Actas) que ha tenido a su disposición el autor del texto del que ha obtenido un fruto no mediano sino, más bien, destacable porque no puede negarse que, aunque aquello que sucedió pudiera parecer que no tiene interés para los fieles del común, lo bien cierto es que lo que allí se produjo ha tenido, luego, influencia en la historia inmediata de la Iglesia católica.

Cuando el 25 de enero de 1959 Juan XXIII, apenas habían transcurrido tres meses desde que fuera elegido como Vicario de Cristo en la tierra, Juan XXIII, en la Basílica romana de S. Pedro Extramuros, como bien dice el autor del libro, “sorprende a los Cardenales y al mundo entero” (p. 41) diciendo esto:

“Con un poco de temblor por la emoción, pero al mismo tiempo con una humilde resolución de nuestra determinación, pronunciamos delante de vosotros el nombre de la doble celebración que nos proponemos: un Sínodo diocesano para Roma y un Concilio ecuménico para la Iglesia universal; y añadió: ambos conducirán felizmente ala puesta al día, esperada y deseada, del Código de Derecho Canónico” (p. 41).

El Concilio, pues, había quedado convocado y el trabajo que se venía encima de muchos pastores, había sido anunciado por el Romano Pontífice en tal momento.

Nada fue fácil. Desde el mismo principio fue dificultosa la elección de los miembros de las Comisiones que iban a estudiar los temas preparados, años antes, para el Concilio. Y, aunque sólo fuera por los más de 2.000 electores/elegibles que había allí reunidos, es lógico entender que se pregunte el P. Rafael Higueras “¿Quién, cuándo y cómo se hacía el escrutinio?” de los 374.000 nombres posibles (había que escoger a 16 miembros para cada comisión) para constituir las 10 comisiones. Pero, ciertamente, se pudo hacer el escrutinio y el 4 de noviembre de 1962 se firmo el acta del mismo: habían sido elegidos 160 miembros de las comisiones a razón de 16 por cada una de las 10.

Empezaba, entonces, el trabajo de discusión y aprobación de los documentos propuestos.

En lo referido al esquema de la Liturgia, el 23 de octubre de 1963 “se concluyeron las intervenciones sobre el esquema de Liturgia en general y tras una viso de Mons. Felici, se comienza en ese mismo día a estudiar capítulo por capítulo” (p. 65), habiendo terminado, con la votación del 18 de noviembre del mismo año, la aprobación del capítulo I, siendo aprobados el resto de capítulos ( II al VII) en la etapa posterior y habiendo promulgado, Juan XXIII, el texto definitivo el 4 de diciembre de 1963 aunque luego, el 5 de marzo de 1964 se constituyó un “Consilium, presidido por el Cardenal Cercano, para aplicar la Constitución sobre la Liturgia” (p. 96).

Por otra parte, se presentaba en el Aula Conciliar, el 14 de noviembre de 1962 el esquema sobre las “Fuentes de la Revelación” y se constituía la Comisión mixta que reelaboraría “el esquema de Revelatione” (p. 120) pues, lógicamente, a pocos días de finalizar la primera etapa del Concilio (el 8 de diciembre, como hemos dicho arriba) tan sólo se pudo, digamos, presentar tal esquema y dejar, para momentos posteriores, el estudio y aprobación de la misma.

Como era lógico, en el Concilio Vaticano II (que tenía, entre otros objetivos, estudiar la situación de la Iglesia Católica en el mundo) los Medios de Comunicación Social (MMCCSS) tenían que ocupar una parcela importante del tiempo del mismo. Por eso, el que sería “Decreto sobre los medios de comunicación social” (Inter mirifica) si bien fuera presentado “con el rango de Constitución” (p. 124) y pasara de una extensión de 42 páginas a una de 8, fue aprobado el 4 de diciembre de 1963, mismo día de aprobación de la Constitución sobre la Liturgia, con un resultado de 2.131 votos a favor y 164 en contra.

A este respecto, el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, tuvo mucho interés por conocer al respecto de este Decreto porque, como periodista, ya había escrito sobre la situación de los MMCCSS católicos que en el mundo, entonces, había. Por eso, tuvo que sentir gran gozo cuandoMon. Brizgys, obispo coadjutor de Kaunas (Lietuva) dijera que “No es bueno que la Iglesia se dedique a condenar. Si miramos la Historia de la Iglesia es un honor para Ella, saber que primero se preocupó de abrir escuelas; hoy también la Iglesia debe usar de estas ‘nuevas escuelas’ para el anuncio del Evangelio” (p. 129).

Por otra parte, la cuestión de la unión con los cristianos no podía quedar al margen de la celebración del Concilio. Así, el esquema “Ut unum sint” fue presentado en esta fase del mismo y definitivamente aprobado, con el título de “Unitatis redintegratio”, el 21 de noviembre de 1964 (3ª etapa del Concilio Vaticano II). Pero ahora sólo pudo presentarse, por cuestión de tiempo, el citado esquema.

También se presentó (el 1 de diciembre de 1962) el esquema de “Ecclesia” pues se consideraba que, con el tiempo, sería el “centro y principal tema del Vaticano II” (p. 159). Quedaba, entonces, una semana para la finalización de esta primera fase del Concilio y poco más se podía hacer al respecto.

Y con eso finalizó, en el 8 de diciembre de aquel 1962, la primera fase del Concilio.

Por mi parte, recomiendo la lectura de este libro para conocer los muchos detalles particulares que aquí no han podido traerse. Conocer lo nuestro siempre ha sido fundamental para tener conciencia de lo que somos.

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Artículo original en este enlace
Este artículo ha sido incorporado al Dossier de prensa digital que pusimos en marcha el pasado 05/09/2012, celebrando el Aniversario de bautismo de Lolo.

Puedes consultar dicho Dossier desde este enlace.
Eleuterio Fernández Guzmán, 23/01/2013