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El Salm贸n, primer turista

EL SALM脫N, PRIMER TURISTA
de los mares en primavera

DURANTE TRES A脩OS, LA ANGUILA REALIZA UN VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO

Al partir de Am茅rica, el arenque navega como poliz贸n, aprovechando las profundas corrientes de los mares

Manuel Lozano Garrido
Diario 鈥淵a鈥, 30 de mayo de 1963

El autor de este art铆culo lleva dieciocho a帽os inm贸vil en su sill贸n de ruedas, aquejado de par谩lisis, soportando con entereza su enfermedad y agradeciendo a sus amigos la sangre que le dan para poder seguir viviendo; ha escrito dos libros: "El sill贸n de ruedas" y "Dios habla todos los d铆as". En ambos infunde esperanza y 谩nimo a los que, como 茅l, se encuentran postrados en lecho del dolor.

En estos d铆as en que el alba estira la luz, sobre los andenes se va haciendo familiar esa estampa de hombre que junto al saco de lona pasea nostalgias de r铆os que es el pescador. El noble mensaje de la primavera tiene en las ca帽as una l铆nea de postes diminutos por la que fluye su m谩s leal servicio de comunicaci贸n. El hombre del anzuelo y el sedal es el m谩s bello alegato de ese pan espiritual de quietud que tambi茅n exige el alma. De las riberas se vuelve cada d铆a un poco m谩s ganado para el silencio y tambi茅n m谩s enriquecido en el coraz贸n.

M谩s de noventa mil son las licencias de pesca que cada a帽o se expiden en nuestra Patria, lo que quiere decir que noventa millares de hombres se ponen en pie de paz cuando a principios de marzo suena ese clar铆n que es el levantamiento de la veda, para ir recogiendo en los zapatos el polvo de los ensue帽os.

SU MAJESTAD EL SALM脫N

Y, sin embargo, uno se pregunta: 驴qu茅 tiene, o qu茅 pasa en la primavera, para esta movilizaci贸n masiva del anzuelo, el libro y la tortilla de patatas?

No Interrogu茅is a bocajarro a un pescador y doradle bien la p铆ldora. Reverencialmente os hablar谩 del salm贸n; del salm贸n, s铆, que es el monarca que se corona de plata, el Neptuno de los r铆os, el gran 鈥渞outier鈥 de las carreteras liquidas, el Marco Polo anfibio, ese chorro de delicias que el mar transfunde a la tierra por las venas anchas de los grandes y caudalosos afluentes. En realidad, cuando el salm贸n hace uso de su pasaporte, se puede decir que ha llegado el equinoccio viajero para todos los habitantes del agua. Una sed inexplicable de horizontes se le pone en las agallas con la misma fuerza que a un joven los fur煤nculos de primavera. Pero, adem谩s, la gente del mundo sumergido todo lo hace en grande. Dice de viajar, y 隆ea!, nada de escapaditas de Isidro o navegaci贸n solitaria; todos a la mar, que aqu铆 son los r铆os, mientras en la saca queda el cartel de "Cerrado por vacaciones"; la misma ansia de vida y de multiplicaci贸n que en el hombre penetra cuanto se activa sobre la tierra. La superaci贸n de todo es, en suma, como un inmenso acorde de esperanza.

Lo que el animal puede y hace cuando le llega la hora de la multiplicaci贸n es un misterio de energ铆a y de asombro, que s贸lo se alcanza dentro de los planes de Dios, metidos en las estructuras de la especie.

UN POLIZ脫N LLAMADO ARENQUE

A toda la clase de especie que vive bajo las aguas cabe clasificarla en habitantes de agua salada y de dulce, de mar o de r铆o. El mundo mar铆timo se supone unas condiciones de las que dif铆cilmente prescinden sus moradores. Las m谩s importantes son la salinidad, la presi贸n y la uniformidad de temperaturas. De hecho son 茅stos los principios que coartan el turismo de los peces. Se hacen a un grado ambiente y con dificultad lo abandonan, aunque, naturalmente, se den las excepciones, como en el caso del tibur贸n, que ha llegado a internarse hasta el lago de Nicaragua.

Sin embargo, como se da el caso de que a una misma profundidad la temperatura se ampl铆a de un modo horizontal, cabe el desplazamiento sin salirse de la norma. Este es el caso, entre otros, del arenque y la anguila, que utilizan para sus fines la energ铆a y la direcci贸n de las profundas corrientes de los mares. Apenas si necesitan esfuerzo por su parte; o sea, que viajan de poliz贸n.

Los arenques parten de Am茅rica, navegan en grandes cardumes y cruzan el Atl谩ntico a favor de la corriente superior, para dar al fin con las costas escandinavas. Durante tres a帽os se quedan en pleno desarrollo, para desplazarse a la postre como un millar y medio de kil贸metros al Sur, donde realizan el desove, y ya se dejan pescar.

LA ANGUILA, CAMPEONA DE DISTANCIA

Con todo, la anguila bate la plusmarca de los arenques. Son como los pioneros del mar en aguas continentales. Su infiltraci贸n es tan aguda, que durante mucho tiempo ha llegado a desconcertar a los naturalistas. Se la ve铆a con tal abundancia en r铆os, acequias y hasta en pozos artesianos, que se la crey贸 como de agua dulce. La investigaci贸n ha levantado el tel贸n que ocultaba una haza帽a maravillosa.

En realidad, la anguila nace en las profundidades de las costas americanas -propiamente en las Antillas- y, cuando le llega el imperativo de la especie, hace que se remonten sus generaciones m谩s j贸venes hasta dar con la corriente de Gulf Stream, donde se abandonan l谩nguidamente en un periplo de placer que dura tres a帽os, durante el cual se va completando su organismo. Cuando ya alcanzan los arrecifes de Europa, enfilan contracorriente el cauce de los r铆os. Lo hacen en imponente enjambreado hasta millones de unidades. Dato curioso: la penetraci贸n s贸lo la realizan las hembras, qued谩ndose el sexo fuerte en la bocana de los r铆os.

FECUNDAS SOLO EN EL MAR

鈥e gusta a los "gourmet" de restaurante. 驴?

Las hembras pueden crecer hasta unos cent铆metros de longitud y duplicarse el macho. Una vez en el interior, empieza la atomizaci贸n de afluentes, riachuelos y charcas, hasta llegar a ese milagro de capilaridad que son los pozos subterr谩neos. Ya en la meta, viven hasta diez a帽os sin desplazarse, pero la cabra tira al monte. La anguila tensa entonces la morri帽a y nota la necesidad del regreso. Sus hijos, ay, deben nacer en la terri帽a. Biol贸gicamente, esto se traduce en que la fecundidad s贸lo es posible en el mar. Un buen d铆a, el pez se hace a la hermosa aventura del hallazgo de su maternidad. Las nupcias se cumplen en la desembocadura, donde aguardan los futuros pap谩s. La luna de miel cubre esa ruta de sal que es el oc茅ano infinito y, al fin, la vieja tierra antillana destrenza esa canci贸n de cuna que es la melod铆a de las olas. El cielo y la misi贸n se ha cumplido con el desove.

AUPA EL SALM脫N

驴Verdad que es hermosa toda esta peripecia? Y, sin embargo, amigos, a uno le toca ahora engalanar los instrumentos del reportaje. Todav铆a nos queda el n煤mero bomba, ese ejercicio que se reserva para la hora estelar, cuando se encienden los focos y la m煤sica afina para la entrada del divo. Ya est谩 sobre la arena ese m谩ximo equilibrista que es el salm贸n, el campe贸n del esfuerzo, esa moraleja viva del encajar los dientes y embestir contra las dificultades para dar cauce a la norma del destino. Con, sus casi gemelas, las truchas constituye el movimiento m谩s apasionante del mundo sumergido.

Si los salmones se hicieran el carnet de identidad, en 茅l ver铆amos que tienen fijada la residencia en los grandes mares. All铆 vive a cuerpo de rey. Come camarones, anguilas o arenques y engorda o echa grasas a placer, como los cerditos cuando se acerca el tiempo de San Ant贸n. No les falta m谩s que el talonario de cheques y el habano. Un buen d铆a, el buen animal siente el deber de reproducirse y, hala, se va a la costa y explora la desembocadura de los r铆os. Cuando su servicio meteorol贸gico le sirve una buena informaci贸n, que es siempre en primavera, entra en el cauce y se remonta r铆o adentro. Navega de noche y dormita de d铆a en cualquier estuario improvisado. Desde ahora ya todo es tensi贸n de m煤sculos, tenacidad y obediencia a la llamada del destino. Con 茅l no cuenta la merienda de viaje; mientras navega no come y su organismo se nutre de las reservas acumuladas, contrae las fauces y el est贸mago y hasta el apetito se le retira.

Cuando, despu茅s de consumir tantos kil贸metros, llega al final presenta un aspecto terror铆fico, con el cuerpo delgado y la cabeza voluminosa. Es la 茅poca del celo. En la meta, el instinto le hace libar fieras batallas para conquistar el 鈥渟铆鈥 nupcial.

UNA IMPRESIONANTE CARRERA DE OBST脕CULOS

La buena de la hembra empieza, por fin, el desove. Para ello elige el fondo arenisco de una corriente caudalosa, pero muy clara. Se tumba de costado sobre la arena y se mueve como un serrucho para abrir zanja finalmente. All铆 deposita los huevos a raz贸n de dos mil por kilo de peso, y luego, 隆ea!, a echar tierra encima con la ayuda del maridito, hasta que hacen un mont贸n de un metro de altura. Misi贸n cumplida; ellos se separan y vuelven solos a los oc茅anos. Al cabo de los meses le seguir谩n los nuevos alevines, que tienen una configuraci贸n tan diversa que durante muchos a帽os han venido desconcertando a los naturalistas. Y as铆, otra vez a lo del puro y los camarones.

Pero el camino del salm贸n no es tan f谩cil como relatarlo. Los remansos, los pedruscos y los gigantescos saltos hidr谩ulicos hacen de su carrera una impresionante marcha de obst谩culos. Buenos son los salmones para las dificultades鈥 Dan saltos de tres y cuatro metros y, si es un pared贸n de cemento lo que les amuralla, brincar谩n decenas y cientos de veces hasta coronar la cima por etapas.

LA CARPA Y LOS NI脩OS

La versi贸n japonesa del salm贸n se llama carpa. Pa铆s profundamente sensitivo ha sabido captar toda la simbolog铆a de la epopeya animal para ofrec茅rsela a su Juventud. Un buen d铆a de primavera, todos los tejados se empavesan de gallardetes multicolores. Cada banderita es el emblema de un ni帽o, y en ella se imprime anchamente la imagen de la carpa. Cada alev铆n de hombre con ojos rasgados sabe as铆 de la carrera de obst谩culos que es la vida, pero tambi茅n del br铆o del coraz贸n que da el triunfo.

LA PERCA, UN ESCALATORRES

La perca trepadora vive en corrientes de r铆os que llegan, incluso, hasta la desecaci贸n. Cuando esto ocurre y la perca se queda sin agua, no cabe otro remedio que el de la emigraci贸n. Pero 驴c贸mo respirar铆a un pez fuera del agua? 驴C贸mo desplazarse por la tierra? Soluci贸n: las mismas agallas le hacen de dep贸sito de aire del que extraen ox铆geno.

La marcha terrestre la hacen de noche. En esos casos de apuro sube a los 谩rboles y liba de las hojas. Hasta se la ha llegado a ver bajo un sol inmisericorde.

El verdadero navegante clandestino es la desavenencia. Generaciones y generaciones habit贸 en esa gran pecera que es el mar Negro. Pero en una buena o mala hora se la vio aparecer en Inglaterra; luego, en las costas b谩lticas, y ya no pare de contar. Hab铆a navegado adherida al costado de los buques, y su raz贸n no era otra que la de la superpoblaci贸n.

Y aqu铆 ponemos punto final al reportaje de ese cosmos l铆quido que forma como un abecedario para deletrearle al hombre las altas razones de su destino.

Beato Manuel Lozano Garrido, 15/07/2016