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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Los corazones de las madres son como terrones de azúcar que sorben la gracia llovida del cielo»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Escrito de Lolo sobre el bautismo

Lolo escribió El bautismo es un sacerdocio con chaqueta, refiriéndose al sacerdocio universal del pueblo de Dios; y esto era en los años incluso anteriores al Concilio.

Luego, en 1961, preparó un libro, (aún inédito) con la aprobación del Obispado, titulado Las siete vidas del hombre de la calle. Este libro son unos reportajes sobre cada uno de los 7 sacramentos.

Coincidiendo con el cumpleaños de bautismo de Lolo (5 de septiembre de 1920), compartimos con todos vosotros un extracto del capítulo primero sobre el Bautismo.


En esta pila bautismal fue bautizado Lolo, en la iglesia Santa Mª de Linares, el 5 de septiembre de 1920
La cosa empezó apenas como una reivindicación y ha acabado haciéndome sudar como una Reválida. Entre los míos, yo siempre he tenido fama de ser "la intelectual" de la casa, tal vez porque nunca se me diera mal la triquiñuela del aprobado. El caso es que, aun siendo la mayor, a fuerza de aguantar los "empollona", "tragalibros" y otras lindezas me he ganado a pulso la exención o vía libre en las obligaciones domésticas. En contrapeso, estas cosillas le ayudan a una a vivir la propia vida.

Papá, que me llama "La Carpa" porque dice que siempre voy contracorriente, apoya su argumento en que ya de primeras yo tuve la cabezonada de venir al mundo atropellando su aspiración de una familia con el nombre de los doce apóstoles en cada uno de sus hijos, como si las mujeres no tuviéramos también derecho a los privilegios. Y la verdad es que los sucesos han venido a darme la razón. Se lo recordé ayer y por poco se cae de la escalera. Fue así:

Habían traído el retrato de Miryam, la chiquirritina que apenas cuenta con cinco días. El, entonces, con los nervios y la impaciencia de completar la obra, me llevó hasta el reloj de pared del cuarto de estar y, bajo la X y los dos palitos de las doce, untó el pegamín y colocó la cabeza de su última hija. La manecilla de las horas -él- estaba detenida sobre mis trenzas de colegiala, en tanto que mamá -el minutero- acariciaba con más prisa la pelambre revuelta de Andrés -las IX-. Papá, que rebosaba la apoteósis del deseo cumplido, dijo, mientras me alargaba el tubo de pegamento: "Por fin, los doce". A mí se me encrespó el bruto y me atreví con esta trastada, que luego me obligaría a humillarme: "Sí, papá, doce: seis varones... pero también seis Marías; lo que prueba que, a su vez, nosotras fuimos elegidas". He de aclarar que la media docena de chicas tenemos antepuesto el nombre de la Reina de los Apóstoles.


Cuando a Miryam le echaron el agua, lo primero que hice fue mirarle mucho a los ojos. Y no tenía cataratas. Los abría mucho, mucho, aún con el susto del frío.

MEDALLAS Y NIÑOS

El tío Gonzalo ha apadrinado a Miryam con las charreteras y la vistosidad de su uniforme. Cuando salíamos, como es tan cumplido, su afán era ir colocando a los amyores en los taxis e, incluso, si era necesario, pensaba volver a pie. Cuando más ceremonioso estaba con Dª Consuelo, una panda de chicos divisaron las medallas y, sin más, se fueron a la carga con el "eche usted dinero". Aturdido, nervioso, dejó a la señora en el uso de la palabra y, sin dudarlo, se fué al volante y, pulsando el acelerador, llegamos a la casa bien pronto, sin novedad.

En realidad, el Bautismo tiene todas las características de un viaje. Apenas se nos constituye cristianos, para nosotros empieza la navegación por el ancho mar de la existencia, siempre enfilando el norte de la vida eterna, a la que se transborda con la muerte. El día bautismal por antonomasia es el de la solemnidad del Sábado Santo. Pascua, precisamente, significa eso: Paso, el perigrinaje del pueblo de Dios hacia la tierra de promisión. Los días del cristiano han de tener, en lo sucesivo, tentativas e intento de zozobra. Todo un navegar de años estará acechado por la catástrofe. Es por eso por lo que la Iglesia consolida al hombre y pone en sus manos los recursos de perseverancia. La cruz y los sacramentos son signos infalibles de victoria. con el cirio que ultima el rito, crepita también la llama de una fe que lleva invariablemente a la salvación.

MOROS Y CRISTIANOS

Cuando he entrado en casa, he dicho a mamá la frase de ritual: "Me la diste mora y te la devuelvo cristiana". Ella, entonces, la besó muy despacio y con los ojos bien brillantes. Ahora ya, su brote natural de vida es todo un fruto santificado por Dios.

Manuel Lozano Garrido, Lolo, 05/09/2013