Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Da gracias al ángel que clavó en tu frente el lucero de la verdad y lo bruñe a todas horas»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Lolo estuvo en Ávila... y se quedó.

Crónica de la Jornada Mundial del Enfermo 2011 en Ávila.

Esta noche he soñado con LOLO. No reconozco muy bien el lugar en el que estábamos. Lo que sí recuerdo es que cuando Lolo me vio y me dirigió un saludo muy amable: ¡bienvenido amor!, es así de galán este caballero. Luego me tomó de la mano y me dijo que íbamos a hacer reportajes sobre la cumbre, donde Dios habla todos los días. Mi sueño era profundo, debía estar muy entrada la noche, porque las estrellas se ven de noche y eran de una gran claridad. Su luz me dejó divisar desde lo alto el árbol desnudo que adorna la plaza en la que vivo. Su sabia, ahora invernando, circulará con vigor la próxima primavera. Lolo, para auparme a su altura, ha dejado a mi puerta el sillón de ruedas. Desde arriba veo también cómo las golondrinas han puesto su nido entre mi tejado y el canalón que recoge las aguas de la lluvia, y es que, las golondrinas nunca saben la hora en que él volverá para posarse en su hombro. Estábamos frente a frente, corazón a corazón, y a modo de mesa redonda con Dios, Lolo me fue narrando, como si estuviese contando cuentos en la sostenido, lo que ha visto con los ojos de su alma y lo que ha sentido en su corazón, ahora tan cercano al corazón de Dios cuando estuvo en Ávila. Mientras lo escuchaba me parecía que me estaba leyendo su última carta con la señal de la cruz. Esto me dijo:

“Me he sentido muy a gusto estos últimos meses en Ávila. Parece como si aquella lluvia copiosa del último doce de junio te hubiese calado hasta el fondo del alma cuando yo te encargué: moja con esta agua de Dios a la Pastoral de la Salud, con la promesa de estar a tu lado. Aquel día S.S. Benedicto XVI dijo públicamente que la Iglesia me reconocía como Beato. Al Cardenal Amato le sonreí diciendo que mi alegría había sido colmada cuando mi nombre fue escrito en el Reino de los Cielos.

Y nos pusimos manos a la obra. ¿Recuerdas?, empezamos regalando mis libros, haciendo vano una y otra vez tu empeño en tener definitivamente la colección de mi obra literaria. Jóvenes, enfermos, maestros, médicos, periodistas… ninguno de ellos tomó como natural el título del libro con el que yo me acercaba a su vida; todos se sorprendieron con el deseo de conocerme.

Después tuvo lugar algo muy original, me lo pasé muy bien cuando los visitadores y visitadoras de enfermos recibieron, a modo de una Revista del Corazón, la de “Iglesia en Jaén” con todo lo referido a mi Beatificación. Miraban con curiosidad las fotos del LOLO joven y rebosante de salud, su cara cambiaba cuando pasando de hoja se encontraban con el LOLO enfermo, mi rostro les hablaba de un hombre sumergido en un mar de dolores y sufrimientos, la mayoría de ellos se sintieron abrumados y derrumbados al advertir en las imágenes la ceguera de mis ojos, el deterioro de mi cuerpo, la invalidez de mis brazos y la rigidez y parálisis de mis piernas. Al verlos así, me apresuré a decirles al oído del corazón que entonces y ahora veo profundamente, abrazo fuerte y mis piernas revolotean como alas que les suben hasta Dios.

Esto les animó a ponerse a todos de acuerdo, llamar a otros amigos, meterme casi en andas con ellos en la Parroquia de Santo Tomás. Fue una tarde fantástica, un encuentro de amigos. Se afanaron en fotocopiar algunas páginas de mi libro “Las estrellas se ven de noche”, lo comentaron, y se encontraron con el LOLO que yo quería, con el hombre de fe, de buen humor, de amor a la vida y a su vocación de escritor y periodista. Poco a poco me fueron metiendo en su corazón y yo compensé su acogida en el frío de aquel templo, calentando sus vidas por dentro. Me resultó muy fácil conducirlos hacia Jesús. Terminó la tarde con un gran banquete, la Eucaristía.

Apenas pasaron unos días y volví otra tarde con ellos. Llevaron a unos pocos más. Fuimos a un lugar que no me resultó desconocido, un santuario del sufrimiento que se conoce con el nombre de Hospital Nuestra Señora de Sonsoles. María siempre solícita para el hombre que sufre.

¡Ah! me tenían guardada una grata sorpresa, habían llevado para presentarme a un gran amigo, uno de los míos, un paisano linarense, José María Moreno. Él se manifestaba orgulloso de mí, y yo me sentía feliz con él porque me iba situando con amor en mi Linares natal, con la gente de mi pueblo, con mi parroquia, en mi entorno. ¡Lo felices que hubiesen estado en aquel Salón de Actos Lucy y Expecta, mis hermanas, o D. Rafael, o tantos y tantos amigos que permanecen cercanos en mi corazón mientras contemplo eternamente a Dios en el cielo!

Al tiempo que José María hablaba, yo iba reconociendo en aquellos que presidían la mesa a médicos que entienden el vocablo del dolor, la enfermedad, el sufrimiento, a pesar de que hoy estén dedicados a la gestión pública de la Salud. Junto a ellos otros profesionales sanitarios entregados al servicio de los enfermos. Al Sr. Obispo, D. Jesús, lo llamaban Pastor, con agrado le fui recordando el nombre de las ovejas débiles y enfermas de su diócesis abulense. He reconocido fácilmente a mis compañeros de la ONCE, acaricié a Coda, el perro guía de Fernando, Coda se levantó, pero inmediatamente recibió, de forma cariñosa, la orden de mantenerse tranquilo; Fernando no había percibido que él correspondía gentilmente a mi saludo. Yo no tuve perro guía, pero tuve muchos ángeles que custodiaron con amor, a modo de humildes cirineos, cada día de mi enfermedad.

José María, muy atentamente y como buen profesor, me fue advirtiendo de otras presencias con sus palabras: “Es razonable que los periodistas reclamen la faceta de comunicador cristiano e impulsor del uso de los medios de comunicación social, en la evangelización que tuvo LOLO. Es lógico que la ONCE reclame su protagonismo, pues uno de los suyos acaba de ser señalado como ejemplo por la Iglesia. Los miembros de la FRATER vean en LOLO el discapacitado que supo hacer verdad aquello de que no hay vidas, sino personas desdichadas. Es necesario que, del mismo modo los jóvenes perciban en él, el ejemplo permanente de una vida consagrada a las verdades del Evangelio. También aciertan los grupos de la Acción Católica cuando reivindican a LOLO como el ejemplo de los tremendos beneficios que, en el camino de la salvación nos ofrecen los ideales del movimiento y de cómo el camino de formación y el estilo de vida cristiana que encierra la Acción Católica, nos puede hacer santos. Puede estar igualmente de enhorabuena la Iglesia, LOLO fue un hombre de Iglesia, de la Iglesia local, de la parroquia, de activo movimiento apostolar con sus amigos, con sus vecinos en el compromiso del día a día, en la familia, en sus amigos sacerdotes”.

Parecía que todo llegaba a su fin, pero no, había previsto un fin de fiesta, la celebración de la Eucaristía. Habían puesto un poquito de mí sobre el Altar, siempre cerca de Jesús para ser testigo del Misterio Eucarístico en el que vuelve a entregarse al hombre en forma de Pan y Vino.

No me olvidaré, llevaré a Dios Padre, lo que cada uno me dijo al besar mi reliquia.

Mañana, al despertar,  recordarás esta conversación conmigo mientras yo retomo las palabras de José María cuando decía: “Lolo es el protagonista de la Jornada Mundial del Enfermo porque aceptó su camino como designio de Dios y supo interpretar qué papel se encerraba detrás de sus sufrimientos. LOLO, que reconoció el dolor, lo superó y lo ofrece, percibe el valor comunitario del sufrimiento y plasma sus valores en el CREDO DEL SUFRIMIENTO” ¿Quién habrá enseñado a un profesor de Derecho la teología que encierra este misterio?

Tú no despiertes todavía, antes, renueva conmigo este CREDO.

CREO en el sufrimiento como una elección…
CREO que el sacrificio es un telegrama a Dios, con respuesta de gracia.
CREO en la misión redentora del sufrimiento…
CREO en la función útil de la soledad.
CREO que la inutilidad física revierte en provecho espiritual de todos.
DARÉ a Dios los panes y los peces de mi corazón para que él los convierta en milagro de salvación para todos”

Marisol Carpintero Estévez, directora del Secretariado de Pastoral Sanitaria del Obispado de Ávila
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Puedes leer el Credo del Sufrimiento completo con presentación power point y videoclip en este enlace

www.amigosdelolo.com, 20/02/2011