Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«El Creador se puso a ver dónde depositaría su corazón al venir a la tierra y eligió a una madre»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

La espiritualidad orante, en el dolor, de Lolo

«El dolor es como una espuela, que levanta y, aquel que se pone de pie, vuelve a estar nuevamente cerca del Cielo, de cara a la realidad del Padre.»
(Reportajes desde la cumbre)

Eleuterio Fernández Guzmán
Revista Signo, nº 57; (pags. 14-20)

Que el Padre Dios ama mucho a su descendencia lo demuestra el hecho de que escoge, de entre sus hijos, a un puñado de los mismos para que sean ejemplo de hasta dónde se puede llegar teniendo en cuenta lo que supone saber que se tiene una filiación divina y que, por tanto, el Creador es nuestro Padre.

Nosotros, hijos de Dios como somos, sabemos que nuestro Creador nunca nos abandona pero no alcanzamos a comprender hasta qué punto ama a su descendencia ni qué puede significar, en nuestra vida y para nuestra existencia, que siempre esté esperando la llamada de nuestro corazón al suyo. Por eso nos relacionamos con el Padre a través de la oración cuando somos capaces de bajarnos de nuestro egoísmo y lo miramos con humildad y con mansedumbre.

Por otra parte, es cierto que a lo largo de nuestra vida no siempre todo va a ser de color de rosa sino que, con casi toda seguridad, el sufrimiento nos atenazará y múltiples causas nos abocarán a preguntarnos acerca del mismo cuando no a rechazarlo abiertamente sin obtener provecho alguno de tales momentos.

Pues bien, como hemos dicho arriba, hay personas, creyentes, hermanos en la fe, que muestran que lo son con hechos y, muchas veces, también con palabras. Uno de ellos es Manuel Lozano Garrido, más conocido como «Lolo», Beato de la Iglesia católica desde el 12 de junio de 2010.

Lolo era muy joven cuando sintió que la fe le atraía con una fuerza que no podía resistir y que, es más, no quería oponerse a que Dios lo llamase a según qué deberes y según qué quehaceres.

A cualquier persona que no tuviera un buen fondo espiritual y no tuviera la cabeza, como suele decirse, bien amueblada a base de principios eternos, la cosa se le hubiera hecho muy cuesta arriba. Es más, pocas personas podrían manifestar un ser tan opuesto a lo que se sufre (que era mucho en el caso de Lolo) y parecer que, al contrario, se lleva una vida totalmente sana de cuerpo a la vista de quien quiera verlo.

Lolo, un hombre de oración

Decir esto pudiera parecer algo que podría estar de más, pues es de pensar que un creyente es persona de oración. Sin embargo, si conocemos (como son más que conocidas) sus circunstancias personales y cómo, a este respecto, se desenvolvió en la vida, nos acercaremos a comprender cómo era Lolo si hablamos de su ser, su persona y el hecho mismo de orar. Por eso, acerca de tal verdad, deja escrito en «Mesa redonda con Dios» que:

La plegaria es, pues, como una segunda Encarnación, de vuelta; como una semilla de hombre que se hace raíz en el Belén del corazón de Dios y allí se nutre de su vitalidad. Rezar es la gran panacea contra el vértigo y la problemática de nuestra hora y, como la oración va al hilo de los pasos de los hombres, he aquí que por entre las hileras de rascacielos se abren camino esas plataformas rodantes que son las almas con posibilidad de oración. Ni el ascensor, ni la escalerilla del avión, ni el paraninfo, ni los supermercados dejan de tener la oportunidad de un penacho divino que busca todas las frentes que se alzan con nobleza.

Sabía, por tanto, que orar, en su vida, era algo más, mucho más, que un acto de voluntad tendente a ser escuchado por Dios. Y lo era porque quería manifestarle al Creador que su existencia la estaba gozando muy a pesar de sus múltiples acaecimientos dolorosos. Por eso dice (en «Cartas con la señal de la cruz») que:

Para mí, el misterio más sublime y doloroso es el Getsemaní. En tus momentos de desánimo di mucho que «sí», sólo «sí». Esfuérzate en desechar los pensamientos tristes y ya verás cómo en medio de tu tribulación, aunque no se desaparezca, has de empezar a sentir al fondo un algo que anima y conforta: es la alegría de la aceptación, el consuelo de la fe.

Artículo original en este enlace
Este artículo ha sido incorporado al Dossier de prensa digital que pusimos en marcha el pasado 05/09/2012, celebrando el Aniversario de bautismo de Lolo.

Puedes consultar dicho Dossier desde este enlace.
www.sacerdosethostia.wordpress.com, 10/08/2015