Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Habla siempre, Madre Iglesia, y aún con energías, que tú nunca hieres porque tu voz es dulce e inocente como la de un niño»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Día de la prensa, los que trabajan para mí

Pienso que el diario que  hojeo, mientras voy desayunando, es como un fruto de la cordialidad y la servidumbre oculta de otros hombres para conmigo. Anoche, mientras uno se fumaba el último pitillo, ya hubo seres que dejaron las zapatillas y los hijos para teclear en la agencia o en una redacción. Luego, otros muchos han compuesto, se mancharon de tinta o velaron en las rotativas tan sólo para mí. Y aún de madrugada, todavía sin despertar, los repartidores corrían por las aceras para ser puntuales a la cita.

Decididamente, es muy útil leer el periódico temprano. Luego se va al trabajo y se siente como si nos hubieran acercado un tanto más al corazón de las criaturas que esperan el tranvía, las que van a prisa o se rozan en el despacho. Porque a diario es como un ser venerable que nos abre los ojos y nos adentra en el mundo para amarlo. “¿Ves éste? – nos dice-: ha delinquido; tenemos que ayudarlo. Y a este otro sabio estarle agradecido por el mal que te evita. A aquel lo compadeces porque se le ha muerto un hijo. Agradece a Dios los regadíos o las nuevas cosechas, que son dones que Él da.”

Cuando ya se termina la lectura nos sentimos estrella o meteoro del gran cosmos humano, latido poderoso del corazón del mundo. Los hombres seremos más o menos reservados, pero todos dialogamos sin trabas con las criaturas que hay al fondo de lo escrito. Nos desagradarán los gestos o la voz de un compañero de tertulia; pero, si él luego escribe,  le oiremos con la misma atención que a un sabio en un pupitre. Y siempre encontraremos que con cada lectura somos enriquecidos de algún modo.

Bajo cada periódico se esconde un alfarero. Somos pan que se amasa en manos del que escribe. Con las teclas de máquina se puede hacer un santo, un héroe, un genio o unos seres humildes, alegrar en un llanto o armar una esperanza, hacer que no se odie y también que se ame, remediar una lacra y crear más hermanos.

Pero también con tinta se forjan asesinos, ladrones, avarientos, tiranos, lujuriosos, cobardes y deicidas;  se manchan los hogares, se desbaratan casas, se azuzan a los hombres como si fueran perros, se enloda, se destruye, se usurpa  y se calumnia. Un cerebro averiado desde unas columnas es como un cataclismo que conmociona al mundo. El periodista es camo una antorcha en alto. También como un aljibe, de fango o de agua viva.

Por eso, en esta hora en que leo y reflexiono, yo también quiero devolver, con mi leve oración, el beneficio de los que me han servido.

(Vida Nueva nº323)

Beato Manuel Lozano Garrido, 24/01/2011