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Monumento, sí; pero, a la vez, consolidemos su obra

Manuel Lozano Garrido
Revista “LINARES” nº 15, septiembre 1952

En distintos artículos aparecidos en esta Revista, se ha expuesto, y concretado en un monumento, la necesidad de un homenaje a los, por tantos títulos insignes, bienhechores de la ciudad, Excmos. Marqueses de Linares.

Sin pretender obstaculizar una idea que goza del refrendo popular, y que para hacerse tangible no necesita más que el paso al frente de un hombre decidido, quiero desgranar algunas consideraciones que no creo particulares, sino que desde hace tiempo laten en el sentir unánime de la ciudad.

El monumento, como homenaje principal o único a los fundadores del Hospital, no expresa sino fragmentariamente la obligada y factible gratitud de Linares para con los autores de nuestra más benéfica Institución. Es más: como manifestación exclusiva, no sólo sale de la voluntad de los Marqueses, sino que prolonga la inestabilidad actual de la línea humanitaria que ellos nos legaron, con el deseo de que fuera sólidamente perpetuada. Y si el primer obstáculo no tiene más resistencia que la natural modestia de sus autores (que en este caso debe ser allanada) coronar el monumento (dejando la obra del Hospital a punto de derrumbarse), sería una injusticia rayana en lo sarcástico.

Hace un año, “Cruzada” publicó un reportaje de Sánchez Caballero, titulado “El Hospital se nos hunde”, en el que se planteaba la precaria situación por la que entonces atravesaba, y en el que a la vez insertaba unas interesantísimas declaraciones de la Superiora de dicho Establecimiento. Como entonces no se rectificara esta anomalía, actualmente las circunstancias no han variado lo más mínimo. Por eso creo del caso reproducir algunos párrafos:
“…Hemos continuado interrogándole.

  • Pero, según creemos, los Sres. Marqueses dejaron unas rentas para estas necesidades. ¿No es así?
  • Los Marqueses dejaron un capital cuyas rentas producen anualmente 48.000 ptas. Esto, hace quince o veinte años, era suficiente para costear la estancia de 25 enfermos y atender los gastos generales; pero hoy, en que la renta es la misma y el valor de la moneda es tan bajo, las 48.000 ptas. se van en pagar al personal médico sus honorarios y en las cargas sociales y jornales que hay que abonar también al personal subalterno.
  • ¿Cuáles son las necesidades más urgentes que desearían ver remediadas?

Sor Ramona ha comenzado a contarnos “cosas”. Un rosario interminable de necesidades, de estrecheces, de problemas, de falta de ayuda por quienes más obligados están a hacerlo.”
     -      ¡Si los Marqueses levantaran la cabeza!

Hasta aquí el reportaje de Sánchez Caballero. Larga la cita, pero no menos oportuna y enjundiosa. ¡Con sólo 48.000 ptas. anuales, que apenas si satisfacen su necesidad de nómina, se mantiene la polifacética labor cristiana del Hospital de Linares! Cuando los precios de lo necesario y hasta de lo superfluo tienen su normalidad en lo fabuloso; cuando el perfeccionamiento científico reclama instrumental ultramoderno y medicaciones costosas; cuando al amparo de las estrecheces pasadas se centuplican los casos de enfermedades a tratar, el Patronato realiza el milagro de ofrecer continuamente a los linarenses los servicios pulcros del Hospital, su caridad desbordante y sus disponibilidades heroicas. ¿No es esto sublimemente paradójico?

Y lo triste del hecho es que por el “que no se entere tu mano izquierda de lo que haga tu derecha” de unos, o por sabe Dios qué causas de los otros, las necesidades del Hospital permanecen ignoradas a la mayoría que huye las complicaciones, fiada en que discurren normalmente y que, de ser necesaria, será requerida en el momento oportuno. Y eso, no. Estas vicisitudes hay que vivirlas y remediarlas en afán comunitario, como se viven y remedian las necesidades de la madre anciana. Hasta hay que llegar al mimo y al regalo, como se mima y regala a la novia bonita, que un día no lejano ha de compartir y cauterizar nuestros sufrimientos. Por eso, todos debemos rivalizar por hacer de este Establecimiento la casa más suntuosa de la ciudad, en la que no falte la última conquista de la Medicina. Al frente, nuestro Municipio, como representante legal de los intereses ciudadanos; aumentando y haciendo más frecuentes sus aportaciones periódicas; recabando ayudas estatales; procurando auxilios extraordinarios, como corridas de beneficencia, conciertos, etc. etc.; zanjando las necesidades científicas; surtiendo la farmacia para que el antibiótico sea ordinariamente lo que es hoy el jarabe y el papelillo. Después, todos los linarenses; sacrificando mucho lo superfluo y contribuyendo con más generosidad. ¿Por qué no crear la “Asociación de Bienhechores del Hospital”, con cotizaciones mensuales tanto individuales como colectivas?

Esto, sabiamente encauzado, sí que sería decisivamente popular y un digno homenaje a los Marqueses de Linares. Pero hay que poner manos a la obra. ¿Es que Linares no tiene hoy un hombre que se decida a colocarse al frente de una Comisión pro-consolidación del Hospital y homenaje a los Marqueses de Linares?

Dice Miomandre que a los hombres de acción se les conmemora con estatuas, y a los de pensamiento con la edición de sus obras. De acción fueron los Marqueses de Linares. Por eso es muy justa la idea de corporeizar un monumento. Pero también, y principalmente, fueron figuras de pensamiento, de espiritual y caritativo pensamiento. De aquí que la primacía de este homenaje deberíamos cifrarla en la fidelidad y consolidación de su pensamiento. Porque ¿no sería la consolidación del Hospital lo más indicado para honrar a quienes consagraron su vida al Hospital?

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Lolo, periodista Santo
(Blog de ReligionEnLibertad.com)
Manuel Lozano Garrido, Lolo, 29/10/2013