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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
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- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Misa todo el d铆a

MISA TODO EL D脥A

Oraciones de un Enfermo Misionero

Manuel Lozano Garrido
Enfermos misioneros n潞 60; octubre 1962

He le铆do que cada d铆a se celebran en el mundo unas 209.000 Misas, lo que quiere decir que cada golpecito que da el reloj se corresponde en el cielo con m谩s de dos repeticiones del escalofriante sacrificio del Calvario.

La humanidad tiene raz贸n al pensar en un amanecer con los limpios colores de la esperanza.

Pero la Misa tiene a la par un nuevo y sorprendente 谩ngulo de milagro: el de nuestra necesaria y fundamental participaci贸n. El valor y la 鈥榙ivinizaci贸n鈥 de nuestra ofrenda es un maravilloso testimonio de la ternura de Dios, capaz de tenernos siempre con la piel de gallina del escalofr铆o. No s茅 qu茅 tendr谩 el dolor, pero lo que si noto es que el sufrimiento de Cristo es como una cerbatana que se dispara hacia el cielo y, por el vac铆o que deja, colamos valiosamente el nuestro.

De cara a la pasi贸n de Cristo, a sus duras gotas de sudor bajo los olivares, a sus densos chorros de sangre desde la Cruz, a sus ca铆das, golpes y salivazos, codo a codo, con su voluntad de hermano, quiero aupar tambi茅n a lo largo de las veinticuatro horas del d铆a el peque帽o tesoro de dolor que hay en mi carne y en mi esp铆ritu, para que Cristo lo remonte hasta las alturas y desde all铆 se desparrame, purificador, por el mundo como una lluvia de salvaci贸n milagreada por su Gracia.

8 de la ma帽ana: El primer rayo de Sol.

Acaba de pasar por entre los postigos mal cerrados y viene a repicar en mis p谩rpados con un timbre de luces. Yo estoy en la cama como una raya bien hecha sobre las s谩banas. Por la derecha me viene la luz perpendicularmente, como tambi茅n por la izquierda me llega la voz del panadero o la del que vende uvas o melocotones.

F铆jate, Se帽or: sobre la cama de una habitaci贸n de cualquier piso del mundo, el amanecer sorprende la limpia estampa de una cruz. Ahora mismo, con las veinticuatro horas inciertas y temblorosas por delante. La subo hasta mi frente y pienso que es una cruz de confluencias. De servicios y de generosidad. De un lado, T煤, con tu resplandeciente y limpia claridad, con ese lenguaje de luces que garantiza a mis ojos entumecidos el chorro de Gracia por todo el d铆a; de otro, el af谩n y el sudor de los hombres que trabajan para m铆; que amasaron tenazmente a lo largo de la noche o regaron los 谩rboles para ser pan de cada d铆a sobre mi mantel. Aqu铆 y ahora mismo. Con la reverencia en el coraz贸n hacia el sagrario de enfrente1 me a煤po y planto el alma de rodillas para clavar en el pre谩mbulo del reloj una palabra de gratitud. Gracias, mi Se帽or, por este regalo de generosidad al alim贸n: de Ti y de los hombres.

9 de la ma帽ana: La limpieza

Es una gloria ver ya este pavimento que luce como los chorros del agua. Me gusta verlo as铆, mientras la toalla va pasando a su vez por la frente, la mejilla y la boca. Es grata esa sensaci贸n de cerrar los p谩rpados y abrirlos despu茅s de haber frotado tercamente a lo largo de las pesta帽as. Parece como si las pupilas se contagiaran tambi茅n de la hermosa transparencia del agua de la palangana.

A las nueve de la ma帽ana de este d铆a que apenas se estrena, te adelanto con prisa mi deseo de ir recreando los sucesos y las peripecias de cada minuto con una airosa bandera de esperanza: que mis ojos sean tambi茅n claros, serenos y transparentes para ver los hechos y las criaturas, a la luz de aquel mediod铆a de gloria en que T煤 las modelabas con ternura. Porque diste testimonio de amor, yo creo聽 ahora fervorosamente en la bondad de las gentes.

11 de la ma帽ana: La visita del m茅dico.

El m茅dico ha tenido hoy un deseo especial de reconocerme a fondo. Me ha puesto el term贸metro, auscult贸 los bronquios y tambi茅n se detuvo en el coraz贸n.聽 Quiso a su vez tomarme la tensi贸n, y cuando me iba ci帽endo el brazalete, yo le segu铆a con curiosidad. Lo聽 infl贸 por 煤ltimo y yo dir铆a que entonces notaba los borbotones al pulsar la vena sobre el codo. Despu茅s tir贸 de bol铆grafo y los nombres de los medicamentos sal铆an seguros, como quien est谩 mirando a alguien en la cara y sabe que tiene orejas.

"Conozco del maravilloso antibi贸tico o las hidr谩cidas que son la oraci贸n y el sacrificio"

Me ha gustado, Se帽or, este modo de conocer mis males de ra铆z. Desde aqu铆, entre cuatro paredes y pensando en el mundo, a uno se le pueden ir los juicios por los caminos opuestos del tremendismo o la superficialidad. Ahora, con mucho sol en los cielos para ver exactamente, tiro de todas las realidades y peripecias del universo para ahondar en su origen y ver de aplicarles la parte buena de mi peque帽o tesoro personal. S茅 que en una zona, que en el mapa pintan de colores y que se llaman Malasia, Kenya o Patagonia, hay miles de criaturas con cavernas de incredulidad o ignorancia en el alma como sin ir mas lejos tambi茅n se rozan conmigo en la conversaci贸n. Pero a su vez conozco del maravilloso antibi贸tico o las hidr谩cidas que son la oraci贸n y el sacrificio. Cada cuenta de mi rosario, cada lamento enrejado tras los dientes. Cada paseo que ya nunca podr茅聽 dar de por vida, yo los pongo en vilo sobre los tejados como el m谩s infalible de los medicamentos. Si no por m铆, por el tesoro que nos conquistaste, creo rabiosamente en el poder milagroso de la oraci贸n y la ofrenda.

12 del mediod铆a: La inyecci贸n

Vino Vicente a pinchar: cuatro clases de vitaminas, el Cortivister para la tensi贸n聽 y el Edemox para la inflamaci贸n de los tobillos, si alguno quiere abarcar mi brazo con su mano, hace pulsera y hasta le sobra una falange. Con las piernas, poco m谩s o menos. Por eso, Vicente, el hombre, para que no se le rompan, tiene que pinchar con gruesas agujas y tambi茅n a c谩mara lenta. Vaya, que aqu铆 no hay paliativos para el dolor. El sufrimiento hace acto de presencia en este instante rompiendo y da帽ando, como el 聽cami贸n que arremete contra un muro. La realidad la tengo en un 谩ngulo que descarna pero ma帽ana o pasado me notar茅 con m谩s gl贸bulos y tambi茅n con una fortaleza que triunfa sobre los desmayos.

"El dolor, mi radical e intenso dolor, lo acepto hoy con alegr铆a, con esperanza"

El dolor, ya en su l铆nea de presencia, lo tengo tambi茅n aqu铆 con un latido de promesa, como un dialogo de esperanza. Uno devora 聽los placeres, y el ego铆smo le ciega la ruina que est谩 metiendo en el alma de los hombres, como el viajero que lleva el c贸lera morbo pegado al malet铆n. El dolor, mi radical e intenso dolor, lo acepto hoy con alegr铆a, con esperanza, como un hombre que se pone a la lente de un microscopio, examina un campo repleto de bacilos y luego arroja un cultivo de hongos y va聽 siguiendo la escabechina con alborozo. Mis inyecciones, el forzoso paladeo de las mismas medicinas, la herida candente de la soledad, los pongo en el tubo de ensayo de tus manos para que cicatricen las llagas de los hombres sin luces y los corazones de cart贸n-piedra.

3 de la tarde: El reposo

La cruz, la aut茅ntica, esa tuya de Judea, no ten铆a barniz ni superficies cuidadas, como las que cuelgan de las paredes de las iglesias y las casas. Era eso: como el tronco de pino con costra, que ara帽a cuando nos echamos en 茅l en la tarde de campo. Tus espaldas, ya se sabe, como el hierro por el que pasa una lima de esas gordas, de devastar. Por eso hoy noto una tremenda verg眉enza al hablar de cruz desde una tumbona o sobre un colch贸n 鈥榝lex鈥. Pero T煤 eres as铆 de m谩gico y no sufr铆as solo para hombres con t煤nica y barbita.

Tu Cruz est谩 viva sobre las terrazas de nuestros sanatorios para glorias y triunfo de las criaturas de siempre. Si un turista de tu tiempo hubiera entrado en Jerusal茅n en la tarde del Viernes Santo, pensar铆a que eras un Chessman del mont贸n en la c谩mara de gas. Aparentemente aquello era vulgar, como lo son nuestras camas alineadas, nuestras perspectivas detr谩s de los cristales, nuestro forzado recluir tras las lindes de una habitaci贸n. Porque T煤 lo quieres, yo soy tambi茅n un crucificado, un ajusticiado que colabora en la redenci贸n del mundo con una novela de Agatha Cristie sobre las s谩banas, para seguirte a su vez en lo de las paradojas. Bueno, porque T煤 lo deseas, vamos a seguir por este deslumbrante y glorioso camino de las contrariedades aparentes. Mira, te veo en la Cruz, bien atornilladito, como un beb茅 ce帽ido por la cintura a la sillita de paseo, para que no se mueva, totalmente in煤til, y as铆 me veo yo tambi茅n detr谩s de los cristales, sin poder teclear a m谩quina o manejar unas tenazas, y doy fe de la fuerza transformante del NO de nuestra carne que se enfila por un camino de Gracia. Donde los tejidos y la sangre dicen que NO, yo siento que es que S脥.

Que NO gritan mi ruina f铆sica, mi impotencia, mi terca quietud, mi 谩spera soledad, el tenaz corrosivo de las posturas inc贸modas; pero S脥, contestan los corazones que, como correspondencia, se ponen en marcha en un mundo lejano o esos hombres de Dios cuyos brazos fatigosos sienten de pronto una extra帽a sacudida de fortaleza. En esta hora de pensamientos, te ofrezco ilusionadamente toda esa din谩mica de salvaci贸n que brota de mi laxitud curativa.

6 de la tarde: La fiebre

Anteayer, 38.7; ayer, 38.5; ahora, 38.6. La gr谩fica, as铆, como unas monta帽as rusas. 驴Que tendr谩, Se帽or, la fiebre para esta ansia, este voraz deseo de comunicaci贸n, este ardor que busca la yesca de las criaturas para correr como el incendio de un bosque en verano?

T煤 tambi茅n eres un Dios con fiebre, con fiebre de amor, que es la buena. Nos miras a las criaturas y a la par tienes el mercurio hasta arriba en el term贸metro del coraz贸n. Yo, mi Cristo, no me quejo, sino que te pido, la fiebre de las entra帽as. El mundo es como una gigantesca canalizaci贸n de venas y arterias por la que circula tu Sangre. En cualquiera de esos r铆os lanzo hoy a navegar el leve cascaron de mis ansias de amor por los hermanos para que siga como una boya tras la estela de tu nave. 隆Mira que mi fuego de amor no se atrinchere como un canario en su jaula, sino que se multiplique por todos los lugares como un fuego de ternura, de caridad y de bienaventuranza!

9 de la noche: en tinieblas

Vaya para media hora que mi hermana apag贸 la luz, se fue y ya todo es negro en mi alrededor. Esta tarde, cuando el crep煤sculo empez贸 a desmelenarse por detr谩s de los cristales yo empec茅 a notar una vaga congoja en el coraz贸n. Y es que los atardeceres son como un morir de la naturaleza que nos arrastra un poco en su agon铆a. Ahora no veo nada, ni siguiera el vaso de agua, o el libro, pero yo s茅 que est谩n ah铆 y, si alargara mi mano, habr铆a de sentir el fino tacto de sus superficies. As铆 tambi茅n con su realidad y el seguro fruto de nuestra cosecha.

A Ti no te vemos ni tampoco a las criaturas que salvamos, porque un d铆a dos personas intentaron contra la fe, apenas mordisqueando una manzana. Desde entonces hay que creer sin ver para pagar con fe la correspondencia. Por eso yo mismo, en medio de la densa oscuridad, quiero sentirme聽 鈥榓nti-Tom谩s鈥 y te digo:

"Creo, Se帽or en el poder misionero de las manos que no tocan y de las pupilas que no ven y junto a los parpados somnolientos, yo reclino mi seguridad en una cosecha de fe en los hombres de todas las razas."
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[1] Alude a la ubicaci贸n de su casa y habitaci贸n entonces: frente por frente de la capilla del sagrario de Sta. Mar铆a de Linares. (Nota del editor).
Beato Manuel Lozano Garrido, 22/02/2013