Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«El deseo del bien es una luciérnaga siempre viva en el corazón»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Premios Lolo de Periodismo Joven

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Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Peladillas de feria

Manuel Lozano Garrido
Diario Jaén (sf)

Prendió su ilusión del marco de la ventana y se la eligieron como cartel de Feria.

Salió el Gigante y dijo:

-“Soy el rey. Todo lo veo y domino desde lo alto”.

Y suspiró la Giganta y dijo:

-“Pero los niños son dueños de las estrellas”.


El cabezudo es mellizo de ese hombre infatuado que, si se golpeara la frente con la vejiga que le hincha su propia vanidad, sonaría a hueco de calabaza.


Fantoches se ven siempre, pero lo bueno de la Feria es que quema y elimina pronto lo suyo.


Le hicieron gazpacho de vestido de faralaes, capote a la barrera y montura a la grupa, y ella supo aliñarlo con la sal de su corazón.


-“¿A dónde vas?”.

-“¡A los toros!”.

-“¿De dónde vienes?”.

-“No vengo, sino que me quedo en el arte de saber dar chicuelinas a la vida”.


Al abrirse el chiquero: “¡Aaah!”.

Al citar a la red: “¡Eeeh!”.

Con los “gans” de la charlotada: “¡Hip, hip!”.

Redondeándose la faena: “¡Ooh!”.

Al golpe de un metisaca: “¡Huff!”.


Cuando empieza la Feria, ya no hay forasteros, sino que todos se hacen ciudadanos de la alegría.


La Feria expone 70.000 cuadros, pero sólo cuelga los 40 que le inmortalizan el arte y la belleza.


Yo acerté a ver, por Feria, aquel viejo cine mudo de la Plaza del Ayuntamiento, con sus figuras que se quedaban inesperadamente quietas al subir al vagón.

Maquinista de entonces: ¿por qué no detienes hoy también la vida cuando estallan los fuegos y nuestras caras, echadas para atrás, se bañan de azul, de rojo, de verde y de amarillo?


La Feria es como un Cursillo Acelerado de Optimismo que apenas dura cinco días, empieza por los palotes de la sonrisa y acaba con la metafísica lección de orientar esperanzadamente la  vida.


- Y ¿qué ha de ser cuando se apaguen las luces de la Feria?”.
- “Nos quedan las más altas y permanentes de las estrellas”.


- “Ese anillo que lleva es una joya”.

“¡Pero si lo compró en el serrín…!”.

- “No importa, porque el pago lo hizo con toda la fortuna de su ilusión.


“La alegría íntima nuestra de cada día, dánosla hoy”.


Prueba tu brazo en el cañoncito de la fuerza, pero también el temple de tu alma en la tolerancia y la simpatía.


Las lamitas de los carburos de los vendedores de avellanas hacen de llorones a la Feria que muere.


El único festejo que no figura en el programa es la Batalla de Flores que todos libran con la rosa de la sonrisa de sus labios.


“¡Que buen slogan para una vida!”, vivir siempre como a la espera de la música de la gran diana final.


Los hombres, como los farolillos: algo de luz propia que irradia con brillo de alegres colores.


El quid está en que cada uno le quite a su traca el trueno gordo del orgullo, para que así le queden para el año 360 cohetes de satisfacciones humildes.

El turrón, “souvenir” de la Feria.- “Eso, eso; para que así nos queden muy dulces los recuerdos.

Beato Manuel Lozano Garrido, 15/04/2018