Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Da gracias al ángel que clavó en tu frente el lucero de la verdad y lo bruñe a todas horas»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Ese río de vida que se llama Periódico

Con la rapidez, la información ha ganado en veracidad y altura. El católico debe utilizarla como una mano evangélica que se tiende.
El "New York Herald Tribune" va a lanzar una edición para Europa, que se imprimirá simultáneamente en París mediante el empleo de un cerebro electrónico, incluso se dará el caso paradójico de que las noticias verán la luz aquí con cinco horas de adelanto por la diferencia horaria.
 
Un nuevo paso gigante ha sido dado por el "New York Herald" en el brioso camino de la moderna información. Aun con todo lo sorprendente de la noticia, hay algo, no obstante, por lo que todavía más puede enorgullecerse el periodismo: la conquista de la fe del público, conseguida durante los últimos años línea a línea, a fuerza de objetividad, esfuerzo, palpitación y espíritu veraz.
 
Entre el lector de hace medio siglo y el actual, media esa diferencia­ción tan ancha y profunda como es la que va de la mera lectura sin preocupa­ción, como simple divertimento, al empleo del diario como manantial nutritivo de la mente y el corazón.
 
GLOBOS DE NOTICIA
Hace unos años murió un viejo vendedor de periódicos que fue conocido como Juanillo "el embustero". En realidad, Juanillo no era sino el último eslabón de una cadena de informaciones inseguras que nacían al pie de un teléfono, con receptor de palabras oscuras, ruidosas e indescifrables. Si el atraso de la técnica valió para avivar la mente y el ingenio de aquellos periodistas, no ocurrió lo mismo con la raíz trascendente de su misión. Su tarea tuvo la contrapartida de la pérdida de veracidad. Tres palabras, por ejemplo, "Lugo", "incendio" y "daños" bastaban para "hinchar el perro" de una amplia y meticulosa información que se completaba con el pregón sensacionalista del vendedor.
 
PODER DE LO VIVO
Por el contrario, hoy se ha llegado a hacer arte y virtud del uso y el servicio de la noticia. Cuando un hecho se produce, llega inmediatamente hasta el lector con toda la frescura y el vigor de su autenticidad. Es así que la vida, en lo que tiene de real y palpitante, mantiene cada mañana su propio ritmo y su mismo interés junto a una taza de desayuno.
 
El hombre de nuestro tiempo, a quien tan esencial le es la vida de relación, ha acabado por darse a la verdad del periodismo a fuerza de irle comprobando una limpia servidumbre. Pero el "milagro" no tiene otro secreto que la palabra "verdad" en la raíz. Desde que nace, el hombre se mueve por un instinto de persecución de la verdad y por otro de convivencia. El periódico inicia su aproximación por el poder de la letra impresa. Y es que un hombre toma la pluma por algo que trasciende y lo merece. Escribir es un suceso que tiene un no sé qué de solemnidad y de rito. Por eso, el que lo hace, cuenta con un principio de sinceridad por su parte y de comprensión en quien se dirige; crédito que ha de mantenerse si quiere permanecer siempre en la lealtad.
 
Pero a la vez ocurre que el diario o la revista satisfacen la imperiosa necesidad de conocimiento y de sabiduría en el hombre. Si en una época pudo hablarse, despectivamente, de una "cultura de periódico", la variedad, la amplitud y el fondo de la noticia o las informaciones constituyen un bagaje de secretos y actos desconocidos que apoyan el progreso de la civilización. Un periodista participa ahora de la misma misión cotidiana que un profesor universitario o un científico.
 
Y más aún: galeradas y fotograbados sirven cada día de un modo vigoroso la bella o áspera historia de cada momento, procesionando ante los ojos el mensaje y la lección de la vida contemporánea.
 
Esto así, a nadie puede extrañar el maravilloso y terrible poder de la prensa, una criatura puede llegar a presumir de haber pasado por la vida acorazada a todos los afectos y sentimientos, pero no se irá de aquí sin llevarse la influencia de un periódico. Preguntadle, si no, y cuando opine de Fondizzi o el estado de las carreteras, de una droga o la desmilitarización de Berlín, le veréis que asoman las orejas de las noticias que le hicieron permea­ble. Si alguien lee, ya podemos decir que estuvo de rodillas y su alma permaneció, al menos, una media hora de par en par.
 
LA VIDA NO ES NEUTRAL
Y es que la meditación del periódico va más allá de lo que puede dar de sí el desglose esquemático de sus columnas. A una noticia, por ejemplo, se le exige ya que cumpla siete funciones. Son las famosas siete w que encabezan en inglés sus palabras significativas: el qué (what), el quién (wno), el cuándo (when), el dónde (where), el cómo (how) y el porqué (whv).
 
Si es así, hemos de reconocer que la noticia, al acentuarse sus características reales, se hace imposible de ser manipulada por manos neutras y necesita su magisterio, como también hemos de usarlo en la interpretación de la vida que nos rodea. Cada uno de nosotros somos blanco de unas peripecias cotidianas cuya verdad necesitamos. La razón que empezamos a usar a los siete años, es un manantial continuo de definiciones. Jamás se dará un alguien marginal y aséptico, porque a todos los hombres nos responsabilizan nuestros deberes para con Dios, la sociedad y el mundo en que vivimos. Por eso, el periodismo, como elemento de servidumbre de la criatura, nunca podrá ser enrolado bajo una bandera sin ideología, por inhumano, y de aquí también que la fidelidad católica, por verdadera, tenga que estar necesariamente en la raíz de toda información que se precie de auténtica y sincera.
 
EL MEJOR "HINCHA"
Es curioso que a nadie se le imputará una visión tan certera y profunda del cometido de la prensa como al hombre que se sienta hoy en la silla de Pedro. Juan XXIII hizo algo medular de su fervor y de su vida con ese magistral instrumento de edificación humana y social que es el periodismo confeso. Se ha confesado periodista, intercesor también diario de los periodistas ante Dios y consejero amante y laborioso de los hombres que van con la pluma en ristre por todos los lugares del mundo. Cada vez que hablaba a los informado­res, su verbo se hizo copioso de luz, de estímulo y de limpias exigencias para con los periodistas. Sus palabras quedaron para siempre como letras de oro de una misión intrépidamente ennoblecida. En sus discursos se plasmó y se remontó el más limpio código que puede exigirse la persona que piensa en la tinta como medio para canalizar su amor a los hombres.
 
El fulgor, la raíz nutritiva y la sustancia de calidad en los pulpitos, las cátedras y los manantiales de consejo, son entorchados que colgó del periodismo cuando lo definía como «uno de los medios más poderosos de que se puede servir la palabra de Dios para llegar a las casas, para hacerse comprender y amar».
 
La importancia crucial del periódico católico, el sentido de responsabili­dad que ha de saturar al apóstol de la pluma, el encadenamiento de todos a estos fines, el contenido informador, el concepto de opinión pública, la urgencia de extender la verdad y, en fin, tantos principios fundamentales, pocas veces podrán ser captados, alentados e imbuidos de espíritu de fe. «En un mundo donde las técnicas modernas de difusión dan a un número de personas cada vez mayor el conocimiento de sucesos de todas clases que se verifican en el universo, es importante que católicos competentes tomen parte en semejante esfuerzo informativo. Es grave lo que está en juego porque se trata del formidable poder de formar la opinión pública, cuyo influjo es tan grande en el desarrollo de los acontecimientos. Pero ¿cómo podrían los lectores juzgar los hechos referidos sino basándose en la versión que se les propone y muchas veces en la interpretación que se les da y que ya por sí misma está pidiendo la aprobación de los hechos o despertando la reserva? ¿Y cómo podría llegar a conocer aquellos hechos que se les ocultan o que les fueran insuficientemente referidos?».
 
Así piensa el Cristo Visible en la tierra del más poderoso instrumento de civilización. Sus palabras son demasiado rotundas para andarse con evasivas. Y hay que ver que su dardo no apunta sólo al mundo de la tinta. El católico nunca puede quedar reducido a una pasividad para con su prensa. Hasta al más incapaz le es posible una oración, una ayuda y unas frases que difunden.  Es la misma tierra que necesita la semilla para germinar y hacerse espiga.
Beato Manuel Lozano Garrido, 07/07/2009