Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Demolerán ya la casa en que naciste, por inservible, y aún tu alma estará con la juventud de un niño acabado de nacer»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Libro inédito de Lolo: Prólogo

Hasta ahora mismo, el libro «Las siete vidas del hombre de la calle» de Manuel Lozano Garrido, Lolo, Beato de la Iglesia católica, era inédito. No se supo nada de él hasta que subió a la Casa del Padre Luci, hermana, samaritana, ojos y manos de su autor.

Las razones últimas de que en su día, 1960, no fuera publicado quedarán para siempre en el misterio que rige muchas veces en la vida de los hombres. Pero la Santa Providencia de Dios ha querido que puedan tener en sus manos estas páginas que son verdadera luz, al puro estilo de Lolo.

El tema es verdaderamente sugerente: los Sacramentos, 7, en relación directa con la vida ordinaria del ser humano, con sus cuitas y alegrías, con aquello que determina una existencia que tanto tiene que ver con las cosas de Dios, con aquello que nos define como hijos del Todopoderoso. Así lo dice en la dedicatoria:

A José María Pérez Lozano

A tu hermoso ángulo de hombre de la calle, con oficinas, tranvías, facturas y medicamentos.

Al espíritu de aceptación y ofrenda por el que vives estas cosas como un ‘sacramental’”.

A nadie, después de conocer a Lolo, puede extrañar ni el vocabulario utilizado ni el tema escogido. Sin embargo, a quien, por primera vez tenga un libro del Beato de Linares en sus manos y lea lo que en su día dejó escrito para siempre, conocerá de primera mano el sentir y el ser de un hermano suyo, de alguien que supo plasmar, en unas páginas dadas ahora a la luz, lo que es aceptar la naturaleza divina del ser humano y, sobre todo, la relación directa que mantiene y ha de mantener con Dios Padre.

Cuando el que esto escribe, amigo de Lolo desde que conoció su existencia, le encomendó el P. Rafael Higueras Álamo, a la sazón más amigo del Beato y postulador de su causa de canonización, escribir el Prólogo de este libro no conocido, pensó que  había recibido una gracia de parte de Dios. Y no es esto exagerado sino reflejo de lo que la lectura del mismo ha supuesto porque otros muchos,  mucho más puestos en esta clase de temas, han escrito Prólogos para los nueve libros que escribió Lolo.

Pero ¿Qué son “Las siete vidas del hombre de la calle”?

En general, son lo que nos pasa a cada uno de nosotros. Es más, como dice su autor en el capítulo dedicado al Bautismo “Ni sensacionalismo ni trabalenguas: lo que puede un Sacramento”. No obstante, Cristo, con la institución de los Sacramentos, nos ha procurado una unión fina pero crucial con el Padre Misericordioso. Y eso es lo que nos muestra Lolo con cada uno de estos instrumentos espirituales.

Nos dice, a tal respecto, justo al comienzo de la Segunda Parte, esto:

Los Sacramentos son:

-Siete chorros de agua clara que bañan, purifican y ennoblecen nuestro corazón;

-Siete acequias de Gracia que nos devuelven a la tersa blancura de un alma infantil;

-Siete músculos en activo que proveen de energías para barrer las piedras del camino;

-Siete pares de alas que nos crecen súbitamente y dejan en toda nuestra naturaleza la emoción y el presentimiento de un vuelo.

Así, son lo que nos llena, lo que nos lleva, lo que nos otorga fuerza o, en fin, lo que nos acerca a Dios. Por eso tienen tanto que ver con el diario vivir de los hijos del Creador.

Este libro del Beato Lolo, cuyo Nihil obstat está fechado el 20 de diciembre de 1960, fue revisado por su autor, seguramente, en 1962, porque en el capítulo dedicado al Orden Sacerdotal hay un apartado de título “Cristo 1962” lo cual, lógicamente, tuvo que suponer un cambio al respecto del original. De todas formas, como decimos arriba, no se llegó a publicar;  de aquí el interés que tiene para todo lector espiritual que conozca la obra de Manuel Lozano Garrido o para quien, no conociéndola, quiera tomar este texto como punto de partida. 

El caso es que “Las siete vidas del hombre de la calle” tiene lo que tiene un libro que trata al hombre con relación directa a Dios a través de lo que ha establecido el Todopoderoso en beneficio de su descendencia. Por eso dice muy al principio que “un hombre es, ante todo, una semilla del cielo, cierta criatura promocionada a una vida superior, feliz y eterna, con el amor de Dios como destinatario”. Y por eso el destinatario de los Sacramentos, y su reflejo en el hombre de la calle, el ordinario, el común, cualquiera que debería ser así considerado, es el mismo hombre. Y por eso cada uno de ellos tiene su ser en el diario vivir. 

Sobre lo último que acabamos de decir, sobre lo que suponen los Sacramentos, nos dice, por ejemplo, refiriéndose al Bautismo, que “Algo nace en el agua”. Y es que “donde el agua recrece y agiganta su destino creador de vida es cuando se escancia sobre la cabeza de un hombre con una clara intención santificante.” Y eso es el Bautismo para los hijos de Dios. 

Pero es que el Beato Manuel Lozano Garrido, a lo largo de las páginas del libro que ahora presentamos, nos habla de la Confirmación como “La acción del Espíritu es como una plenitud e, incluso, como una superación divinizada de nuestra capacidad afectiva: la gracia, el ‘ángel’, todo junto y desbordado. Oímos un latido y es nuestro latido, pero con un ‘no sé qué’ que es de Dios.” 

Y así se van repasando cada uno de los Sacramentos y poniéndolos en relación con el hombre común, con el ser humano creado por Dios a su imagen y semejanza. Por eso se refiere así a la Santa Eucaristía: “Lo que del mundo sube es un olor suave y delicioso que se remonta desde las aldeas, las calles asfaltadas y las junglas para dar en el olfato de Dios como una ambrosía; la fórmula te la doy -apenas con dos mayúsculas- para las palabras Carne y Sangre”; o, también, cómo “un ángel leve ha empezado a nacer en el meollo de la confesión”, al escribir sobre la Penitencia. Y, al hacerlo sobre la Unción de enfermos (llamada por él, por el lenguaje de la época, “Extremaunción” pero corregido tal término por el actual por él mismo a lo largo del libro) dice que  “El Sacramento de los enfermos es un arrollador recurso de fe donde las palabras “salud” y “gracia” centellean como un anuncio de la deslumbrante inminencia del milagro.” Incluso nos relata, hora a hora, cómo recibió él mismo la Unción de enfermos en una ocasión. 

Y se refiere con enorme cariño al Sacramento del Orden Sacerdotal concretándolo, como no puede ser de otra forma, en los sacerdotes, de los que dice: “Y eso sois vosotros: los ‘hacedores’ de Dios, los gerentes de su fortuna, unos que viviendo nuestra propia naturaleza están comandados en el área sobrenatural, promocionados a una órbita divina desde la que encauzan el venero de la gracia hasta sus hermanos de sangre.” Y en el del Matrimonio incluye unas cartas entre dos prometidos, Carmen y Julio, en las que se dice, por ejemplo, esto (Julio): “pero lo escalofriante es cuando uno se descubre protagonista de los planes de Dios y ve en el matrimonio el marchamo de un deseo de participación en su portentosa obra creadora”, a lo que responde Carmen:  “Hablando del matrimonio, el corazón de Dios se hace jugoso, frutal, y se desborda en piropos sobre toda la literatura inspirada: el cielo es una boda, la Iglesia la esposa, la mística un enlace con Dios…” 

Por cierto, que estas epístolas entre los dos prometidos son un verdadero tesoro espiritual porque no podemos decir otra cosa de esto que dice Julio: “Cada vez que se habla del enlace de dos criaturas yo encendería un reclamo con esta palabra: SACRAMENTO. ¿Por qué se nos olvida esta esencia sacramental del matrimonio, esa realidad de instrumento sensible usado por Dios como vehículo de gracias sobrenaturales? Nunca podremos agradecer a Cristo lo suficiente el privilegio de su primer milagro, anticipándose con ansiedad para restaurar al matrimonio.” 

Lo apenas dicho es algo, muy poco, de lo que contiene la primera parte de “Las siete vidas del hombre de la calle”. Pero tiene, como ya hemos dicho al principio de este Prólogo, una Segunda Parte en la que concreta cómo vivir los Sacramentos. Además, digamos que escribe, a modo de concreción de la vida sacramental del hombre de la calle. Y, a modo de diario, de un solo día porque lo titula “Veinticuatro horas de rodillas”, relata el Beato Lolo la vivencia ordinaria de alguien. Y ese alguien podría ser cualquiera de nosotros, sometidos a las vicisitudes de la vida común que nos ha tocado vivir. 

Pero entre los quehaceres y los problemas que pueden surgirnos al encuentro siempre encuentra Manuel Lozano Garrido un asidero espiritual al que aferrarse, sobre el que poder sobrenadar las inconveniencias que nos acaecen. Y es a través de la oración, de la que dice que es “un camino de devolución de la visita de Dios” o que es “una conexión entre la entraña de Dios y la entraña de los hombres”. También que “es el manantial de la ligereza, el seguro de la consolación, el amanecer de la esperanza” o que es “como el pan de cada día: uno no come y se muere; uno no reza y se va desangelando”. 

Por cierto, no se pierdan lo que, con absoluto acierto, llama “oración desvirtuada” a la que se refiere en el citado apartado “Veinticuatro horas de rodillas”. 

Y, ya, para finalizar este Prólogo, pues tampoco conviene ser pesado en este menester, cabe decir una cosa que no puede tenerse por no dicha o no recibida: aquí encontramos al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, estado puro: espiritual, profundo, fiel, místico. Ni más ni menos.”


Pues eso: apúrense y a por el libro. Estoy más que seguro que nunca se arrepentirán de tan benéfico actuar espiritual.

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Artículo original en este enlace
Eleuterio Fernández Guzmán, 05/11/2016