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PUBLICIDAD “intencionada”

Manuel Lozano Garrido
Semanario SIGNO (sf)

CINE

Querido amigo: Tengo el gusto de adjuntarte recorte de un importantísimo diario de la capital en el que se inserta reclamo de una película en términos idénticos a los que se hizo en esta ciudad a la cinta “Coacción” (caso denunciado en SIGNO). El fragmento corresponde al número 28 de noviembre, en el que, por cierto, en la tercera página precedente figura una estampa en hueco grabado del film “Mademoiselle Nitouche”, harto sugerente.

Sin pretender disculpar al empresario de acá, creo que en este caso la circunstancia es más grave por mediar la autorización del periódico y la utilización de sus páginas.

A raíz de la publicación en SIGNO del programa de mano en que se utilizaban los títulos de bigamia y chantaje para la cinta “Coacción” pude constatar ciertos hechos que me interesa poner en vuestro conocimiento. Inmediatamente de denunciarse la anomalía del acto, todas las autoridades actuaron con una actitud ejemplar. Entre ellas cabe destacar la del ministerio de información y Turismo, cuyo celo y móviles católicos debo ponderar insistentemente.

Dejando al margen el desenlace y las sanciones aplicadas, interesa relatar un hecho que quedó aparentemente claro: el origen y el trámite de esta publicidad, después, y con lo de hoy, confirmados. Normalmente, los empresarios con las películas suelen recibir de las distribuidoras un folleto en el que figura la propaganda de la cinta meticulosamente estudiada y hasta cronometrada para la utilización radiofónica. Usualmente, los empresarios toman una de las frases que entregan a la imprenta. La censura municipal abunda también en estos casos de rutinarismo y, por ambos abandonos de deberes, es como en la mayoría de los casos llega hasta el público la incitación venenosa. Ni que decir tiene que la culpabilidad se manifiesta, por la obligación en los dos de informarse; el primero maneja frases explosivas con las que, al ser elegidas, se identifica aunque sea de un modo superficial; el segundo soslaya un deber de vigilancia que es la razón de su cargo.

Pero no cabe duda que, a la hora de dirimir la supremacía de la culpabilidad, es a la mente que trazó esas frases a quién corresponde -la distribuidora-, que en el caso de referencia quedó a salvo porque sus consignas sólo circulan en la esfera del círculo relativamente reducido que es el comercial de la cinematografía.

¿Pruebas? He aquí una: aproximadamente a los quince días de la denuncia de SIGNO pude escuchar a través de Radio Sevilla, y en la emisión comercial, el mismo anuncio con idénticas palabras, que reclamaba la presencia del público para la misma película “Coacción”.

A los anteriores sucesos se agrega ahora el del fragmento de periódico que te envío. Ante él no puedo evitar las siguientes preguntas: ¿Por qué en Madrid, donde originariamente se producen no se denuncian estos hechos y sólo se hace en provincias, donde la represión es más difícil? ¿Es que no existe para las distribuidoras idéntica obligatoriedad de censura? ¿Por qué, prácticamente, están a salvo? Ahora que existen ciertas afortunadas intervenciones para la Prensa, ¿por qué se deja en libertad la propaganda cinematográfica que ha llegado a flancos extremos de pornografía declarada?

Dejo a la consideración del ministerio de Información y Turismo estas preguntas. Él, de cuya cristiana y ejemplar actividad todos tenemos pruebas, tiene aquí oportunidad de prestar un nuevo servicio a la moral cristiana y, en consecuencia, a España.

Perdona que me haya sobrepasado en la extensión de esta carta. Sólo me resta felicitaros por esa medida de subir el precio del semanario, de lo que, sin duda, ha de partir si es posible una etapa de superación y extensión hasta hacer de SIGNO el periódico de toda la juventud española.

Saludos para todos y un abrazo de tu buen amigo.

Beato Manuel Lozano Garrido, 04/04/2017