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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
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- Beato Manuel Lozano Garrido -
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LA FE NACE EN LA IGLESIA, CONDUCE A ELLA Y VIVE EN ELLA

Contin煤a la catequesis de Benedicto XVI por el A帽o de la Fe.

CIUDAD DEL VATICANO, mi茅rcoles 31 octubre 2012 (ZENIT.org).- Esta ma帽ana, en la acostumbrada Audiencia General, el santo padre Benedicto XVI se encontr贸 con los fieles y peregrinos venidos de diversas partes del mundo para escuchar sus ense帽anzas por el A帽o de la Fe. En esta oportunidad, el papa abord贸 el tema siempre actual de 鈥淟a fe de la Iglesia鈥, asegurando a los oyentes que el lugar privilegiado --sustentado por la Biblia y la Tradici贸n--, para desarrollar y madurar en la creencia de Jesucristo muerto y resucitado por la salvaci贸n del mundo, es la Iglesia. A continuaci贸n, ofrecemos a nuestro lectores el texto 铆ntegro del santo padre.

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos en nuestro camino de meditaci贸n sobre la fe cat贸lica. La semana pasada he mostrado c贸mo la fe es un don, porque es Dios quien toma la iniciativa y viene a nuestro encuentro; y as铆 la fe es una respuesta con la que lo recibimos, como un fundamento estable de nuestra vida. Es un don que transforma nuestras vidas, porque nos hace entrar en la misma visi贸n de Jes煤s, quien obra en nosotros y nos abre al amor hacia Dios y hacia los dem谩s.

Hoy me gustar铆a dar un paso m谩s en nuestra reflexi贸n, partiendo de nuevo de algunas preguntas: 驴la fe tiene solo un car谩cter personal, individual? 驴Solo me interesa a mi como persona? 驴Vivo mi fe yo solo? Por supuesto, el acto de fe es un acto eminentemente personal, que tiene lugar en lo m谩s profundo y que marca un cambio de direcci贸n, una conversi贸n personal: es mi vida que da un giro, una nueva orientaci贸n. En la liturgia del Bautismo, en el momento de las promesas, el celebrante pide manifiestar la fe cat贸lica y formula tres preguntas: 驴Crees en Dios Padre Todopoderoso? 驴Crees en Jesucristo su 煤nico Hijo? 驴Crees en el Esp铆ritu Santo? En la antig眉edad, estas preguntas eran dirigidas personalmente al que iba a ser bautizado, antes que se sumergiese tres veces en el agua. Y a煤n hoy, la respuesta es en singular: 鈥淵o creo鈥.

Pero este creer no es el resultado de mi reflexi贸n solitaria, no es el producto de mi pensamiento, sino que es el resultado de una relaci贸n, de un di谩logo en el que hay un escuchar, un recibir, y un responder; es el comunicarse con Jes煤s, el que me hace salir de mi "yo", encerrado en m铆 mismo, para abrirme al amor de Dios Padre. Es como un renacimiento en el que me descubro unido no solo a Jes煤s, sino tambi茅n a todos aquellos que han caminado y caminan por el mismo camino; y este nuevo nacimiento, que comienza con el Bautismo, contin煤a a lo largo del curso de la vida. No puedo construir mi fe personal en un di谩logo privado con Jes煤s, porque la fe me ha sido dada por Dios a trav茅s de una comunidad de creyentes que es la Iglesia, y por lo tanto me inserta en la multitud de creyentes, en una comunidad que no solo es sociol贸gica, sino que est谩 enraizada en el amor eterno de Dios, que en S铆 mismo es comuni贸n del Padre, del Hijo y del Esp铆ritu Santo, que es Amor trinitario. Nuestra fe es verdaderamente personal, solo si es a la vez comunitaria: puede ser 鈥渕i fe鈥, solo si vive y se mueve en el 鈥渘osotros鈥 de la Iglesia, solo si es nuestra fe, nuestra fe com煤n en la 煤nica Iglesia.

El domingo en la misa, rezando el 鈥淐redo鈥, nos expresamos en primera persona, pero confesamos comunitariamente la 煤nica fe de la Iglesia. Ese 鈥渃reo鈥 pronunciado individualmente, se une al de un inmenso coro en el tiempo y en el espacio, en el que todos contribuyen, por as铆 decirlo, a una polifon铆a armoniosa de la fe. El Catecismo de la Iglesia Cat贸lica lo resume de forma clara:鈥"Creer" es un acto eclesial. La fe de la Iglesia precede, engendra, conduce y alimenta nuestra fe. La Iglesia es la Madre de todos los creyentes. "Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre"[San Cipriano]鈥 (n. 181). Por lo tanto, la fe nace en la Iglesia, conduce a ella y vive en ella. Esto es importante para recordarlo.

A principios de la aventura cristiana, cuando el Esp铆ritu Santo desciende con poder sobre los disc铆pulos, en el d铆a de Pentecost茅s --como se relata en los Hechos de los Ap贸stoles (cf. 2,1-13)--, la Iglesia primitiva recibe la fuerza para llevar a cabo la misi贸n que le ha confiado el Se帽or Resucitado: difundir por todos los rincones de la tierra el Evangelio, la buena noticia del Reino de Dios, y guiar as铆 a cada hombre al encuentro con 脡l, a la fe que salva. Los Ap贸stoles superan todos los miedos en la proclamaci贸n de lo que hab铆an o铆do, visto, experimentado en persona con Jes煤s. Por el poder del Esp铆ritu Santo, comienzan a hablar en nuevas lenguas, anunciando abiertamente el misterio del que fueron testigos. En los Hechos de los Ap贸stoles, se nos relata el gran discurso que Pedro pronuncia en el d铆a de Pentecost茅s. Comienza 茅l con un pasaje del profeta Joel (3,1-5), refiri茅ndose a Jes煤s, y proclamando el n煤cleo central de la fe cristiana: Aquel que hab铆a sido acreditado ante ustedes por Dios con milagros y grandes se帽ales, fue clavado y muerto en la cruz, pero Dios lo resucit贸 de entre los muertos, constituy茅ndolo Se帽or y Cristo.

Con 茅l entramos en la salvaci贸n final anunciada por los profetas, y quien invoque su nombre ser谩 salvo (cf. Hch. 2,17-24). Al o铆r estas palabras de Pedro, muchos se sienten desafiados personalmente, interpelados, se arrepienten de sus pecados y se hacen bautizar recibiendo el don del Esp铆ritu Santo (cf. Hch. 2, 37-41). As铆 comienza el camino de la Iglesia, comunidad que lleva este anuncio en el tiempo y en el espacio, comunidad que es el Pueblo de Dios basado sobre la nueva alianza gracias a la sangre de Cristo, y cuyos miembros no pertenecen a un determinado grupo social o 茅tnico, sino que son hombres y mujeres provenientes de cada naci贸n y cultura. Es un pueblo 鈥渃at贸lico鈥, que habla lenguas nuevas, universalmente abierto a acoger a todos, m谩s all谩 de toda frontera, haciendo caer todas las barreras. Dice san Pablo: "Donde no hay griego y jud铆o; circuncisi贸n e incircuncisi贸n; b谩rbaro, escita, esclavo, libre, sino que Cristo es todo y en todos" (Col. 3,11).

La Iglesia, por tanto, desde el principio, es el lugar de la fe, el lugar de transmisi贸n de la fe, el lugar en el que, mediante el Bautismo, estamos inmersos en el Misterio Pascual de la Muerte y Resurrecci贸n de Cristo, que nos libera de la esclavitud del pecado, nos da la libertad de hijos y nos introduce a la comuni贸n con el Dios Trino. Al mismo tiempo, estamos inmersos en comuni贸n con los dem谩s hermanos y hermanas en la fe, con todo el Cuerpo de Cristo, sac谩ndonos fuera de nuestro aislamiento. El Concilio Vaticano II nos lo recuerda: 鈥淔ue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexi贸n alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente鈥 (Const. Dogm.Lumen Gentium, 9).

Al recordar la liturgia del bautismo, nos damos cuenta de que, al concluir las promesas en las que expresamos la renuncia al mal y repetimos 鈥渃reo鈥 a las verdades de la fe, el celebrante dice: 鈥淓sta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jes煤s Nuestro Se帽or鈥. La fe es una virtud teologal, dada por Dios, pero transmitida por la Iglesia a lo largo de la historia. El mismo san Pablo, escribiendo a los Corintios, afirma haberles comunicado el Evangelio que a su vez 茅l hab铆a recibido (cf. 1 Cor. 15,3).

Hay una cadena ininterrumpida de la vida de la Iglesia, de la proclamaci贸n de la Palabra de Dios, de la celebraci贸n de los sacramentos, que llega hasta nosotros y que llamamos Tradici贸n. Esta nos da la seguridad de que lo que creemos es el mensaje original de Cristo, predicado por los Ap贸stoles. El n煤cleo del anuncio primordial es el acontecimiento de la Muerte y Resurrecci贸n del Se帽or, de donde brota toda la herencia de la fe. El Concilio dice: 鈥淟a predicaci贸n apost贸lica, que est谩 expuesta de un modo especial en los libros inspirados, deb铆a conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesi贸n continua鈥 (Const. Dogm.聽Dei Verbum, 8).

Por lo tanto, si la Biblia contiene la Palabra de Dios, la Tradici贸n de la Iglesia la conserva y la transmite fielmente, para que las personas de todos los tiempos puedan acceder a sus inmensos recursos y enriquecerse con sus tesoros de gracia. Por eso la Iglesia, 鈥渆n su doctrina, en su vida y en su culto transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que ella cree鈥 (ibid.).

Por 煤ltimo, quiero destacar que es en la comunidad eclesial donde la fe personal crece y madura. Es interesante notar c贸mo en el Nuevo Testamento, la palabra 鈥渟antos鈥 se refiere a los cristianos como un todo, y por cierto no todos ten铆an las cualidades para ser declarados santos por la Iglesia. 驴Qu茅 se quer铆a indicar, pues, con este t茅rmino? El hecho es que los que ten铆an y hab铆an vivido la fe en Cristo resucitado, fueron llamados a convertirse en un punto de referencia para todos los dem谩s, poni茅ndolos as铆 en contacto con la Persona y con el Mensaje de Jes煤s, que revela el rostro del Dios vivo.

Y esto tambi茅n vale para nosotros: un cristiano que se deja guiar y formar poco a poco por la fe de la Iglesia, a pesar de sus debilidades, sus limitaciones y sus dificultades, se vuelve como una ventana abierta a la luz del Dios vivo, que recibe esta luz y la transmite al mundo. El beato Juan Pablo II en la enc铆clica聽Redemptoris Missio聽afirm贸 que 鈥渓a misi贸n renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones.聽隆La fe se fortalece d谩ndola!鈥澛(n. 2).

La tendencia, hoy generalizada, a relegar la fe al 谩mbito privado, contradice por tanto su propia naturaleza. Tenemos necesidad de la Iglesia para confirmar nuestra fe y para experimentar los dones de Dios: su Palabra, los sacramentos, el sostenimiento de la gracia y el testimonio del amor. As铆, nuestro 鈥測o鈥 en el 鈥渘osotros鈥 de la Iglesia, podr谩 percibirse, al mismo tiempo, como destinatario y protagonista de un acontecimiento que lo sobrepasa: la experiencia de la comuni贸n con Dios, que establece la comuni贸n entre las personas. En un mundo donde el individualismo parece regular las relaciones entre las personas, haci茅ndolas m谩s fr谩giles, la fe nos llama a ser Pueblo de Dios, a ser Iglesia, portadores del amor y de la comuni贸n de Dios para toda la humanidad (Cf. Const. Dogm.聽Gaudium et Spes, 1). Gracias por su atenci贸n.

Traducido del original italiano por Jos茅 Antonio Varela V.

www.zenit.org, 31/10/2012