Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundaci髇 Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático de la verdad en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«El pan y la sal de cada d铆a se llaman «NOTICIAS». El periodista es catedr谩tico en la universidad de la Vida»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
Únete a los Amigos de Lolo en Facebook Únete a los Amigos de Lolo en Twitter
 

Premios Lolo de Periodismo Joven

Laura M. Otón, IX Premio Lolo de Periodismo Joven Irene Pozo Hernández, VIII Premio Lolo de Periodismo Joven José Beltrán Aragoneses, VII Premio Lolo de Periodismo Joven Cristina Sánchez Aguilar, VI Premio Lolo de Periodismo Joven Laura Daniele, V Premio Lolo de Periodismo Joven Samuel Gutiérrez, IV Premio Lolo de Periodismo Joven Pedro J. Rodríguez, III Premio Lolo de Periodismo Joven Pablo J. Ginés, II Premio Lolo de Periodismo Joven María Gómez Fernández, I Premio Lolo de Periodismo Joven
Segunda edici髇 del libro in閐ito del beato Lolo

驴QU脡 ES LA FE? 驴QU脡 SIGNIFICA CREER HOY?

El santo padre contin煤a su ciclo de catequesis por el A帽o de la Fe.

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 25 octubre 2012 (ZENIT.org).- Ayer a las 10,30 se realiz贸 la Audiencia general en la plaza de San Pedro, presidida por el papa Benedicto XVI ante una multitud que lo esperaba desde temprano. En su discurso, el papa continu贸 con el ciclo de catequesis dedicado al A帽o de la Fe iniciado la semana pasada, en el cual explic贸 鈥溌縌u茅 es la fe?鈥.

Queridos hermanos y hermanas:

El mi茅rcoles pasado, con el inicio del A帽o de la fe, comenc茅 una nueva serie de catequesis sobre la fe. Y hoy quisiera reflexionar con ustedes sobre una cuesti贸n fundamental: 驴qu茅 es la fe? 驴Tiene sentido a煤n la fe en un mundo donde la ciencia y la tecnolog铆a han abierto horizontes, hasta hace poco tiempo impensables? 驴Qu茅 significa creer hoy?

En efecto, en nuestro tiempo es necesaria una renovada educaci贸n en la fe, que incluya por cierto un conocimiento de su verdad y de los acontecimientos de la salvaci贸n, pero que principalmente nazca de un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo, de amarlo, de confiar en 茅l, de tal modo que toda la vida est茅 involucrada con 茅l.

Hoy, junto a muchos signos de buena, crece a nuestro alrededor tambi茅n un cierto desierto espiritual. A veces, se tiene la sensaci贸n, por ciertos hechos que conocemos todos los d铆as, de que el mundo no va hacia la construcci贸n de una comunidad m谩s fraterna y pac铆fica; las mismas ideas de progreso y bienestar tambi茅n muestran sus sombras. A pesar del tama帽o de los descubrimientos de la ciencia y de los resultados de la tecnolog铆a, el hombre hoy no parece ser verdaderamente m谩s libre, m谩s humana; todav铆a permanecen muchas formas de explotaci贸n, de manipulaci贸n, de violencia, de opresi贸n, de injusticia鈥 Luego, un cierto tipo de cultura ha educado a moverse solo en el horizonte de las cosas, de lo posible, a creer solo en lo que vemos y tocamos con las manos. Por otro lado, sin embargo, crece el n煤mero de personas que se sienten desorientados y, al tratar de ir m谩s all谩 de una realidad puramente horizontal, se predisponen a creer en todo y su contrario. En este contexto, surgen algunas preguntas fundamentales, que son mucho m谩s concretas de lo que parecen a primera vista: 驴Qu茅 sentido tiene vivir? 驴Hay un futuro para el hombre, para nosotros y para las generaciones futuras? 驴En qu茅 direcci贸n orientar las decisiones de nuestra libertad en pos de un resultado bueno y feliz de la vida? 驴Qu茅 nos espera m谩s all谩 del umbral de la muerte?

A partir de estas ineludibles preguntas, surge como un mundo de la planificaci贸n, del c谩lculo exacto y de la experimentaci贸n, en una palabra, el conocimiento de la ciencia, que si bien son importantes para la vida humana, no es suficiente. Nosotros necesitamos no solo el pan material, necesitamos amor, sentido y esperanza, de un fundamento seguro, de un terreno s贸lido que nos ayude a vivir con un sentido aut茅ntico, incluso en la crisis, en la oscuridad, en las dificultades y en los problemas cotidianos. La fe nos da esto: se trata de una confianza plena en un "T煤", que es Dios, el cual me da una seguridad diferente, pero no menos s贸lida que la que proviene del c谩lculo exacto o de la ciencia. La fe no es un mero asentimiento intelectual del hombre frente a las verdades en particular sobre Dios; es un acto por el cual me conf铆o libremente a un Dios que es Padre y me ama; es la adhesi贸n a un "T煤" que me da esperanza y confianza. Ciertamente que esta adhesi贸n a Dios no carece de contenido: con ella, sabemos que Dios se ha revelado a nosotros en Cristo, hizo ver su rostro y se ha vuelto cercano a cada uno de nosotros. En efecto, Dios ha revelado que su amor por el hombre, por cada uno de nosotros, es sin medida: en la cruz, Jes煤s de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre, nos muestra del modo m谩s luminoso a qu茅 grado llega este amor, hasta darse a s铆 mismo, hasta el sacrificio total.

Con el misterio de la Muerte y Resurrecci贸n de Cristo, Dios desciende hasta el fondo de nuestra humanidad para que llevarla a 脡l, para elevarla hasta que alcance su altura. La fe es creer en este amor de Dios, que no diminuye ante la maldad de los hombres, ante el mal y la muerte, sino que es capaz de transformar todas las formas de esclavitud, dando la posibilidad de la salvaci贸n. Tener fe, entonces, es encontrar ese "T煤", Dios, que me sostiene y me concede la promesa de un amor indestructible, que no solo aspira a la eternidad, sino que le da; es confiar en Dios con la actitud del ni帽o, el cual sabe que todas sus dificultades, todos sus problemas est谩n a salvo en el "t煤" de la madre. Y esta posibilidad de salvaci贸n a trav茅s de la fe es un don que Dios ofrece a todos los hombres.

Creo que deber铆amos meditar m谩s a menudo --en nuestra vida diaria, marcada por problemas y situaciones a veces dram谩ticas--, en el hecho que creer cristianamente significa este abandonarme con confianza al sentido profundo que me sostiene a m铆 y al mundo; una sensaci贸n de que no somos capaces de darnos, sino de solo recibir como un don, y que es la base sobre la que podemos vivir sin miedo. Y esta certeza liberadora y tranquilizadora de la fe, debemos ser capaces de proclamarla con la palabra y demostrarla con nuestra vida de cristianos.

A nuestro alrededor, sin embargo, vemos cada d铆a que muchos son indiferentes o se niegan a aceptar este anuncio. Al final del Evangelio de Marcos, tenemos palabras duras del Se帽or resucitado que dice: "El que crea y sea bautizado, se salvar谩; el que no crea, se condenar谩" (Mc. 16,16), se pierde a s铆 mismo. Los invito a reflexionar sobre esto. La confianza en la acci贸n del Esp铆ritu Santo, nos debe empujar siempre a ir y predicar el Evangelio, al testimonio valiente de la fe; pero, adem谩s de la posibilidad de una respuesta positiva al don de la fe, tambi茅n existe el riesgo de un rechazo del Evangelio, del no acoger el encuentro vital con Cristo. Ya san Agust铆n pon铆a este tema en su comentario sobre la par谩bola del sembrador: "Nosotros hablamos 鈥揹ec铆a--, echamos la semilla, la extendemos. Hay quienes desprecian, critican, se burlan. Si les tememos, no tenemos nada que sembrar y el d铆a de la cosecha se quedara sin que se recoja. Por tanto, venga la semilla de la tierra buena" (Discorsi sulla disciplina cristiana, 13,14: PL 40, 677-678). En consecuencia, la negativa no puede desalentarnos. Como cristianos, somos testigos de este suelo f茅rtil: nuestra fe, a pesar de nuestros l铆mites, demuestra que hay buena tierra, donde la semilla de la Palabra de Dios produce frutos abundantes de justicia, de paz y de amor, de nueva humanidad, de salvaci贸n. Y toda la historia de la Iglesia, con todos los problemas, demuestra tambi茅n que hay la tierra buena, que existe una semilla buena, y que da fruto.

Pero pregunt茅monos: 驴de d贸nde saca el hombre esa apertura del coraz贸n y de la mente para creer en el Dios que se ha hecho visible en Jesucristo, muerto y resucitado, para recibir su salvaci贸n, de tal modo que 脡l su evangelio sean la gu铆a y la luz de la existencia? Respuesta: nosotros podemos creer en Dios porque 脡l se acerca a nosotros y nos toca, porque el Esp铆ritu Santo, don del Se帽or resucitado, nos hace capaces de acoger el Dios vivo. La fe es, pues, ante todo un don sobrenatural, un don de Dios. El Concilio Vaticano II dice: "Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que proviene y ayuda, a los auxilios internos del Esp铆ritu Santo, el cual mueve el coraz贸n y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da 鈥渁 todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad鈥".(Dei Verbum, 5). En la base de nuestro camino de fe est谩 el bautismo, el sacramento que nos da el Esp铆ritu Santo, volvi茅ndonos hijos de Dios en Cristo, y marca la entrada en la comunidad de fe, en la Iglesia no creo uno por s铆 mismo, sin la gracia previa del Esp铆ritu; y no se cree solo, sino junto a los hermanos. Desde el Bautismo en adelante, cada creyente est谩 llamado a revivir esto y hacer propia esta confesi贸n de fe, junto a los hermanos.

La fe es un don de Dios, pero tambi茅n es un acto profundamente humano y libre. El Catecismo de la Iglesia Cat贸lica dice claramente: "S贸lo es posible creer por la gracia y los auxilios interiores del Esp铆ritu Santo. Pero no es menos cierto que creer es un acto aut茅nticamente humano. No es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del hombre" (n. 154). M谩s a煤n, las implica y las exalta, en una apuesta de vida que es como un 茅xodo, es decir, en un salir de s铆 mismo, de las propias seguridades, de los propios esquemas mentales, para confiarse a la acci贸n de Dios que nos muestra el camino para obtener la verdadera libertad, nuestra identidad humana, la verdadera alegr铆a del coraz贸n, la paz con todos. Creer es confiar libremente y con alegr铆a en el plan providencial de Dios en la historia, como lo hizo el patriarca Abraham, al igual que Mar铆a de Nazaret. La fe es, pues, un acuerdo por el cual nuestra mente y nuestro coraz贸n dicen su propio "s铆" a Dios, confesando que Jes煤s es el Se帽or. Y este "s铆" transforma la vida, abre el camino hacia una plenitud de sentido, la hace nueva, llena de alegr铆a y de esperanza fiable.

Queridos amigos, nuestro tiempo requiere de cristianos que est茅n aferrados de Cristo, que crezcan en la fe a trav茅s de la familiaridad con la Sagrada Escritura y los sacramentos. Personas que sean casi un libro abierto que narra la experiencia de la vida nueva en el Esp铆ritu, la presencia de un Dios que nos sostiene en el camino y que nos abre hacia la vida que no tendr谩 fin. Gracias.

Traducido del original italiano por Jos茅 Antonio Varela V.

www.zenit.org, 25/10/2012