Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático de la verdad en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Mi sed es de Ti, Se帽or, 驴por qu茅 has de darte siempre con cuentagotas?»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Premios Lolo de Periodismo Joven

Laura M. Otón, IX Premio Lolo de Periodismo Joven Irene Pozo Hernández, VIII Premio Lolo de Periodismo Joven José Beltrán Aragoneses, VII Premio Lolo de Periodismo Joven Cristina Sánchez Aguilar, VI Premio Lolo de Periodismo Joven Laura Daniele, V Premio Lolo de Periodismo Joven Samuel Gutiérrez, IV Premio Lolo de Periodismo Joven Pedro J. Rodríguez, III Premio Lolo de Periodismo Joven Pablo J. Ginés, II Premio Lolo de Periodismo Joven María Gómez Fernández, I Premio Lolo de Periodismo Joven
Segunda edici髇 del libro in閐ito del beato Lolo

En el a帽o de la fe: Lolo y el Credo

鈥淩etomar y profundizar las verdades centrales de la fe sobre Dios, sobre el hombre, sobre la Iglesia, sobre toda la realidad social y c贸smica, meditando y reflexionando sobre las afirmaciones del Credo鈥 (Benedicto XVI, 17 octubre 2012)

En el a帽o de la fe, seguimos uni茅ndonos al camino de reflexi贸n sobre el Credo, al que nos llama la Iglesia. Tras publicar las catequesis impartidas por Benedicto XVI, publicamos hoy este profundo documento con reflexiones y escritos de Lolo, meditando y reflexionando 聽sobre las afirmaciones del Credo.

Un regalo que brindamos a todos los amigos de Lolo, para ayudaros a profundizar las verdades centrales de la fe. Una fe vivida y transmitida con infinita alegr铆a por nuestro querido amigo y beato Lolo.

CREO

Fe

Te suplicamos, al par, la fe; una fe colosal, como de incendio c贸smico 隆S谩lvanos, Se帽or, que perecemos en la sin raz贸n que te niega! 隆Que nos asfixia la angustia existencial! 隆C贸mo no han de derruirse tantas obras, si est谩n sobre el fatuo castillo de las quimeras ego铆stas!

(Revista Linares, diciembre. 1954)

EN DIOS PADRE鈥

隆Qu茅 misterio el de la ternura que hasta en los 聽P谩jaros la ha puesto! Porque es Padre, a cada hombre le llena de amor la vasija de su coraz贸n. Y a煤n le sobra para repartirla a las aves y pincelar el cielo.

(Bien venido, amor, n潞 62)

-鈥溌緾贸mo es Dios?鈥

-鈥淒ime primero que Padre, y ya despu茅s lo que quieras鈥.

(Bien venido, amor, n潞 71)

No estaremos muy lejos del secreto de Dios si le pensamos mir谩ndonos con ojos empa帽ados por la ternura.

(Bien venido amor, n潞 72)

Nuestro Dios es un padre con fiebre de amor, que es la m谩s hermosa calentura.

(Bien venido, amor, n潞 74)

No hay ni un cabello nuestro que no tenga encima el temblor de una caricia de Padre.

(Bien venido, amor, n潞 75)

CREADOR鈥

Las estrellas no arden con el intenso fuego que el esp铆ritu amoroso del Creador.

(Bien venido, amor, n潞 54)

La Creaci贸n y la Redenci贸n son dos fuentes de vida y de sangre, los dos m谩s grandes y hermosos frutos del amor de Dios.

(Bien venido, amor, n潞68)

Las estrellas tiemblan porque todav铆a guardan la profunda emoci贸n de Dios cuando las iba creando.

(Bien venido, amor, n潞 95)

El soplo de Dios era el hidr贸geno

Hay hombres que se pasan la vida combinando cifras y s贸lo les queda una leve paga de jubilado. A Einstein, un n煤mero, tres letras y apenas un signo le llevaron a esa f贸rmula maestra聽 聽聽-E=mc2-聽 聽聽que se sit煤a en la m茅dula de la ciencia actual. El fruto del gran jud铆o melenudo hay que ponerlo, a su vez, como espina dorsal de las teor铆as que dan consistencia al desarrollo sistem谩tico del mundo. Energ铆a, masa y aceleraci贸n se confabulan misteriosamente en aras de ese portento que es la vida humana ambiente.

Que la Ciencia y la Religi贸n se complementan como dos gemelos, lo confirman las hip贸tesis y los descubrimientos que dan pie al comienzo del mundo. Todas las suposiciones y logros de los sabios tienen antepuesta "la nada" como un valladar infranqueable. La sabidur铆a especula por fuerza desde una evidencia posterior, dejando a la Fe la piedra angular de un Universo cuya puesta en marcha s贸lo encaja en el plano de lo Superior. Y es curioso c贸mo el mundo arcaico y cient铆ficamente nulo de los profetas y ese otro actual y preciso de los laboratorios ensamblan sus puntos de vista sobre el origen del mundo.

Las Sagradas Escrituras nos hablan de unas aguas o abismos primitivos que fueron fecundados por el Esp铆ritu de Dios. Mois茅s concreta el primer gesto del Ser Supremo en un poderoso aliento al hilo de su "h谩gase la luz" generador. Esta visi贸n po茅tica se corresponde con la arquitectura que da la Ciencia. Su especulaci贸n parte ya de un principio inexplicable. El mundo marcha desde una colosal nube de hidr贸geno聽 -el 谩tomo m谩s simple- preexistente, desperdigada por el espacio. En ella hab铆a de contenerse la materia de la que derivar铆an las otras cosas.

Parte de esta masa gaseosa empez贸 a contraerse en otros vol煤menes, dando ocasi贸n a grandes cantidades de calor. Cada uno de estos vol煤menes se corresponder铆a con una galaxia, germen a su vez de una tremenda agrupaci贸n de estrellas posterior. El tama帽o de estas galaxias podr铆a ser el de cien billones de estrellas.

Durante este proceso, la energ铆a de gravitaci贸n consiguiente estaba libre de ser aplicada al calentamiento de otras masas m谩s reducidas, que se apuntan como ra铆ces de las estrellas. La nueva congesti贸n de astros s贸lo alcanz贸 a una cuarta parte del gas de galaxia. Posteriormente seguir铆an -y a煤n siguen - otras contracciones que habr铆an de motivar las edades de los astros.

(Cruzada, enero-febrero 1960)

CREO EN JESUCRISTO, SU 脷NICO HIJO鈥
QUE POR NOSOTROS LOS HOMBRES鈥
NACI脫 DE SANTA MAR脥A, VIRGEN鈥

隆UN BEL脡N AT脫MICO!

A m铆, que siempre he sido un entusiasta de la precisi贸n hist贸rica, me sent贸 mal el d铆a en que mi hermano menor coloc贸 en el portal un vendedor de globitos de feria. Si no le hubiese detenido tambi茅n habr铆a encajado su tanque oruga, la pistola interplanetaria y hasta las v铆as del tren el茅ctrico. Sin embargo, confieso que ahora mismo he pensado con cari帽o en un Nacimiento con repartidores de peri贸dicos, mec谩nicos y hombres de hatillo y carburo. Porque Cristo nace, vive y muere cada d铆a y siempre, unas veces entre t煤nicas hebreas y ahora mismo junto al obrero que trabaja en el 鈥渃iclot贸n鈥 o el que golpea el remache de una lavadora. Entre tantas cosas bellas, cuenta tambi茅n en la Redenci贸n el eterno sentido vigente que gravita sobre ti, sobre m铆 y sobre ese chaval que mendiguea en una noche de nieve. Bel茅n puede tener una actualidad de cuatro cifras y los ni帽os la misma necesidad de Dios bajo una trenca o la leve camisilla deshilachada.

(Cruzada, octubre-noviembre 1958)

Si Cristo naciera hoy鈥

Cristo, es verdad, nace todos los d铆as. Desde la Cruz del Sur a la Siberia no hay coordenada, ni minuto, en que no se haga exacto su natalicio en una misa. M谩s que venir cada d铆a, Cristo, con su carne y su sangre en los sagrarios, tiene una permanente natividad de veinte siglos. Si aun andamos entre la vida y la muerte, si no se dio todav铆a el 鈥渉ombre nuevo鈥 necesario, es porque voluntariamente trabamos nuestros pies en ese paso de comer su carne para hallar la Vida. Y es que, en el fondo, tenemos bien hipotecada la fe. 鈥淪i no viereis milagros y prodigios, no creer茅is鈥.

(Cruzada, diciembre 1955)

LETAN脥A A LA VIRGEN

Santa Mar铆a de las Cosas sin Brillo,
la cadera dolorida por el c谩ntaro,
el equilibrio de los jornales,
la ropa vieja, siempre zurcida y limpia;
cr茅cenos el gozo de los pasos sin nombre;
que gustemos el vino dorado de la copa de los Juan Nadie,
con el eco circunscrito a un espacio de cristal,
saludados con normalidad, sin recargos de intereses o fama.

Reina de las Horas Gemelas;
a las doce, el cocido;
a la tarde, la cartilla de Jes煤s;
a la noche, el salterio con Jos茅 y el Ni帽o;
-ven, rasca una cerilla de Fe y enciende la hora justa de la medicina,
el clich茅 ya gastado de las criaturas habituales,
los minutos sin ilusi贸n, con un futuro de nubes arracimadas.

Elegida para las Misiones con Sordina,
Madre sin canastilla,
Maestra con un abecedario de silencios,
Redentora sin Evangelios;
-te pedimos nos acerques la lima de las humildades,
que nos desbastes nuestra hueca vanidad de elegidos;
que sintamos la cosecha de fango y de soberbia
como un martillo pil贸n sobre los hombros
y a Dios escanciando su sangre de oro sobre las palmas vac铆as.

Dama de Honor de los 鈥淚n煤tiles鈥,
la que SOLO 鈥渆staba鈥 al pie de la Cruz, sin milicias,
ni abogados ni recomendaciones a jueces;
sin m谩s trinchera que el palmo de las sandalias;
-ruega por los que nunca recibir谩n el sobre de fin de mes,
los condenados a no ganar un duro con el sudor de llevar una maleta,
los hombres de 鈥渃arga鈥, sin tarea de ladrillos o folios a m谩quina.

Coraz贸n de acero,
鈥淩ecordman鈥 del sufrimiento, con el dolor sin estrenar de todos los nacidos
聽y la pena como una badana de hierro que se contrae sobre las palpitaciones;
-te pido que nos consigas la mansedumbre en berbiqu铆,
metida en la pulpa de los lamentos, en el desgarr贸n que nos cuaja
en anuncio de analg茅sico,
en el martirologio de las ideas fantasmas.

Madre de la Cruz sin tiempo,
con Ni帽os Perdidos en Hiroshima y Agadir;
con hijos en camas de esmalte, crucificados entre hidr谩cidas,
o en V铆a-Crucis de productividad y sem谩foros;
-te digo que deseamos vivir en ascua nuestra evidencia de hermanos;
que rebati帽es todos los dolores del mundo
y, con tu ayuda, nosotros los sorberemos necesariamente
como el vaso de leche o la p贸cima,
para que se agote la especie de la queja y la angustia.

Llave Maestra
Se帽ora sin Misterios, con f贸rmulas:
en la aguja el hilo de una vida y bordando bien al derecho y al rev茅s;
con la clave de Dios en todos los rompecabezas;
-mira este grandull贸n que se acerca como un ni帽o en estropicio,
con su crucigrama en blanco y las palabras dolor, silencio, tristeza y amor
para llenar con gracia los cuadros horizontales y verticales;
-haz que palpemos la cara redonda de Dios
en las culebrinas de las articulaciones, en el desahucio de los m茅dicos,
en la fortuna de espaldas, como un colegial enfurru帽ado.

Virgen del Mosto en las Pupilas,
la maternidad, lagar; la Cruz, lagar; la soledad, lagar鈥
las l谩grimas cuajadas en dulzura, como las gotas de un fruto reci茅n partido,
-engr谩sanos de ternura las palabras que chirr铆an,
la puerta mohosa del coraz贸n,
las vidas estupendamente envaradas como palos de cuca帽a.

Santa Mar铆a de los Nombres Brillantes como un cielo bru帽ido,
Cascabel que late,
palmas hacia arriba, abiertas con lluvia, con sol, con esperanza,
cristal ba帽ado y pulido, gota de sangre con sonajero,
desierto con puentes y rumores, lengua de lira en salmo,
miga y gozo de cada d铆a, multicopista de todas las maravillas;
ante Ti se derrumban los vasos de arcilla del mundo.

-Oye, pues, el S.O.S. de las criaturas sin celo,
con lacra, con cicatrices.

Toma nota y f铆jate;
pedimos la alegr铆a, la esperanza, la pureza y el sacrificio;
queremos la soledad fecunda, adorar y ser reconocidos.

Y, como cumbre del ansia, arr谩ncanos la bondad
hasta llegar a una perfecci贸n 鈥淪tandard鈥;
santos a manojillos: los municipales, las mujeres que van a la compra,
las mecan贸grafas, las telefonistas y los pobres hombres en sill贸n de ruedas.

(El sill贸n de ruedas, p. 311-315)

Las 12 y diez

Estoy junto al pesebre; y Mar铆a tambi茅n. Te miro a los ojos, mi Peque帽o divino, y siento que una ola muy dulce y caliente me sube hasta la garganta y se derrama por los m铆os. 驴Qu茅 has visto T煤, manecitas de n谩car y de rosas, mejillas de seraf铆n, tint铆n de sonajero, pupilas de azul de mediod铆a; qu茅 has visto T煤, te digo, en este hombre de garlopa para haberle encaramado a este clima de predestinaci贸n y de gloria? 驴Qu茅 pude hacer en la vida para merecer ver esa fuente clara de elaboramiento que Mar铆a, desde su 谩nfora virgen, derrama sobre mi cabeza? 隆Ay, mi Ni帽o, de qu茅 manera me has hecho un loquito de Ti y c贸mo te voy a tener de cerca en la carpinter铆a hasta que sea un hombre y te nos vayas luego para construirle a todos en el alma el alero de la salvaci贸n鈥!

(Del 鈥淒iario de S, Jos茅鈥, Prensa asociada 21-XII-1962)

Si Cristo naciera hoy鈥

Cristo, es verdad, nace todos los d铆as. Desde la Cruz del Sur a la Siberia no hay coordenada, ni minuto, en que no se haga exacto su natalicio en una misa. M谩s que venir cada d铆a, Cristo, con su carne y su sangre en los sagrarios, tiene una permanente natividad de veinte siglos. Si aun andamos entre la vida y la muerte, si no se dio todav铆a el 鈥渉ombre nuevo鈥 necesario, es porque voluntariamente trabamos nuestros pies en ese paso de comer su carne para hallar la Vida. Y es que, en el fondo, tenemos bien hipotecada la fe. 鈥淪i no viereis milagros y prodigios, no creer茅is鈥.

(Cruzada, diciembre 1955)

FUE CRUCIFICADO, MUERTO鈥

Las palmas de Cristo est谩n consumidas por los dos boquetes de la donaci贸n redentora. Por un cuenco con agujeros, ya se sabe, no queda nada, se derrama todo, la riqueza de Dios, el amor, la gracia, la felicidad y la gloria se vierten por esos dos manantiales de tit谩n, con Cristo, lo que triunfa es la puerta abierta sobre el cerrojo, las sandalias sobre el borcegu铆, la caricia sobre el mordisco. Con el amor hecho lluvia, con el paso leve, con el brazo sobre los hombros est谩 asegurada la fecundidad, el camino adelante, la hermosa fraternizaci贸n de las criaturas.

(Prensa asociada 17-IV-1962)

VIERNES SANTO

Estoy en la terraza, casi a las doce, a una hora en que, Se帽or, pienso debiera ser tambi茅n aquella otra de tu despojo. Ya, Cristo, est谩s casi desnudo del todo para que no queden equivocaciones. Sangre y costillas al viento, nada m谩s. No te queda otra cosa que el coraz贸n y dentro de un rato te har谩n una raja, que ha de ponerlo a mano de cualquier raterillo.

Hoy, Se帽or, yo tambi茅n ante Ti, con una mano de rapi帽a. Est谩s solo, tremendamente abandonado, como T煤 mismo lo dices en la palabra del d铆a, sin guardaespaldas, y, lo que yo te haga, sea lo que sea, ha de quedar tambi茅n impune. Seguro que, si me acerco, y te robo, nadie me lleva a la comisar铆a. Y mira lo primero que hago es aprovechar la oportunidad y hacerme de tu coraz贸n. Noto, por eso, que la mano se me escapa hacia las costillas. Bueno, pero si resulta que estoy temblando, 驴Que para qu茅 quiero el coraz贸n de alguien que entra en agon铆a? Es que, mira, te ve uno as铆 por nosotros... Y el nuestro s铆 que se siente muerto鈥 隆Te venimos pidiendo siempre tantas cosas...! Pero T煤, Se帽or, no atiendas otra petici贸n que la de agrandarnos el pecho. F铆jate en la civilizaci贸n de nuestra hora; la de los hombres con cabeza de elefante y coraz贸n de tortuga. Y, en realidad, lo que 煤nicamente vale es el Amor.

(Cuatro d铆as en rojo, Enfermos misioneros, marzo 1967)

Ver贸nica鈥

Hoy, Ver贸nica est谩 morena de r铆o, tostada por un sol que huele a azahares. De madrugada oy贸 un tumulto y se fue tirando del lecho, para ver por las rendijas del balc贸n la blanca figura del Hombre acorralado. Cuando se alejaron, all铆, en las tinieblas, se puso a recordarle de antes y le vio dulce y serenamente erguido en el monte, como un nardo que se toca de gotas de roc铆o. Pensando en lo que dijera, se le iba quedando en el coraz贸n una espuma de palomas torcaces, violetas y lirios.

La almohada le her铆a como la piel de un erizo. No pudo m谩s y sus pies fueron saltando entre las tinieblas como un pich贸n que anda de primeras. Levant贸 la tapa del arca y un c谩lido vaho de manzanas le dio en las mejillas. Palp贸 bien poco, porque se sab铆a la esquina de la s谩bana novial.

Al salir, el cielo estaba reventando de estrellas nacaradas y la brisa tra铆a una dulce humedad de acequias evaporadas.

El alba, blanca, le acarici贸 la cabeza, doblada sobre el r铆o. Sus manos y su lienzo de misi贸n se ti帽eron de espuma. Sol sobre ella, llevando sobre la s谩bana puesta a secar encima de una alfombra de amapolas y margaritas. Blanca, blanca, la ma帽ana. Lentamente, casi con unci贸n de un rito, la fue plegando y, con ella sobre su coraz贸n, volvi贸 por un camino excitado de sicomoros, de cara a la ciudad, extendida como un manto.

Los reyes visten de p煤rpura; de blanco, las gentes sencillas. Las ciudades, como los hombres: rojo, morado o blanco. Lo mejor, el blanco. Si tenemos siempre puro el coraz贸n, ser谩n tambi茅n dulces y c谩ndidas nuestras sensaciones. 隆Oh, Jerusal茅n! 驴Por qu茅 tienes tinieblas bajo el sol, si te han encalado las casas en la ma帽ana de fiesta? 隆Jerusal茅n oscuro, torcido, sinuoso, vestido de almagra en la maravillosa ma帽ana de un 煤nico domingo infinito!

Ver贸nica est谩 sobre el borde de una acera y mir谩ndose a las manos blancas, dulcemente semiabiertas. Los hombres que pasan tienen sus rasgos propios, pero el odio le pone a todos una mascarilla de colores tenebrosos. Sean como sean, s贸lo dan la cara sus oscuras bajezas: Unos est谩n l铆vidos de rencor; otros, negros de corrupci贸n. Ver贸nica lo nota y le gustar铆a punzarles el cuello y acarrearlos al r铆o, para que se vieran y se lavaran la suciedad en la corriente del agua; mas calla. Pasa un gavil谩n; otro con cara de lobo; 茅se croqueando como una corneja.

Y, de pronto, el Hombre sin rincones, el Nardo tan gigante que tiene la cintura abrochada de estrellas. Viste de un rojo l铆quido; le visten, porque su carne sigue oliendo a nardos.

鈥 鈥淎 ver sus ojos, quiero verle sus ojos鈥.

La cara de Jes煤s鈥 驴D贸nde est谩聽 el tibio rubor de sus mejillas y la serena amplitud de su frente, o el dulce murmullo de sus labios? 隆Ma帽ana 茅sta de Viernes, de tan contradictorias mascarillas! Nosotros鈥, bueno; pero 隆脡l鈥! Ahora lo recuerda: 鈥渘o es lo que viene de fuera lo que nos ensucia, sino lo que sale del coraz贸n鈥, le escuch贸 un d铆a. Doler谩n los latigazos, pero 驴qu茅 herida no tendr谩 脡l que tanto hablaba de la mirada limpia y hasta exig铆a arrancarse los ojos turbios? Ayudarle, se le ayudar铆a quit谩ndole la Cruz de los hombros, pero la 煤nica y verdadera compasi贸n ser铆a aqu铆 romper el sello de su cara mancillada y que estallase su gracia abierta en las mejillas, como un amanecer.

Ah铆to de sol, el lienzo de Ver贸nica se agita y se abre con apresuramiento de palomas alborotadas.

Pero 驴a d贸nde vas, mujer, entre tantos hombres con manos de cuervo?

Se acerca,聽 se acerca y, de pronto, la cara de Jes煤s se esponja a la caricia del lienzo, y todo se hace moment谩neo.

Por la calle, ahora, se aleja el tambor, el ulular de la muchedumbre y los cascos del caballo. S贸lo Ver贸nica permanece sobre la acera, como la gaviota que tiembla en h煤meda ternura al prodigio de las manos que se le convierten en relicario. Aunque no viese la imagen en las fibras del lino, su latido est谩 all铆 mismo, c谩lido, dulce, doloroso.

Con este lienzo lo que Ver贸nica va hacer es una bandera. Cortar谩 una rama de pino o lo que sea y se subir谩 al terrado m谩s alto, para que los hombres聽 la vean escandalosamente limpia, como un recordatorio de lo que deben y tienen que ser los hombres, los pueblos y la vida. Te pongas el traje que te pongas, act煤en o no los barrenderos, t煤, hombre, mira transparente al empleado de una ventanilla, al cobrador del sastre,聽 a la mujer con que te cruzas por la acera o al vecino que te 鈥渃arga鈥, y piensa o decide con la misma virginidad. El coraz贸n, sencillo; tu ojo, humilde; tu palabra, leve y rumorosa como un arroyo; tus manos, como una rosaleda oreada por el viento. Ir谩s as铆 por la calle y notar谩s sem谩foros o anuncios luminosos, pero la plaza del pueblo, la gran avenida, los hombres que firman en el libro de registro y los que montan los ascensores sentir谩s que, a lo largo del d铆a, se te arman iluminados, para que veas siempre en ellos el hermoso perfil estampado en el lienzo de Ver贸nica.

(Diario Ja茅n, 19 marzo 1967)

Tres actitudes ante la presencia del dolor:

- La de aqu茅l que a煤n no ha ido m谩s all谩 del escozor聽 de su herida:

鈥淒ios me ha quitado鈥︹.

- La del que acepta, sin entrar en su esp铆ritu de actividad santificante:

鈥淒ios me ha pedido鈥︹.

- Y la de aqu茅l que, comprendiendo el valor comunitario del sufrimiento, se da de lleno al ideal de redenci贸n:

鈥淪e帽or, te ofrezco鈥︹.

(Las estrellas se ven de noche, p. 110)

MUJER: HE AQU脥 A TU HIJO

Quiero que vay谩is por la vida con los brazos por los hombros los unos de los otros; que teng谩is siempre en las yemas de los dedos una cordial sensaci贸n de paso por la frente de un ni帽o; y que el coraz贸n lo sint谩is siempre fresco, holgado, flexible y dulce. Mi deseo es que la ternura, la pura, hermosa y fragante ternura humana, la vist谩is todos desde la ma帽ana a la noche聽 como se pone uno la chaqueta o los calcetines. Cuando llora el hijo de mantillas, vuestra mujer le toma en brazos y聽 se le esponja el coraz贸n. Y es que una madre es una cosa de la que sale como fuego, como az煤car, como serenidad, como dicha y como alegr铆a. Os voy a hacer un seguro de ternura para siempre. Porque quiero que, con canas o barba cerrada, teng谩is聽 junto a vosotros un coraz贸n que se esponje cuando os tire de los p谩rpados un ansia de llanto.

Estar茅is pensando que lo que digo es bonito, pero dif铆cil. Y no; ea, os doy a mi Madre, que tiene el coraz贸n como un monta帽a, y鈥 se acab贸. A ver si no llevo raz贸n. Y como os la doy a todos, todos sois hermanos y, hala, a amaros como hermanos. 驴Est谩is contentos?

(Vida nueva 14 de abril 1962)

No es que a la pasi贸n de Jes煤s le falte algo, pero estar sufriendo y mereciendo personalmente, no estuvimos en las horas del Viernes Santo. Y eso es la Iglesia.

(Bien venido, amor, n潞 1000)

MUERTO鈥

No te mueras, Cristo de la Misericordia. Qu茅date as铆 y nosotros contigo.

Vive para siempre de este modo, con tu dulce aire compasivo, con tu doble mirada acariciante. No abras tanto el costado, que da escalofr铆o verte tanta ternura palpitando. Si aceptas, te quedar铆as siempre amando y redimiendo, y nosotros apagar铆amos la luz de las calles y encender铆amos s贸lo las antorchas para que se vieran bien tus pupilas; llenas聽 de gracia y de compasi贸n, el prodigio de tu inocencia. Queremos vestir de saco en la聽 noche, andar descalzos por los adoquines, llevar 谩speros maderos sobre los hombros para descargar de tu alma la tremenda agon铆a de la Pasi贸n. Qu茅date, aqu铆 Cristo, nuestro hermano grande, que nosotros repartiremos entre todos, con alegr铆a, tu dolor聽 de esta hora.

(Cuatro instant谩neas de la Pasi贸n, Diario Ja茅n, 1964)

La Redenci贸n es el m谩s abnegado acto de caridad de la justicia del Padre.

(Bien venido, amor, n潞 69)

RESUCIT脫

No hay notario que pueda dar tanta fe de una promesa como Cristo, con su vuelta a la vida.

(Bien venido, amor, n潞 985)

CREO EN EL ESPIRITU SANTO, SE脩OR Y DADOR DE VIDA鈥

Un pr茅stamo: d茅jame tu coraz贸n por los tres, nueve o quince a帽os que pueda vivir todav铆a.

Tu coraz贸n, no para el ego铆smo de hacerlo todo f谩cil, sin esfuerzo, sino para hacer bueno ese deber que es amarte a tu medida; que me da pena ver lo gigante que eres en eso el amor y el coraz贸n de ratoncito que tenemos nosotros a la hora de corresponder.

(Prensa asociada 27-XII-1965)

En la Creaci贸n Dios nos da nuestra vida; en la Redenci贸n, la Suya; y en la Santificaci贸n, la nuestra y la Suya a la vez.

(Bien venido, amor, n潞 986)

Los milagros que no se ven son Esp铆ritu Santo.

(Bien venido, amor, n潞 890)

El Sagrario del Esp铆ritu Santo est谩 en los corazones.

(Bien venido, amor, n潞 993)

EL ORIGEN DEL FUEGO

Los hombres, ahora, nos sentamos en las sillas met谩licas de las Agencias y minuto a minuto vamos copiando, con machaconer铆a, los nombres de Eisenhower, Jruschef, Adenauer y Macmillan. Todo el ancho ritmo vital de pulsos, sirenas, hoces y martillos parece que no tiene otro cauce que ese embudo estrangulado que se llama 鈥減ol铆tica鈥.

Y, sin embargo, si permaneci茅ramos fieles a la misi贸n de sincronizar el nervio de los acontecimientos, la cinta acusar铆a este cundir palpable y enorme del fuego de Dios, que va arraigando en los desiertos, las selvas, las grandes cumbres y las factor铆as como un ansia del amor de Dios por enriquecer el esp铆ritu del hombre. Con m谩s verdad que la constituci贸n de un 鈥渃artel鈥 o el anuncio de una conferencia de alto nivel se podr铆a hablar de la actuaci贸n espectacular del Esp铆ritu Santo y sus portentosas realizaciones. Un d铆a es un pobre sacerdote que arranca miles de vivencias a la muerte fr铆a de un ni帽o, u otro que restaura el clima de hogar de unos desplazados; los m谩s, en silencio, es una monja que se contamina investigando la lepra, el obrero que al doblegarse sobre la laminadora contagia un fulgor desconocido o el que tapia dolorosamente en los lagrimales la petici贸n hambrienta de sus siete hijos. Y as铆, cada segundo, sin que caigamos en su categor铆a de portento, el h谩lito fuerte de Dios va pasando como un meteoro dejando un rastro de almas incandescentes.

(Cruzada, febrero 1960)

CREO EN LA SANTA IGLESIA

Fortaleza.

El dolor tremente y la tortura de los m谩rtires se dilata hoy en la Iglesia aherrojada. El mundo es ya como un inmenso clamor de tormento. 隆Se帽or, que los del silencio sean fuertes en la confesi贸n de la fe! Para nosotros, esa no menos necesaria fortaleza para vencer la tentaci贸n en acecho.

(鈥楲inares鈥, diciembre 1954)

La Iglesia es la gran locomotora que administra la fuerza motriz de la redenci贸n de Cristo. La energ铆a de la Pasi贸n se escancia por todo el convoy de聽 nuestra fraternidad en 脡l, y el dolor es la gran acequia de gracia de nuestras circunstancias personales.

Con la gran palanca del sacrificio y la plegar铆a se puede estar, y se est谩, en el quehacer apost贸lico de todos los hombres. Un solo ladrillo puede ser el punto de apoyo para hacer rodar el mundo por la ruta de la fe.

(Todos somos elegidos, p. 28)

Iglesia: emocionante 鈥渕arath贸n鈥 que portea, en relevos, el coraz贸n viviente de Cristo.

(Bien venido, amor, n潞 997)

Pedro-piedra 驴un 鈥渄uro鈥 al frente de la Iglesia? Todo lo contrario: la ternura del 鈥溌煤 sabes, Se帽or, lo que te amo鈥, como roca angular de la Comunidad del Amor.

(Bien venido amor, n潞 998)

Habla siempre, madre Iglesia, y aun con energ铆as, que t煤 nunca hieres, porque tu voz es dulce e inocente como la de un ni帽o.

(Bien venido, amor, n潞 1003)

鈥-驴Qu茅 necesitas, hombre?鈥.

鈥-Saber darme y elevarme鈥.

鈥淓l pan y el agua de tu hambre y de tu sed se聽 llaman Iglesia鈥.

(Bien venido, amor, n潞 1004)

Vistes t煤nica de sol y te ci帽es el cabello de azucenas; tienes un ascua en la frente, un 聽manantial en la boca y un p谩jaro en el coraz贸n; y eres una doncella virgen y madre, a la vez, 聽de casi infinitas gentes: te llamas聽 -te llamamos- gloriosamente Iglesia.

(Bien venido, amor, n潞 1005)

CONFIESO QUE HAY UN SOLO BAUTISMO

La Santificaci贸n es un Evangelio que se escribe con testimonio de vidas ardientes.

(Bien venido, amor, n潞 989)

CREO EN LA COMUNI脫N DE LOS SANTOS

CREDO DEL SUFRIMIENTO

CREO 聽en el sufrimiento como una elecci贸n
y quiero hacer de cada latido
un s铆 de correspondencia al amor.

CREO que el sacrificio es un telegrama a Dios
con respuesta segura de Gracia.

CREO en la misi贸n redentora del sufrimiento.
me acercar茅 a quien sufre,
como al relicario que guarda el 鈥淟ignum-crucis鈥 de la Pasi贸n.

DOY 聽un margen de fe al dolor
en lo que tiene de poda necesaria
y vivir茅 en silencio mi hora de germinaci贸n,
con la esperanza a punto.

CREO en la聽 funci贸n 煤til de la soledad.
Los pantanos se hacen en las afueras,
para recoger la fuerza del agua
y luego devolverla en luces y energ铆a.

CREO que la acci贸n y el sacrificio cristiano
se traban como la cera y la lumbre de un cirio.
Cuanto m谩s pura es una inmolaci贸n
tanto m谩s resplandece su testimonio.

CREO que la inutilidad f铆sica
revierte en provecho 聽espiritual de todos.
El arco iris de la Redenci贸n
se tensa desde la inmovilidad de un ni帽o
hasta la invalidez que dan los clavos de una Cruz.

DAR脡聽 a Dios los panes y los peces de mi coraz贸n
para que 脡l los convierta
en milagro de Salvaci贸n para todos.

脕RBOL de Dios, con ra铆ces y ramas,
vivir茅 con las rodillas atornilladas
y las manos metidas en las聽 estrellas,
encaramando nuestra savia
y porteando hacia abajo la cosecha de la Gracia.

(Cartas con la se帽al de la Cruz, p.202)

EL CAPITAL SE CRECE

En esto consiste el tesoro del dolor santificado. Cada cruz sobrellevada con esp铆ritu sobrenatural, un fil贸n. Y claro, lo que tiene su valor, tiene sus posibilidades adquisitivas. De aqu铆 la riqueza apost贸lica del sufrimiento. Dios es como un gigantesco portamonedas, que va recogiendo la perra chica que cada uno le a煤pa esforzadamente. Como tiene un coraz贸n de fuego, todas las ganancias humanas las pasa por el crisol de su cari帽o y de su sangre y resulta que quedan convertidas en piezas de dieciocho quilates; como sus grandes, hermosos y dulces ojos todo lo ven desde all谩 arriba, a lo mejor nota que un misionero camina fatigosamente por la selva, que la ignorancia o la superstici贸n amurallan la palabra, o que cualquier criatura vive una hora de pesadumbre, y 隆hala!, saca una monedita, y la deja caer sobre su alma y el misionero nota un viento leve que le empuja los pies con ansia, las cabezas crepitan de luz, y los hombres viven la esperanza.

Las rodillas en suelo adem谩s, las l谩grimas o las quejas acopiadas en Chile o Portugal se comban sobre el cielo y, a trav茅s del prisma de Cristo, abren o derrochan su arco iris de colores sobre el Jap贸n, Tailandia, Mozambique o Guinea. El 鈥h谩gase tu voluntad鈥 de una pulmon铆a, una artritis o una lesi贸n pulmonar, son granos de trigo que se clavan y se pudren sobre los surcos del alma de las ciudades para hacerse espigas gallardas en los corazones de seres con piel de 茅bano amarillas o cobrizas. Una mujer, un hombre o un ni帽o han de vivir inm贸viles aqu铆 con la cabeza entre las almohadas, o sentado detr谩s de los cristales, y su quietud se hace fuerza y turbina de pantano que fluye聽 por el esp铆ritu de las gentes. Esta es la colosal potencia de la oraci贸n y del sufrimiento, la escalofriante realidad del Cuerpo Uno, que se nutre y se vitaliza entre s铆. De aqu铆 la gran riqueza de Pentecost茅s y la importancia de esta contabilidad espiritual que la Iglesia cumple en esta fecha con toda puntualidad. Ni el Ave Mar铆a de una monjita, ni el gesto contenido de una ni帽a que toma jarabe ni la gota de sudor que arrancan a la frente las dudas del m茅dico, quedan sin la floraci贸n misionera que le corresponde.

(Un Plan Marsahll que se llama Pentecost茅s, Pueblos del 3潞 mundo, mayo 1971)

CONFIDENCIAS DE UNA CAMA MISIONERA

Bien venido. S铆, te esperaba. Desde que llegaste y has empezado a colocar las cosas en la mesita de noche, ya supe que nos entender铆amos. Llegar a un hospital es siempre una circunstancia de preocupaci贸n y de tristeza. Aqu铆 estoy yo, tu cama de enfermo, para ayudarte en estos momentos a dar sentido a tu vida, a aligerar tus preocupaciones y miedos, abri茅ndote un horizonte de esperanza.

Como una familia

Ver谩s. Entre t煤 y yo habr谩 desde ahora una relaci贸n muy estrecha. Al fin te alejar谩s, pero el recuerdo de estos sucesos quedar谩 grabado siempre en tu memoria. Mucho antes de que vinieras a la sala, ya me llegaron tus noticias cuando la hermanita estuvo colocando las nuevas s谩banas. Ahora te recibo con la m谩s sincera cordialidad, porque s茅 que vienes sufriendo y m谩s a煤n sufrir谩s en estas fechas. Estoy aqu铆 para hacer tu dolor lo m谩s leve posible, y mi amistad, por tanto, te la ofrezco como una ayuda.

Es curioso: los dos nos compenetramos tanto en estos d铆as que al final me desgarrar谩 la separaci贸n.聽 Sucede siempre lo mismo. Antes que t煤, durmi贸 aqu铆 un hombre que padec铆a de unos tremendos dolores de nefritis. 脡l sucedi贸 a un ni帽o al que tuvieron que operar de apendicitis y 茅ste a un viejo con hernia. Con anterioridad, estuvieron un muchacho con 煤lcera, otro con endocarditis y as铆 sucesivamente. Uno era conductor y trabajaba en una empresa de transportes de la ciudad.聽 Otro, estudiante de bachillerato, y hubo uno que vino de cierta aldea, donde se encargaba de las faenas del campo. Con distintas fisonom铆as y enfermedades, con diversas procedencias y ocupaciones, puedo decirte que un algo muy sincero y emocionado los uni贸 a todos aunque no se conocieran, como si formaran una sola familia. Me cabe la alegr铆a de saber que yo fui el lazo de uni贸n y estuve en esa fraternidad y en esos sentimientos fervorosos que vivieron todos en su d铆a. Voy al grano y te digo lo que de com煤n hubo entre aquellas criaturas: todos sufrieron en una cama.

Iguales pero distintas

M铆rame despacio y mira, tambi茅n, a las dem谩s camas de la sala. Como ver谩s somos todas id茅nticas, con el mismo metal, la misma forma, la misma pintura. Salimos juntas de la f谩brica, hicimos el mismo itinerario y aqu铆 estamos, a la vez, alineadas en esta inmensa habitaci贸n. Lo que a m铆 me da un sentido especial es que soy una Cama Misionera.

Una Cama Misionera es una distinci贸n que me honra a m铆 y a todos los que conmigo se relacionan. Desde que Cristo sufri贸, el dolor es santo y valioso, salvador y fecundo. La salvaci贸n que 脡l nos trajo es para todos los hombres y de todos los tiempos, pero tambi茅n nosotros tenemos que estar presentes en la ofrenda, como cuando se quiere hacer un regalo de boda a un compa帽ero y pagamos a escote la caja de cucharillas.

Aunque los m茅ritos de uno sean escasos, Cristo junta los suyos y a ver qui茅n puede decir que nuestro dolor no sea ya oro de catorce quilates. Sobrellevar una prueba, o no rebelarse contra los sufrimientos del d铆a, supone un m茅rito del que Dios dispone para bien de otras criaturas de la tierra. No es de extra帽ar, porque todos los hombres estamos misteriosamente unidos para el bien y para el mal. Uno amasa y cuece el pan y los otros lo comemos. Explota una bomba de varios megatones y la radiactividad amenaza a todos los mortales.

L谩piz rojo

En tu vida, hoy ha ocurrido una peripecia dolorosa. Dentro de cuatro d铆as, una semana o un mes, regresar谩s a casa con la hoja de curado en el bolsillo. Desde este momento te doy la enhorabuena. Sin embargo, tienes que pensar que cualquier dolor es un tesoro y el tuyo no se debe despilfarrar. Con unos cuantos d铆as de hospital se puede ayudar a muchos que no te conocen. Soportando una fiebre, reteniendo una queja, sorbiendo medicinas y aceptando pacientemente todas las contrariedades, se puede lograr que alguien alcance la fe, dar nuevas energ铆as a un misionero, consolar a un triste, transformar este mundo... Aunque no veas esto, no por eso deja de ser real, como la existencia de Par铆s o de Estocolmo.

Esto es lo que vengo a recordarte como Cama Misionera. Muchos sufrieron en m铆, con amor y esperanza. Hoy el relevo est谩 en tus manos.

A煤pa

En realidad no es nada de extraordinario lo que tienes que hacer. Cuando te despiertes, procura dar sentido a tu vida de enfermo, aceptando el cupo de sufrimiento que la bondad y sabidur铆a de Dios ha destinado para ti. Notar谩s una inmensa alegr铆a. Luego, cuando te lleguen los momentos dif铆ciles, te cerque el pesimismo o te oprima el dolor, levanta tus ojos al cielo y haz de ti mismo ofrenda generosa. Ahora y entonces puedes estar seguro de que todas las criaturas que te antecedieron y las que te suceder谩n est谩n presentes en tu oraci贸n y que toda esa entra帽able familia se arrodilla contigo a los pies de Dios, pidi茅ndole la salvaci贸n de todo el mundo. Nadie vive para s铆 s贸lo y nadie muere s贸lo para s铆. La soledad nada tiene que ver con una Cama Misionera.

驴Me conoces ya? 驴Te negar谩s a esta maravillosa aventura de ser misionero por unos d铆as? De una Cama Misionera puedes desentenderte f谩cilmente; bastar铆a con que no aceptaras el encargo, pero 驴ser谩s tan duro como para negarte a la compasi贸n cuando t煤 mismo est谩s viviendo unos d铆as de enfermedad? 隆Adelante, amigo!

(Enfermos misioneros, mayo 1962)

Cristo est谩聽 en todo el que sufre. S茅palo este o no, Cristo ciertamente est谩. Y est谩 no solo para compartir, elevar y suavizar los sufrimientos, sino para asociarlos a los suyos, para聽 atribuirles la misma virtud de redenci贸n que la Cruz, su Cruz, tuvo para el mundo. San Pablo nos dice tambi茅n: 鈥淵o realizo en mi carne lo que falta a la Pasi贸n de Cristo鈥, que quiere decir, que a nosotros se nos comunica la virtud redentora de la Pasi贸n de Cristo. Para esto ser谩 preciso un contacto espont谩neo, Ser谩 preciso querer, amar; es una realidad que la virtud redentora de la Pasi贸n de Cristo puede transfundirle a todos los tormentos del hombre.

(Prensa Asociada 4-IV.1966)

CREO EN LA VIDA ETERNA鈥

Y, sin embargo, felicidad es el concepto m谩s 铆ntimo y vital, la idea-eje de la existencia, tan trascendente como la misma de Dios, puesto que 茅l incorpora su realizaci贸n absoluta. Ser o no ser feliz es una posibilidad que deb铆a escalofriarnos a煤n m谩s que la inminencia de una angina de pecho. No obstante, un miedo cerval a nosotros mismos, ese p谩nico que lleva a posiciones disparatadas, ha creado cierta inversi贸n confusa de medios y fin, como esas situaciones de moneda provisional que acaban por olvidar el valor de la divisa.

La felicidad es, ante todo, un destino espiritual, o mejor, un estado de perfecci贸n del alma, que se ultima sobre ese hecho que es nuestra dependencia corporal. Pero en la conjunci贸n humana, la materia es siempre una ordenaci贸n que se subordina al聽 valor absoluto de alma. La felicidad tangible no es recusable en tanto sirva, y no lastra la m谩s alta gracia de las potencias. Lo que contabiliza al fin es la liquidaci贸n favorable del esp铆ritu, pues a煤n a la adversidad sensible, lo que llamamos desgracia, cabe enrolarla con la simple aceptaci贸n, como esas operaciones negativas de 谩lgebra que al fin quedan resueltas bajo el signo de la suma. Gide dec铆a que 鈥la felicidad est谩 en la aceptaci贸n鈥, y Salvaneschi lo justifica en que 鈥渢odo lo que acepta cambia de sentido鈥.

Pero, como dec铆a, hemos aprendido a caminar con truco por el camino de la felicidad. Un buen d铆a viene alguien con nuestro cartel de 鈥渇in de partida鈥 descolgado, nos lo clava a la sombra聽 del cuerpo y, claro, economistas del esfuerzo, amigos del escape y de la componenda, nos sentimos halagados y nos entregamos al dormir placentero. Es as铆 s贸lo como nuestra isla interior queda emparedada por la l铆nea concreta de los cinco sentidos. Lo que importa es el goce ocasional, aunque ya en la misma posesi贸n nos sintamos corro铆dos por las propias limitaciones del placer.

El deseo de los rasgos f铆sicos, la noche de 鈥淲hishy鈥 y el v茅rtigo de la ruleta est谩n minados por la misma transitoriedad聽 que las pompitas de jab贸n de los ni帽os. As铆 lo reconocemos, y, no obstante, se ha llegado a crear toda una 鈥渕铆stica de la dicha sensible鈥. Voces conscientes se aterran ya del fin esquizofr茅nico de esas muchedumbres que, ah铆 en Norteam茅rica y ya en Europa, devoran en las farmacias un bot铆n dicho de 鈥減铆ldoras de la felicidad鈥.

A la Sagan se la sigue, a煤n con el empacho, el casco y la dentera de la carne, porque la vor谩gine de los cuerpos desnudos bajo el sol asordinan lo tr谩gico de la聽 desolaci贸n interior. Margaret y Townsend, Rob铆n, Soraya y lo que usted significa, est谩n hoy en olor de juventudes en fuga, glorificados por esas muchedumbres con esp铆ritu de andaderas que suspiran por la felicidad de saldo, la dicha transferida, aunque 茅sta desemboque en el lanzamiento desde el octavo piso o el escape de gas.

Lo que, en resumen, quiero decirle es que dif铆cilmente se cumple una misi贸n leal apoy谩ndola sobre el ego铆smo, la evasi贸n interior y el deseo ilimitado. La felicidad es una activa, sencilla y esforzada germinaci贸n interior que hay que fructificar con luz y renuncia, sol, heridas y sobre todo, con la petici贸n humilde del riego a quien vela por nosotros.

(Carta a Marlene Dietrich. 鈥楲inares鈥, n潞 90-1958)

Asociaci贸n Amigos de Lolo, 15/04/2013