Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundaciůn Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático de la verdad en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«¬°Siempre, siempre, siempre‚Ķ! ¬ŅY qu√© me dices, a√ļn de un ‚ÄėSiempre‚Äô que rebosa de amor?»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
Únete a los Amigos de Lolo en Facebook Únete a los Amigos de Lolo en Twitter
 

Premios Lolo de Periodismo Joven

Laura Ramírez, X Premio Lolo de Periodismo Joven Laura M. Otón, IX Premio Lolo de Periodismo Joven Irene Pozo Hernández, VIII Premio Lolo de Periodismo Joven José Beltrán Aragoneses, VII Premio Lolo de Periodismo Joven Cristina Sánchez Aguilar, VI Premio Lolo de Periodismo Joven Laura Daniele, V Premio Lolo de Periodismo Joven Samuel Gutiérrez, IV Premio Lolo de Periodismo Joven Pedro J. Rodríguez, III Premio Lolo de Periodismo Joven Pablo J. Ginés, II Premio Lolo de Periodismo Joven María Gómez Fernández, I Premio Lolo de Periodismo Joven

Sacerdocio y martirio en la cuna del aspirantado (II)

En los dif√≠ciles a√Īos 30, se funda en Linares la Juventud de Acci√≥n Cat√≥lica. Al cumplirse los 25 a√Īos de ello, Lozano Garrido, joven que milit√≥ con gozo y entrega en aquel centro de Linares, rememora aquellas fechas.¬† A lo mejor se nos ocurre decir que ‚Äėhan cambiado los tiempos‚Äô; s√≠, ciertamente, han cambiado una barbaridad, como dice la copla. Pero¬† hay bases esenciales, cimientos que no pueden sustituirse. Grave para el edificio es que se muevan los cimientos.

Los art√≠culos que se ofrecen en estos d√≠as en el blog "Lolo, periodista Santo", forman parte de esa serie de art√≠culos conmemorativos del 25¬ļ aniversario.

En fechas ya anunciadas (octubre de 2013) ser√° beatificado un gran grupo de m√°rtires del 36-38. Entre ellos hay Obispos (de Ja√©n y Tarragona), sacerdotes, seglares y dentro de este grupo de seglares, j√≥venes de Acci√≥n Cat√≥lica. Lozano Garrido escribe en 1954, pero narrando temas de antes a 1936. El martirio es una prueba de fidelidad ‚Äėhasta la muerte‚Äô. Y √©l, como tantos otros j√≥venes de entonces, ten√≠a una seriedad en su fe, unos compromisos tan profundamente adquiridos, que ni la muerte les arrancaba de ello.

Pero tambi√©n de esos centros de Juventud salieron vocaciones sacerdotales y magn√≠ficos padres de familia. Era un ‚Äėmenudo grano al viento‚Äô, pero con promesa de abundante cosecha.

Rafael Higueras √Ālamo
(Postulador de la causa de Canonización de Lolo)

Sacerdocio y martirio en la cuna del aspirantado (II)

‚ÄúEl Bautista‚ÄĚ. La infancia acechada. Un sacerdote y un m√°rtir para el futuro. Gloriosa historia de la Juventud de Linares (III, continuaci√≥n)

Manuel Lozano Garrido
Cruzada, n¬ļ 26, ¬†Junio de 1954

Desde que Antonio Cobo conoci√≥ al P. Garc√≠a Alonso, todos los a√Īos el infatigable jesuita se acercaba por Cuaresma a Linares para dar Ejercicios a la naciente Juventud. Una de aquellas noches, lluviosa, pegadiza y mon√≥tona, como lo son esas de invierno inacabables, un grupo bullidor de amigos se cruz√≥ con un chico alto, nervioso y de mirada viva, a la que antepon√≠a invariablemente unas finas gafas de concha.

‚ÄĒ¬†¬°Hombre! Juanito. ¬°Y con cara de aburrido!

‚ÄĒ¬†Llegas bien. Esta noche has de venir con nosotros a los Ejercicios.

La noche no se prestaba al deambular callejero. De Peral bajaba un riachuelo menudo que embarraba las aceras y sobre las calles desiertas, como dormidas por el son monocorde de la lluvia, se iban apagando, una tras otra, la iluminación artificial de los escaparates. El chico alto miró sus pies chapoteados e hizo una mueca de cansancio.

‚ÄĒ¬†Vamos, dijeron los otros.

Y el chico dio media vuelta, como quien acepta un mal menor inexorable.

A sus dieciocho a√Īos, ‚ÄúJuanito‚ÄĚ Garc√≠a del Castillo era uno de tantos mozos faltos a esa edad de un tim√≥n poderoso que pusiera orden en el confuso y revuelto mar de la imaginaci√≥n. A muchos de ellos, la suspensi√≥n casi imperceptible del contacto con la Religi√≥n les llevaba a una indiferencia sobre la que despu√©s caer√≠a el anzuelo del ateismo. A otros, les alejaba la simple falta de una obra de continuidad.¬† Los m√°s sent√≠an un ansia indefinible en el coraz√≥n y -como dec√≠a Aparici- iban a las taquillas de los cines a comprar una felicidad que √©stos no pod√≠an darle. Hoy sospechamos humilde exageraci√≥n el estado de ateismo que Juanito pintaba en sus a√Īos mozos. Parece m√°s veros√≠mil que una larga pasividad le distanciara temporalmente de la pr√°ctica cristiana. Lo que ya es cierto es que, bajo el p√ļlpito, en la ocasi√≥n de referencia, sufri√≥ en el alma una transformaci√≥n extraordinaria. Herido vivamente por la saeta de la Gracia, Juan, que como Saulo ten√≠a un coraz√≥n de fuego que no naciera para las median√≠as, cay√≥ entregado a los dictados de la Luz. Superdotado intelectualmente, con una aguda percepci√≥n casi prof√©tica y en posesi√≥n de una amplia capacidad de amor, Garc√≠a del Castillo conjuntar√≠a, en el apostolado, el don de ir creando intuitivamente delante de las circunstancias y un √≠mpetu arrollador al servicio de su ardiente oratoria. Con raz√≥n, su simpat√≠a por el Ap√≥stol Santiago y el sobrenombre de ‚ÄúEl Bautista‚ÄĚ con que admirativamente se le conocer√≠a despu√©s.

Dicen que cuando al fin se hace la luz en la noche oscura de una incredulidad, se sucede cierto estado de clarividencia que sobrepasa la del creyente habitual. O sea: que el converso, como el ciego devuelto a la visión, siente la íntima verdad de las cosas con una grandiosidad que en el católico nato amortigua la continua contemplación. Así, los pensamientos reveladores de los Newman, Claudel o Chesterton.

En el contrapunto de su pasada adolescencia, Juanito vio especificada su misi√≥n para con la de su √©poca y a ella se entreg√≥, a√ļn hasta ahora, que tiene las manos consagradas.

LA INFANCIA ACECHADA.

No es dif√≠cil concretar la fecha en que el chaval de pantal√≥n corto aparece en nuestra ordenaci√≥n apost√≥lica. En los grupos que en 1927 desgranan corcheas bajo la pauta de don Emilio, hay ya alg√ļn que otro que con su alegre cascabeleo pone una nota cantarina en la incertidumbre de la √©poca. Es verdad que a unas fechas se oler√≠a ya la p√≥lvora, pero ellos nacieron y se habituaron en una atm√≥sfera de anteguerra. Despu√©s, cuando cuatro d√≠as antes de la Rep√ļblica se hace la distribuci√≥n por decurias, aparecen ya encuadrados en la suya los primeros adolescentes. Se les llam√≥ j√ļniores¬† -los m√°s peque√Īos, los benjamines- ¬†y el nombre tuvo una simp√°tica supervivencia. En una fotograf√≠a que se conserva de entonces aparece una fila alborotadora en la que figura, ese chicarr√≥n que es Alberto L√≥pez Poveda. Al fin, el 9 de mayo de 1931 se crea el Consejo del Juniorato, que le da car√°cter oficial. Pero antes intentemos fijar el ambiente.

A la salida del Instituto, despu√©s de o√≠r durante una hora las divagaciones ateo-republicanas con que el profesor de franc√©s salpicaba su docencia, Julio E. llev√≥ al grupo de cuatro amigos, todos estudiantes de catorce a√Īos, al puesto de peri√≥dicos que alineaba entonces sus publicaciones en la fachada del antiguo Banco de Espa√Īa. Pendiente de unas cuerdas, el m√°ximo estado de cochambre y degeneraci√≥n a que puede llevar el malentendido de la Prensa, se balanceaba imp√ļdicamente. Revistillas burdamente anticlericales, como ‚ÄúLa Traca‚ÄĚ y comparsa, tipograf√≠as an√°rquicas de matiz naturalista y sensual, semanarios con p√°ginas de desnudo, como ‚ÄúCr√≥nica‚ÄĚ, y novelitas de la m√°s baja estofa pornogr√°fica se exhib√≠an y comentaban sin el menor recato para la edad.

Los padres de Julio, que no quer√≠an nada con la Religi√≥n y hasta despotricaban de ella, mandaban a su hijo a escuela laica y lo dejaban en amplia libertad de movimientos. Ni que decir tiene que en los catorce a√Īos del muchacho hab√≠a prendido ya el c√°ncer de la pasi√≥n.

Se adelant√≥ y los dem√°s se acercaron t√≠midamente. Entonces Julio se apunt√≥ la ‚Äúhombr√≠a‚ÄĚ de comentar las revistas con un tipo nauseabundo. Al final alarg√≥ unas monedas y se acerc√≥ a ellos con una de las novelitas m√°s subidas. Continuaron la marcha. Delante, unos hombres patibularios se acaloraban demoliendo la sociedad y contando aventuras pasionales. Al fin los adolescentes se detuvieron ante una cartelera de cine y Julio propuso la entrada. Los fotogramas presentaban actitudes abiertas no ortodoxas. Alguno puso ciertos reparos.

‚ÄĒ¬†Mis padres no me dejan.

‚ÄĒ¬†Pero si no tiene nada de particular, ¬†aleg√≥ el jefe de la panda. Eso es un reclamo que luego no sale.

Vio una brecha de vacilación y no esperó más. Sacó las entradas y los demás entraron lentamente.

Aquella noche cuatro muchachos tuvieron un insomnio prolongado. En sus ojos relampagueaba el brillo de la inocencia perdida.

"Entre las muchas virtudes de la Juventud, hubo dos preponderantes: la conciencia de los problemas y el sentido de la responsabilidad"

Hemos dado a Julio E. un nombre convencional, pero su existencia es ver√≠dica como tambi√©n lo es su circunstancia. Dentro de bastantes hogares y fuera de todos ellos el adolescente ca√≠a v√≠ctima de una conjura que le empujaba irremisiblemente a la culpa. Perder a la infancia era iniciarla en el camino revolucionario y la nueva ideolog√≠a necesitaba ante todo el n√ļmero que da el poder sin importarle un bledo su naturaleza. Pero, entre las muchas virtudes de la Juventud, hubo dos preponderantes: la conciencia de los problemas y el sentido de la responsabilidad. Aqu√≠ se fundamenta la presencia de los chavales en los proleg√≥menos del Centro y los perfiles de una fundaci√≥n perfectamente concluida por la inspiraci√≥n amorosa mir√°ndose en sus vicisitudes (Garc√≠a del Castillo y Antonio Garz√≥n al frente), ¬†los mozos de don Emilio pusieron en marcha una instituci√≥n formativa del m√°s puro corte manjoniano. Ense√Īar deleitando con el teatro, los deportes, el atractivo de la ‚Äúbonita‚ÄĚ liturgia, los oradores infantiles y la fragua de instructores con alma, entr√≥ por las puertas del Juniorato un r√≠o de peque√Īos que dejaban en el umbral los peligros de la calle. Preguntad a√ļn hoy, al cabo de los a√Īos, a los que llegaron a ‚Äúcuajar‚ÄĚ. ‚ÄúFueron¬† mis mejores a√Īos‚ÄĚ, os dir√°n. Y les ver√©is en los ojos una pronta a√Īoranza.

UN SACERDOTE Y UN M√ĀRTIR PARA EL FUTURO.

‚ÄúJuanito‚ÄĚ Garc√≠a del Castillo fue el art√≠fice del prodigio. Naturalmente que √©l fue el primer instructor. Hoy, don Juan tonsura su cabeza y es p√°rroco de Abla (Almer√≠a).

Antonio P√©rez L√≥pez fue uno de los chavales de la primera hora. Hoy, en una de las encrucijadas de Castilla, ‚Äúun epitafio de nubes y de vientos‚ÄĚ testifica su martirio. Despu√©s les seguir√≠an una pl√©yade

“… aquellos héroes caídos,

¡qué humildes entre las yerbas!

Y, entre las flores, ¬°qu√© dulces!‚ÄĚ

Y a√ļn una legi√≥n sacerdotal y misionera; pero es consolador detenerse ahora en el pensamiento de que

Dios selló en la cuna del Aspirantado los dos timbres más gloriosos en la historia de la Juventud: el sacerdocio y el martirio.
--
Lolo, periodista Santo
(Blog de ReligionEnLibertad.com)
Beato Manuel Lozano Garrido, 28/03/2013