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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
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Un escritor a la hora de la verdad

Manuel Lozano Garrido
Diario 鈥淛a茅n鈥, 13 junio 1958

Me lo cont贸 el hombre sobre el que hoy quiero hablar. Hab铆a de visitarle un novelista en olor de multitudes. Las chicas se enteraron y le insistieron en conocer a su 铆dolo. Despu茅s, la desilusi贸n hablaba por boca de una:

鈥淯sted no debi贸 de consentirlo. 隆Qu茅 pena! Jam谩s se lo perdonaremos.鈥

Es un hecho que nos deb铆a estar vedado entrar en el 谩rea f铆sica de los hombres con obra en la que se extrema la l铆nea de lo sensible. Cuando se admira a un poeta, despu茅s, al conocerle, no es f谩cil alejarse sin un sentimiento de frustraci贸n. Y es que, tanto el arte como la literatura, son constitutivamente opuestos a nuestra inclinaci贸n a la mitolog铆a. Por eso es absurdo querer hallar el 鈥渓eit motiv鈥 de una sinfon铆a en la nariz aguile帽a de un compositor. En cambio, siempre habr谩 mucho de encarnaci贸n en la entra帽a de un poema o en el escorzo atrevido de un cuadro.

Pero hay m谩s. En pocas ocasiones un hombre suele estar al nivel de su fruto, si no es en la 贸rbita de la santidad. A煤n as铆, la hagiograf铆a se ha cuidado de velar 谩ngulos no censurables pero s铆 en pugna con nuestras ideas t贸pico.

Mas las reglas tambi茅n tienen su excepci贸n, aunque s贸lo sea para confirmarlas.

Cuando en la vida empezaba a perfilar un ideario, tuve en las manos un libro que lleg贸 como un impacto. Se llamaba 鈥淓spa帽a es as铆鈥 y qued贸 algo, en el recuerdo con el trazo de su palabra vibrante. Alguien me dio luego una fisonom铆a del autor que no cuadraba con mi perfil imaginativo. Yo razonaba que a un pensamiento alado, con ra铆z de fuego pentecostal, hab铆a de corresponder una naturaleza que posibilitara y hasta abocara a la ascesis. Y no; mi amigo hablaba de un hombre bajito, y yo ten铆a que concretar ensanch谩ndole hasta hacerle abrumadoramente pl煤mbeo. So帽茅 con un Quijote y me daban a cambio un Sancho Panza. Despu茅s se agolparon los a帽os y un buen d铆a, en el recodo de un verano, alguien me present贸 a un hombre de esta forma: 鈥淎gust铆n Serrano de Haro鈥. La conclusi贸n pod铆a ser breve: all铆 estaba la imagen intuida. Pero hay otra: el encuentro se prolong贸 y entonces pude palpar algo m谩s impresionante que una obra perfecta: el testimonio de esa vida; un cristianismo corporeizado, calando y saturando las acciones.

Ahora estoy convencido de que un Serrano de Haro aislado de su circunstancia supone una mutilaci贸n esencial en su conocimiento. Porque en este caso su magisterio, con ser tan definitivo, no es un puro accidente, un bello reto帽o de su interioridad diversa y fecunda. En el bosque dilatado que es su alma confieso que no tuve sino infiltraciones parciales, pero a煤n as铆 maravillosas. Y sin embargo, no me es f谩cil hablar sino de matices. Por ejemplo: el de su alegr铆a.

芦Un hombre cristiano es lo contrario de un hombre triste, de un hombre viejo禄

Tal vez sep谩is que sobre la naturaleza f铆sica de don Agust铆n hay ya cincuenta a帽os y una visitaci贸n reiterada del sufrimiento. Bien; pues entrar en su 贸rbita es hacerlo en la del optimismo, la juventud y la esperanza. Para 茅l bien pudo escribir Bernanos: 鈥Un hombre cristiano es lo contrario de un hombre triste, de un hombre viejo鈥. La alegr铆a de don Agust铆n es una alegr铆a consecuente, que nace de haber vivido parad贸jicamente el dolor de la cruz.

Tambi茅n podr铆a decir algo de su humildad; de su candoroso no encubrir la sencillez de su nacimiento, de su luz primera entre surcos; de su experiencia del Madrid ilusorio y la juventud como viajante de joyer铆a; de su n贸mina, al fin, de maestro con treinta reales sonantes鈥

Hilando fino, de aqu铆 se podr铆an sacar infinitas derivaciones, pero ser铆a bueno verle s贸lo a la luz de un experimento. As铆 茅l es un te贸rico de la educaci贸n 驴resistir铆a su cuerpo intelectual la prueba de fuego de los 鈥渉echos鈥? 驴Qu茅 ser铆a de sus 鈥減alabras鈥 puestas cara a cara con 鈥渟u鈥 verdad: la profesi贸n activa y la educaci贸n de los hijos?

A don Agust铆n le he le铆do frases muy duras sobre la laboriosidad y el deber. Ahora s茅 que las pudo escribir con la frente bien alta porque supo cumplirlas 鈥渁bajo鈥 y 鈥渁rriba鈥, en la dif铆cil encrucijada de la escuela rural y en el despacho de una Inspecci贸n o de un Ministerio. 脡l llegaba a T铆scar 鈥搇ugar de reposo- con un permiso para rehacer su naturaleza agotada. Cada d铆a, con un tomo bajo el brazo y a la sombra apacible de un almendro, cubr铆a bien el expediente; pero, luego, en la carpeta, sub铆an un mont贸n de asuntos resueltos y hasta alg煤n art铆culo o cap铆tulo de un nuevo libro. Despu茅s, en la residencia le aguardaba el martirio de los aldeanos en visita obligada.

脡l sonre铆a, aunque luego, al despedirse, un tremendo dolor de espaldas le hiciera doblegarse. Yo protestaba por aquella paz apetecida y quebrantada, pero 茅l lo consider贸 como lo m谩s natural del mundo. A trav茅s de caminos accidentados, una caballer铆a le llev贸 muchas tardes a las aldeas para inspeccionar sus problemas escolares y anticiparse en soluciones que abarcaban, incluso, al edificio de la Iglesia. Del entusiasmo que derroch贸 dice la buena parte que le cupo en el nacimiento de dos vocaciones para el Magisterio, un hombre casado y su cu帽ada, que est谩n cubriendo los estudios empezando por el bachillerato.

Esto es lo que 鈥渧i鈥 porque adem谩s, s茅 que la existencia de don Agust铆n ha ido quedando jalonada entre ni帽os y caser铆os.

Los hijos son su fruto educacional m谩s pulido. M谩s que arrogarse ego铆stamente la mejor parte, el hecho supone otra ejemplaridad, ya que los hijos se modelan con dolor y austeridad. Simplificando apunto dos pilares de su pedagog铆a hogare帽a: criterios y autonom铆a. He charlado mucho con Amparo, Agust铆n y Antonio 鈥搕res de ellos- y aun en temas intrascendentes encontr茅 siempre cierta amplitud de pensamiento nacida de principios fundamentales. Edificando as铆, la consecuencia natural de un padre tiene que ser el gobierno a distancia que fomenta la personalidad y permite la prueba de posibles actuaciones. 驴Se le puede negar entonces el t铆tulo de forjador de almas?

Todo lo anterior viene a cuento del libro 鈥Jesucristo, lecci贸n y ejemplo de educadores鈥 que estos d铆as publica don Agust铆n Serrano de Haro. Lo iba pensando cuando le铆a ese conjunto armonioso que es la idea y el testimonio del autor. Estas son ejemplaridades que discurren sencillamente y que cuando llega la ocasi贸n bien merecen un sonoro repique de gozo.

Beato Manuel Lozano Garrido, 26/08/2015