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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
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Vais a saber lo que es un cura

-EL DIARIO DE UN CURA-, DEL PADRE CASTRO, ES COMO TENER UN CORAZ脫N SOBRE LA PALMA.

Manuel Lozano Garrido
Revista Signo (sf)

Seguro que vais a notar como una sacudida de escalofr铆o, pero por nada del mundo quiero que dej茅is pasar por alto la oportunidad. El escalofr铆o es como el pedernal del que brota la llama del entusiasmo, ese 鈥淒ios interior鈥, que dec铆a Pasteur, y c贸mo vamos a llevar a Dios en vilo por el mundo si no tenemos un volc谩n en el coraz贸n.
Os digo, pues, que le谩is el 鈥Diario de un cura鈥, ese libro nuevecito en la colecci贸n 鈥淩emanso鈥 que ha escrito el P. Antonio Castro Zafra, y que se est谩 vendiendo como la espuma.

No me dig谩is que sab茅is lo que es un cura porque cada noche ech谩is聽 un p谩rrafo con algunos de ellos, le ayud谩is el domingo en el suburbio y de ocho en ocho d铆as vais a desmenuzarle las peripecias de vuestro coraz贸n. A los curas, los que no creen tienen la desgracia de no verle m谩s all谩 de su frontera de hombre, mientras que a los otros nos ronda el peligro de que se nos pierda en una visi贸n de ang茅lico alzacuello. A unos se les diluye el Cristo y a otros se nos escurre el hombre. Pero si el ateo puede llegar al Redentor por el hombre santo, a nosotros se nos escabullir铆a siempre el Calvario por entre los 谩ngeles y las ascensiones. As铆, pues, os garantizo que si lo le茅is,聽 en la vida se os va a olvidar lo que es un cura.

EL PADRE CASTRO

Ver茅is. Yo estoy en condiciones de deciros qui茅n es el P. Castro y de avalar lo que cuenta en su diario. Pod茅is creerme porque os lo digo con el pecho abierto, como en una confesi贸n.

Puede que de esto haga como unos cinco a帽os. Un d铆a vino destinado a mi parroquia un nuevo coadjutor. Nos conoc铆amos antes porque 茅l colaboraba en una revista que yo dirig铆a: 鈥Cruzada鈥, una publicaci贸n de tipo juvenil precisamente. Lo de menos es que entonces le cediera los trastos, porque de hecho hac铆amos y deshac铆amos聽 el alim贸n. Lo importante es que yo viv铆a frente por frente de la parroquia y que mi pueblo, fundamentalmente, es minero.

Todos los d铆as, cuando el P. Castro terminaba sus cosas, se sub铆a a mi habitaci贸n y nos enred谩bamos venga a escribir. El cog铆a la m谩quina y, nada folios y folios y yo a mis cosas. Su carpeta era como un baremo de sus preocupaciones. Al principio era leve y delgadita, pero a medida que entraba en los problemas el cuero reventaba de fichas, partidas y documentos. Fijaos lo que es que un hombre tenga el 鈥渧eneno鈥 de los peri贸dicos, de las p谩ginas bonitas o el estilo brillante y que de pronto le veis que pasa horas y horas devorando tomos de medicina y de legislaci贸n 驴Qu茅 para qu茅 estudiaba don Antonio? Porque caridad es tambi茅n poner los codos sobre la mesa y enterarse para聽 alumbrar soluciones.

As铆 fue como supe que hab铆a empezado a crucificarle la preocupaci贸n por el mal de las minas. Puede que no hay谩is estado nunca en una mina, pero os digo que la enfermedad de la piedra, la silicosis, es como pensar en el Gento o el Di St茅fano que galopan por un estadio, meterlos en lo hondo y a los cinco a帽os darles con los nudillos en los bronquios y ya suenan como los tableros sint茅ticos.

El mundo de la mina es como un aljibe lleno de agujeros: har茅 aguas en el tajo, las previsiones, los salarios y, como consecuencia, se resquebrajan los hogares, la salud, los hijos, el coraz贸n; todo se conmociona como resentido por el peso que aplasta los pulmones. Uno lee una estad铆stica de accidentes y bajas, siente su resquemor, piensa que se deb铆a聽 de hacer algo por esa gente, y ya. Pero lo verdaderamente terrible es dedicar la vida a esas criaturas, en la que est谩 Dios; ir a ellas con el coraz贸n abierto y verlas que tienen los ojos volados por la dinamita y cobran 107 pesetas de pensi贸n, mientras hay hombres con talonarios que se fuman un puro con los pulgares en las sisas del chaleco.

Desde la habitaci贸n en que yo he de estar siempre empec茅 a vivir tambi茅n la angustia de la mina a trav茅s de los hombres que tra铆a o ven铆an a ver al cura. Y nada podr茅 agradecer m谩s que el descubrimiento del Cristo que en ellos sufr铆a. Un d铆a me present贸 a un hombre que tenia dos simas profundas en el cuenco de los ojos. Cuando daba la mano -lo cuenta tambi茅n el P. Castro- notabais, como si os succionaran el coraz贸n de un modo extra帽o. A Miguel, el Recio, un t铆o 鈥渕acho鈥 que defendi贸 a Lechuga, el muchacho de la J.O.C. que se pon铆a en cruz en lo hondo y rezaba cuando los otros blasfemaban.

EL DIARIO

Bueno, pues todos esto es el diario, y m谩s: el dolor de un ser a qui茅n pinchan todas las llagas del mundo y sigue con las palmas tendidas a los trallazos porque sus brazos son el 煤nico puente que salva; la soberana fuerza del amor y de la esperanza que escribe cartas, visita ministerios, compulsa informes y batalla tambi茅n por una liberaci贸n humana; la fe, la eterna fe en las alas de los hombres, aunque uno tenga siempre ante los ojos un duro tel贸n de barro鈥

Es verdad que mucho de todo esto es lo que les pasa a todos los curas del mundo pero lo formidable aqu铆 es que todas las circunstancias palpitantes se apoyan en el realismo, el br铆o y la objetividad de una pluma sincera hasta la sangre, precisa hasta astillarse en el esfuerzo, aut茅ntica como la misma imagen del cristal de nuestros ojos.

TESTIGO: EL LECTOR.

Ya cuento que yo fui testigo de cada uno de estos sucesos. Luego le铆a los relatos todav铆a calientes, y como amigo he llegado hasta ese l铆mite que puede dar de s铆 la confidencia sacerdotal. Pues lo estupendo del diario es que 茅l lo escribe y parece que vosotros tambi茅n ten茅is en los o铆dos el acento de su palabra; que cita al 鈥淐hache鈥 o a un silicoso y se dir铆a que est谩is oyendo su estertor de agonizantes; que la soledad lo aplasta a 茅l en una Noche de Reyes y vosotros viv铆s junto a la cama turca, como una c谩mara de cine; que vais por la calle, os cuenta un bautizo, una boda o un dolor y se os pone ante los ojos una mano que pasa siempre, siempre, siempre por la frente de todos como una caricia. Como cuando est谩is esperando al tranv铆a y veis un ni帽o atropellado, as铆 se nota de claramente en el 鈥Diario de un cura鈥 el coraz贸n que se crucifica a cada minuto por todos los que andamos por el mundo.

驴Qu茅 un cura es tambi茅n gloria? Para nosotros, si; hace una cruz y ya estamos otra vez libres. A 茅l la gloria le cae del otro lado de la frontera. Lo suyo es el Getseman铆. 驴Qu茅 a alguien聽 le va a asustar la sangre? Pobre de 茅l porque esta聽聽 es la sangre que redime, la verdadera sangre que empez贸 a derramarse en el Calvario y a煤n sigue purificando a cada uno de los que ocupamos un lugar en el mundo.

Beato Manuel Lozano Garrido, 17/04/2017