Sábado, 13 de junio de 2020.

Sí, en efecto, hoy es el día 13 de junio del año de Nuestro Señor de 2020. Hace, por tanto, 10 años y un día que fue beatificado, en su Linares natal, Manuel Lozano Garrido, a la sazón conocido por Lolo. Y llovía, como atestiguan las crónicas y, en imagen, podemos creer son lágrimas de parte del Cielo. Y esto, por lo de los 10 años y un día, no es ni una condena ni nada por el estilo sino, al contrario, en materia espiritual, un gozo inmenso que podemos agradecer a Dios, quien quita y pone lo que se ha de quitar y poner.

El que esto escribe reconoce que entonces, aquel 12 de junio de 2010 tenía un conocimiento escaso de aquel periodista que iba a subir a los altares. Y, con franqueza, no puedo decir cuándo conocí su ejemplo de vida espiritual. El caso es que desde el mismo momento que me llegó al corazón Lolo, Lolo al corazón me llegó, si ustedes me entienden.

De todas formas, sin haberse cumplido dos años de aquella memorable fecha, escribí esto que sigue:

A los 22 años Manuel se ve confinado en una silla de ruedas y, desde 1943 (un año después) sufre inmovilidad total a lo que sumó la pérdida de la vista (últimos 9 años de su vida) y el ingreso en 1964 en la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE).

Manuel empezó a colaborar en emisiones de radio a pesar de sus especiales circunstancias físicas. En 1940 escribe su primer artículo en la revista “Cruzada”. Funda la revista “Sinaí” (1956) y escribe artículos en la prensa local y nacional. Además, es autor del “Decálogo del periodista” y escribe nueve libros de espiritualidad, diarios, ensayos y una novela autobiográfica haciendo uso de su máquina de escribir, aliada de su espíritu y de su vida.

Lolo no pasa desapercibido para nadie porque se le reconoce el esfuerzo que hace y, sobre todo, la forma de llevarlo a cabo. Acepta su enfermedad de forma admirable y le sirve, la misma, como apostolado que muchos reciben admirando que sea tan laborioso, austero y piadoso y ganándose, a pulso de gozo, una fama de santidad que se tenía más que merecida.

Recibe, por ejemplo, el premio BRAVO de Prensa de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación (Conferencia Episcopal Española) en lo que sería el primero de tales premios. Además, es declarado hijo predilecto de Linares.”

Desde aquel mismo día, siendo la primera vez el primer 3 de noviembre desde aquel mes de junio de 2010, la memoria, digamos, espiritual, la litúrgica y todas las que de por buenas se pueda tener, nos recuerda, no por casualidad, la figura y persona del ya Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo.

Hoy, como es fácil deducir de la fecha en la que estamos o, mejor, este año de aniversario de la Beatificación, es una cifra de las denominadas “redondas” en las que se puede hacer más hincapié en lo que se celebra. Y es que han pasado 10 años desde aquel día y eso lo debemos celebrar de la mejor forma posible. Y aún más a sabiendas de que este mismo año, 2020, se cumplen nada más y nada menos que 100 años de la venida al mundo de quien sería llamado Manuel.

A este respecto, el del aniversario del nacimiento y el de su beatificación, el que esto escribe no es capaz, se siente incapaz, de hacer lo propio que mejore lo que, a estas alturas de la semana, ya se habrá publicado, se ha publicado, sobre Lolo. Y es que cada cual ha de conocer sus limitaciones…

De todas formas, a lo mejor una oración, como muchas (sin querer equipararme, faltaría más) de las que escribió nuestro hermano Lolo, sí es capaz de hacer el que esto escribe. Sirva, por lo menos, como agradecimiento a una vida, a una forma de llevar su vida y, en fin, a cómo nos enseña nuestro Beato a llevar la nuestra en caso de sufrimiento, dolor y malos momentos. 

Oración para Lolo

Tú, encaramado en el sufrimiento,
corazón agujereado por el dolor,
espina clavada en los pasos no dados.

Tú, imagen exacta y perfecta
del sobrenadar lo malo,
de levantar los brazos del alma,
de mirar con los ojos que valen,
los del corazón.

Tú, testigo del Amor de Dios,
así, con la mayúscula de la creencia
y de la perseverancia,
con el reto del mañana cumplido y hecho.

Tú, que tantas noches no viste
pero tantas estrellas tuviste,
viéndolas en una noche luminosa,
haciendo de tu sillón de ruedas
una perfecta salida al mundo,
acercándote a Dios en tu mesa Eucaristía,
allí donde nace la raíz que se ama.

Tú, hermano Lolo, cercano
en la lejanía que no separa,
en la palabra que edifica el alma,
en el torrente purificador de una sílaba.

A ti te rogamos, Lolo, que hagas eso por nosotros,
que Dios, que seguro te escucha,
reciba nuestros sufrimientos ofrecidos,
nuestras cuitas entregadas,
nuestro corazón dado, quizá roto,
para siempre, al Amor del Padre.

Amén.

Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, ruega por nosotros.

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