La Fundación Beato Manuel Lozano Garrido «Lolo», conmemora el 106.º aniversario de su nacimiento (9 de agosto de 1920) y reivindica la vigencia de su legado para el periodismo actual.

El periodista y beato linarense, primer periodista seglar elevado a los altares, afrontó durante décadas una enfermedad que le dejó en silla de ruedas y ciego sin renunciar a su vocación de comunicar y servir a través de la palabra.

La Fundación Beato Manuel Lozano Garrido «Lolo», conmemora este domingo el 106.º aniversario del nacimiento de Manuel Lozano Garrido, nacido en Linares el 9 de agosto de 1920, reivindicando la extraordinaria actualidad de su vida, de su obra y de su testimonio.

“Lolo”, periodista, escritor, laico y beato de la Iglesia católica, convirtió las limitaciones físicas que marcaron buena parte de su existencia en una oportunidad para seguir comunicando, acompañando y sirviendo a los demás. Su enfermedad le llevó progresivamente a la invalidez y, durante los últimos años de su vida, a la ceguera. Sin embargo, nunca permitió que aquellas circunstancias silenciaran su vocación periodística.

La vida de Lolo ofrece, más de medio siglo después de su muerte, una respuesta que continúa interpelando al periodismo: queda la verdad, queda la vocación de servicio y queda la esperanza.

Un aniversario marcado por la candidatura de Lolo como patrón de los periodistas españoles. El aniversario de este año adquiere una especial relevancia porque la figura de Lolo vuelve a situarse en el centro del debate sobre el presente y el futuro de la profesión periodística.

En marzo de 2026, la Diócesis de Jaén, por medio de su obispo, monseñor Sebastián Chico Martínez, manifestó su deseo de promover la declaración del Beato Lolo como patrón de los periodistas españoles. La iniciativa fue presentada durante la Asamblea de Delegados Diocesanos de Medios de Comunicación Social celebrada en Jaén, donde la figura del beato linarense ocupó un lugar destacado.

Posteriormente, la Diócesis de Jaén constituyó oficialmente una comisión encargada de promover la solicitud de proclamación de Lolo como patrón de los periodistas españoles, dando así un nuevo impulso al reconocimiento de quien ya constituye un referente del periodismo cristiano y de la comunicación entendida como servicio.

El decreto episcopal define a Lolo como «un luminoso ejemplo de santidad laical vivida en el ejercicio del periodismo y de la comunicación social».

Para la Fundación, este proceso pone de manifiesto la vigencia de un legado que trasciende su época y que puede ofrecer respuestas a algunos de los grandes desafíos que afronta actualmente la profesión.

“Lolo”, Fue un periodista que no dejó que la enfermedad silenciara su voz; y encontró nuevas formas de hacerla llegar.

La enfermedad comenzó a limitar progresivamente las capacidades físicas de Lolo cuando apenas había cumplido los veinte años. Durante más de 25 años vivió en silla de ruedas y, durante los últimos nueve años de su vida, permaneció ciego.

Pero la enfermedad no consiguió inmovilizar su pensamiento ni su compromiso con la sociedad.

Desde su casa y desde su silla de ruedas, Lolo continuó escribiendo, dictando y comunicando. Fue autor de nueve libros y cientos de artículos periodísticos, convirtiendo la escritura en uno de los principales cauces de su misión y de su servicio a los demás.

Cuando la pérdida de visión le impidió escribir personalmente, recurrió a las posibilidades técnicas de su tiempo: grababa sus reflexiones en cintas magnetofónicas para que posteriormente fueran transcritas.

De este modo, aquella silla de ruedas que podía haber representado un límite, terminó convirtiéndose en una auténtica tribuna desde la que Lolo continuó ejerciendo su vocación periodística.

«Lolo», comunicador de la verdad y de la alegría

Para la Fundación Beato Manuel Lozano Garrido, uno de los aspectos más actuales de su legado es precisamente su manera de entender la comunicación.

En estos momentos en el que el periodismo afronta desafíos como la desinformación, la inmediatez, la polarización, la proliferación de contenidos falsos, las redes sociales, la inteligencia artificial y la pérdida de confianza en los medios, la figura de Lolo invita a recuperar preguntas fundamentales: qué significa informar, para quién se escribe y qué responsabilidad tiene quien comunica.

Lolo no concebía el periodismo como un mero ejercicio profesional ni la comunicación como una simple transmisión de datos. Entendía la palabra como una forma de servicio y una responsabilidad ante la sociedad y ante la verdad.

Su trayectoria representa una defensa de un periodismo comprometido con la dignidad de la persona, especialmente sensible ante quienes sufren, y capaz de mirar la realidad con profundidad.

Lolo defendió un periodismo al servicio de la verdad y de las personas.

Esta forma de entender la comunicación explica que su figura haya continuado despertando el interés de responsables de la Iglesia y de profesionales de la comunicación.

El papa Francisco también puso en valor su figura en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2021, al presentarlo como ejemplo para los periodistas y relacionar su testimonio con la necesidad de «ir y ver».

Lolo vivió una vida marcada por la Eucaristía, la oración y la esperanza. La dimensión periodística de Lolo no puede separarse de su profunda vida espiritual.

La Eucaristía, la oración y la esperanza ocuparon un lugar central en su existencia y estuvieron estrechamente vinculadas a su manera de entender el sufrimiento y el servicio a los demás.

Uno de los capítulos más singulares de su trayectoria fue la creación de Sinaí, una iniciativa espiritual que vinculó a enfermos y comunidades contemplativas mediante grupos de oración por los profesionales de la prensa.

Desde su silla de ruedas, Lolo impulsó así una auténtica red de oración por los periodistas, convencido de que la comunicación y la oración podían contribuir conjuntamente a construir una sociedad más humana.

«La silla de ruedas no fue su límite, sino su tribuna»

La Fundación Beato Manuel Lozano Garrido considera que esta frase resume de manera especial el significado de su testimonio.

Lolo murió en Linares en 1971, pero su mensaje continúa vivo. Su vida demuestra que las circunstancias personales no tienen por qué determinar el alcance de una vocación.

Su silla de ruedas no fue el límite de su vida, sino el lugar desde el que llegó más lejos. Su ceguera no consiguió apagar su mirada, porque aprendió a mirar la realidad con otros ojos. Y su enfermedad no logró silenciarlo, porque convirtió su palabra en servicio.

Un legado que continúa creciendo

La Fundación Beato Manuel Lozano Garrido «Lolo» tiene entre sus principales objetivos difundir su vida y su obra, fomentar la devoción al beato y contribuir a la difusión de su legado y de su causa de canonización.

La institución trabaja especialmente para acercar la figura de Lolo a las nuevas generaciones, a los periodistas, comunicadores, jóvenes y a todas aquellas personas que buscan un testimonio de esperanza frente a las dificultades de la vida.

106 años después de su nacimiento, Lolo sigue hablando.

Y lo hace desde Linares, desde la Iglesia y desde el mundo de la comunicación, pero también desde una experiencia profundamente humana: la de una persona que, frente a la enfermedad y la discapacidad, decidió no renunciar a la verdad, a la esperanza ni al servicio a los demás.

En este 106.º aniversario de su nacimiento, la Fundación invita a la sociedad y, especialmente, a quienes trabajan en el ámbito de la comunicación, a volver a descubrir la figura de Manuel Lozano Garrido «Lolo»: un periodista que hizo de la verdad una vocación, de la palabra un servicio y del sufrimiento un camino de esperanza.

La causa de canonización del Beato Manuel Lozano Garrido «Lolo» continúa abierta.

La Fundación Beato Lolo

Compartir:
Accesibilidad