Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el beato Manuel Lozano, en amigosdelolo.com, en InfoCatólica y otros medios. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es el beato Lolo.

El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.

Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios, la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que mucho. Y, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro ”Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.

Serie frases que bien valen la pena –  Aceptar el sufrimiento

“Sobre todo, lo que vale es que el sufrimiento redime, personal y comunitariamente y que puede quedar en infecundo sin la previa aceptación.” (Beato Lolo, de su libro Cartas con la señal de la Cruz)

Es que Lolo era una persona muy especial”.

Esto dicho arriba es lo que puede llegar a pensarse acerca del sufrimiento y de la relación que tenía Manuel Lozano Garrido, a la sazón Beato de la Iglesia Católica desde el 12 de junio de 2010.

Y sí, es cierto y verdad que Lolo era una persona muy especial. Pero no vaya a creerse que era especial y, luego, entendía el sufrimiento como lo entendía sino era que era, justamente, al revés: entendía el sufrimiento como lo entendía y eso lo hacía ser una persona más que especial.

El caso es que todo, aquí, tiene que ver con una palabra a la que no solemos acogernos mucho en según qué circunstancias estemos o por las que estemos pasando: aceptación.

Podemos ver, a tal respecto, que tal palabra es la última que escribe Lolo este texto de su libro Cartas con la señal de la Cruz que viene a ser, para quien no lo sepa, eso que dice el título: una serie de cartas que le escriben a Manuel personas que sufren y lo están pasando mal y la respuesta que les da el linarense universal.

Pues bien, este texto podría ser el ejemplo perfecto para todo el contenido del supracitado libro porque en el mismo muchas personas le manifiestan a Lolo que sufren y él argumenta aquí, y vale para todo lo demás, que antes que nada hay que aceptar el sufrimiento…

Podemos decir, como muy bien apunta Lolo, que una vez el sufrimiento se ha aceptado, todo lo demás, viene de la mano de tal aceptación.

Es cierto y verdad que no siempre aceptamos el sufrimiento o, si lo aceptamos, no lo aceptamos como lo aceptó Lolo en su vida. Y eso es, además de evidencia de que no lo comprendemos del todo, la más valiosa aportación a nuestro corazón de que tenemos en quien fijarnos en esto de no pasarlo muy bien según y cómo.

En primer lugar, dice Manuel Lozano Garrido que el sufrimiento redime. Y lo hace si, claro, sabemos que eso es lo que pasa si cumplimos con la condictio sine qua non de que lo aceptemos. Y la redención a través del sufrimiento supone que el mismo lo ofrezcamos por alguna santa intención que Dios ha de recibir con agrado: sufrimos pero, a la vez, ofrecemos el sufrimiento es garantía de ser redimidos.

Alguien podría pensar que eso, la redención, es puramente personal. Sin embargo, no es poco cierto que la misma también beneficia espiritualmente a la comunidad de la que formamos parte pues uno de sus miembros ha encontrado salvación y eso ha de venir muy bien a la parte de la que forma parte. Y por eso, diciendo Lolo que sufrimiento redime “comunitariamente” es por lo que es tan valiosa la aceptación de mismo por quien sufra.

¿Vale la pena, por tanto, aceptar el sufrimiento por muy difícil que eso pueda llegar a ser?

En efecto, sí vale la pena pues, de otra forma, el mismo quedará sin fruto y habrá muerto en nosotros la posibilidad de que lo dé.

Sobre esto, no podemos dejar de sufrir que a lo largo de la historia de la salvación ha habido muchos creyentes cristianos, aquí católicos, que han aceptado su sufrimiento algo así como aportándolo al general haber de la comunidad y de Quien depende la misma. Y es por eso ya dijo hace mucho tiempo San Pablo eso de que

Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia” (Col 1, 24)

Y es que, en realidad, todo está escrito. ¿Verdad, Lolo?

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Panecillos de meditación

 

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.

 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo «Bienvenido, amor» (32)

 

“Dios siempre llora al juzgarnos: o de pena, o de felicidad, por nosotros

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