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  4. Al escultor Orea, le hacen encargos para los Museos

Pone como ejemplo, el escultor Antonio González Orea, al El Greco como pintor que rompió en su tiempo muchos esquemas. Y es que el mismo autor que aquí habla, entrevistado por el Beato de Linares para “Cruzada”, sabía que había muchas personas que no entendían la escultura de su tiempo si hablamos de la que lo es religiosa o, en fin, espiritual.

Es verdad que lo figurativo y la estilización en la escultura pudiera pensarse que poco tienen que aportar al arte religioso. Sin embargo, prueba de que esto no es así es lo que dejó, para contemplación de quien quiera, este escultor que, junto a Paco Baños (linarense más que conocido en el mundo del arte) llevaron a cabo una abundante obra de la que nada tiene que arrepentirse A.G.O., como lo llama Lolo en alguna parte de esta entrevista.

Es cierto y verdad que, como dice González Orea, la austeridad aplicada al arte no es nada que se deba despreciar con prejuicio pues lo divino es patente que puede reflejarse sin excesiva exageración que es de lo que, a veces, peca cierto arte religioso.

 

 

Publicado en “Cruzada”, en diciembre de 1956.

 

Para nuestra ciudad, ha cincelado una Virgen de Linarejos.

Probablemente cuando estas letras vean la luz, en el patio de una industria local lucirá ya la imagen en piedra que de la Virgen de Linarejos ha cincelado el escultor Antonio González Orea. En sus líneas, la obra acusa una sensibilidad tan definida que hubiera sido imperdonable su incorporación silenciosa. Si entre el origen del artista y nuestra ciudad mediaran fronteras o centenares de kilómetros a estas horas estallarían los ditirambos aunque la imagen adolecieran de mediocridad. Pero Antonio es de Andújar –ahí, a un paso- y luce un apellido rabiosamente español, aunque ostente un Primer Premio de Artes Decorativas y los mismos museos le hagan ya sus encargos con miras antológicas. Por eso hemos creído prudente traerle aquí hoy, con el heraldo de ese Ministerio de la primera página por el que el lector le valorará y, a su vez, nuestras apreciaciones personales.

Nuestro hombre es joven, aunque seguidamente haya que decir que no estamos ante una primicia hipotéticamente prometedora. En su arte, González Orea es ya un maduro de cierta formación clásica, recibida de maestros como Pérez Comendador, en la Escuela de Bellas Artes madrileña, sobre la que ha ido desarrollando, puliendo y acrisolando una inteligente experiencia creadora. A través de su ya copiosa obra, tomó cuerpo una orientación propia que ahora llega a su vértice de gravidez. Se diría que el secreto está en la intencionada renuncia a las líneas secundarias para servir a la esencial idea expresiva. En consecuencia, la concavidad, el plano y la curva se erigen por su fuerza elemental a impulsos de un vuelo poético, lírico, místico que da a las tallas un permanente estado de gracia.

Si A.G.O. ocupa una cierta actualidad linarense, su interés se nos duplica si aclaramos que “en equipo” con nuestro paisano Baños, cristalizan en nuestros templos, provinciales una tarea de dignificación artístico-litúrgica que, sumada a la del catalán Carulla, han de dar a nuestras naves el marco de belleza que es propio al culto divino. La reforma cumplida en el Santuario de Tiscar, junto a las ya famosas pinturas de Cristo Rey que ahora completará el iliturgitano, hablan bien alto del joven y ya célebre binomio Orea-Baños. Precisamente ha sido éste quien, como el que no hace la cosa, nos le acercó mansamente para después ayudarnos en el acoso.

Antonio ¿Cómo defines tu estilo?

Si hay que encasillarle, resultará difícil, porque estoy al margen de los “ismos”. Ultimo un proceso que se inició por lo figurativo. En esencia es una estilización de formas en aras de la idea. Me obsesiona la expresividad, a la que todo lo supedito, y creo que en la simplificación he hallado el camino. Aun mi obra profana está imbuida por profundo sentido místico.

¿Qué importancia concedes al plano, la línea y el hueco en la obras escultórica?

Como elementos aislados, ninguna. El valor nace de su ordenación conjunta. Los tres se aúnan y el resultado es la ansiada expresividad. Por su sencillez, el plano ayuda a canalizar las formas, podándolas de sensualidad y evitándoles morbidez, con lo que gana en pureza.

Autores que te hayan impresionado fuertemente.

El Greco y Berruguete.

Más.

En lo clásico, Fidias; en el Renacimiento, Donatello.

¿Estilo?

El Románico.

¿Por qué te atrae lo litúrgico?

Por su sobriedad. También por su sentido comunitario, que tan maravillosamente nos hermana.

Un escultor de ahora que mires con interés

Victorio Macho.

Cuando esta charla discurre hace apenas unas fechas que Orea y Baños han “visu” y certificamos originalidad y acierto. En ella, un elemento nuevo, el barro cocido, policromado y encerado se eleva con rango de elemento esencial para ultimar la restauración del Santuario de Tíscar. La obra la conocemos “de prestar valores y matices insospechados. Más de cuatrocientas piezas ensamblan armoniosamente dentro de un bello hacer que recuerda los del mosaico y la vidriera.
Creo que en el retablo de Tíscar hemos llegado a cristalizar la técnica del relieve. Por primera vez el barro de Bailén, moldeado dentro de un procedimiento que definiríamos como terracota, se alza categóricamente. La realización es funcional en lo expresivo y, en ella, lo litúrgico, por su sobriedad, cobra un valor peculiar.

¿Qué ventajas o posibilidades concedes al barro?

La principal está en que el modelado directo excluye la elaboración “estándar” y, por tanto, la artesanía, con lo que el arte gana en plasticidad y liturgia. Al eximir vaciado y reproducciones, la impronta del artista, es más directa.

¿Qué harás ahora para Cristo Rey?

Por lo pronto tres grandes relieves en piedra para la fachada. También, el frontal de la mesa eucarística.

¿Vivimos en las artes plásticas un renacimiento religioso?

No sólo en las artes, sino también en lo humano. Lo mismo que en el Cuatrocientos, hoy se busca más la esencia.

¿Cómo se reacciona ante la presencia del arte actual en el templo?

Aunque duela, hay que confesar la incuria artística de las masas fieles. La ausencia de sensibilidad –falta de formación- se traduce en una tremenda incomprensión. Del arte sacro existe un concepto tradicional que las aberraciones han llevado a términos lamentable. Salirse del santo de tirabuzones o de las columnas salomónicas, es ya un peligroso bogar contra la corriente. Se olvida que a Dios hay que servirle con las manos creadores de hoy y que, en su tiempo, lo clásico fue también modernismo. Ahí está el Greco.

El templo debe ser…..

Una ofrenda de lo mejor del hombre a la divinidad. Ahora y siempre. En su tiempo, S. Pedro de Roma fue una maravillosa selección de primicias. Hoy, la pobreza y la austeridad son también compatibles con la dignidad artística.

La obra en barro de Tíscar lo demuestra.

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