Manuel Fernández Vega (1907-1987), Fray Mauricio de Begoña OFMCap. A él refiere Lolo este artículo aludiendo a las barbas que tenía el hermano Mauricio. Y lo hace con la admiración que suele dedicar el Beato de Linares a quien considera persona importante en su campo.

Es cierto y verdad que hoy día la figura de la persona que ejerce la censura, digamos, de parte de la Iglesia, hace mucho tiempo que pasó a la historia. Sin embargo, lo sano de tal intención no deja de admirarnos, tantos años después de aquel ejercicio.

Ciertamente, el P. Begoña debió ejercer su labor de forma buena y mejor pues, según podemos leer en las respuestas que le hace el entrevistador no es difícil ver que tenía muy claro las funciones que llevaba a cabo y la necesidad de ellas.

 

 

Publicado en “Cruzada”, en noviembre de 1955.

 

El P. Begoña también censura a los que no “van”.

Ha estado en Linares, y durante diez días ha tenido a la ciudad prendida de su palabra, de su fluida predicación sagrada.

Usa barbas, unas barbas capuchinas y pulcras, redondas y cosmopolitas, metidas en todo quehacer y curadas de todo espanto.

Es vasco, y a su genealogía norteña, incorporada al nombre religioso, ha dado a cambio la fama que le acompaña.

Finalmente, tiene una ficha muy densa, ya que rara es la actividad cultural o artística que no fiscalice o a la que no aporte algo Fray Mauricio de Begoña. Es profesor de la Escuela de Periodismo, Catedrático de Griego, Director de la Sección de Filmología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, poeta con ocho libros de versos, entre ellos “Tríptico de Begoña”, el auto sacramental “Asunción”, etc.; publicista de cine, con sus volúmenes “Elementos de Filmología” y “Teoría del cine”, representante eclesiástico en la censura oficial del Estado para el cine y el teatro, historiador de la Orden, viajero universal y un montón de cosas más, que dejamos diluidas en un etcétera muy amplio de actividades.

Aquí ha venido y apenas en unas horas ha unido con su presencia lugares tan heterogéneos como el púlpito, la mina y el escenario; las candilejas del Teatro Olimpia le han enfocado en la conferencia que dio sobre “Actitud del católico ante el cine”.

De pantallas y escenarios sabe mucho el P. Begoña, ya que todo lo que se hace hoy pasa ante sus mismas barbas, y no precisamente de matute. Como convenía divulgar conceptos sobre esta modalidad de la censura, tan necesaria, tan del deseo del Papa y tan de su dominio, nos hemos acercado a él para conocer su criterio.

Fray Mauricio de Begoña viste la estameña parda del Seráfico, se toca con ese capillo que se ahíla en punta y cubre su mandíbula con una pilosidad frondosa, de un regio entretejido de finísimos hilos de plata. Se dan, pues, en su físico, los perfiles para una estampa medieval. Sin embargo, hay en él como un “algo” que le actualiza, un “clima” de hoy que se nos adelanta ya en el recorte meticuloso de la barba, en la línea estilizada de las gafas, en esa mirada que se le agudiza pensando, prologando, anticipando una frase tan otra de la fogosa del público –que se le hace morosa- redondeando la contestación como si la palabra se le perdiera momentáneamente en el laberinto de la perilla para, al fin, aflorar en una idea ingeniosa, sugerente, con gracia.

Nuestro diálogo cristalizó así:

-Llevo ya catorce años en la censura oficial.

¿Y por qué se dedicó al cine?

-Por obediencia. Me lo pidió la Dirección General de Cinematografía y Teatro y me lo ordenaron los Superiores. Claro, a mí también me gustaba.

Es usted uno de los “grandes” de la comisión. ¿Usa el veto?

-No. Existe avenencia. Cada uno se ocupa de los asuntos de su competencia, dejando a mi exclusiva las limitaciones morales.

Padre, ¿qué hace necesaria también la censura de la Iglesia?

-Su derecho al magisterio. Por su fin, el Estado tiene que limitarse a una censura sumaria, pero la Iglesia ha de formar a sus hijos. Su intervención es, pues, positivo-educativa.

¿Qué criterios sigue para la censura?

-Atiendo primero a la parte dogmática, a su fidelidad y a su ortodoxia; que no esté en pugna con los principios. Después, a que no exceda el término del español medio; que no escandaliza. En toda película hay fin y circunstancias; en unas, el fin es bueno, pero escandalizantes las circunstancias; en otras, a la inversa. La crítica debe tener en cuenta las dos cosas.

¿Es más dañino lo visual o el fondo?

-La tesis, que deforma las conciencias. Claro que al español, por su temperamento, le afecta especialmente lo visual.

Las limitaciones morales, ¿perjudican lo artístico?

-No, Chesini, el director italiano, ha dicho: “Hasta ahora la censura no ha impedido ninguna obra verdaderamente artística”.

¿Es una exclusiva nuestra?

-De ningún modo. Es universal, y la tienen hasta Rusia y Francia. En Estados Unidos existe una autolimitación de productores: el Código Hide.

Cintas que destacan por su crudeza

-Las francesas; asombran a la misma Norteamérica.

¿Por qué no vemos “Don Camilo”?

-Más bien por objeciones políticas; un comunismo deformado.

¿Se proyectará “El exclaustrado”?

-Puede que sí.

¿Conoce “El pan vivo”?

-Lo vi en París. Un tema eucarístico que le encargaron a Mauriac y que ha sido llevado con soltura y gracia.

En Olimpia ha hablado del católico y del cine.

-Sí, y ahora diré que su postura debe ser de obediencia, humilde y convencida, a la Iglesia, y de entrega, construyendo un cine de problemas habituales, pero con soluciones cristianas; y sembrando criterios que ayuden a distinguir lo bueno de lo inconveniente. Hacen mal los que se limitan a criticarlo sin intentar “ir” a esos puestos que otros ocupan para el mal.

¿Llegamos con mucho retraso?

-Se ha examinado con buen fin, porque presencia católica hay desde la “Vigilante cura”. Ahí está también René Claire. No obstante, nuestra dedicación debe ser amplia y decisiva.

Una pregunta: ¿Cómo es el mundo del cine por dentro?

-Exactamente igual que el resto, con sus mismas cosas, que aquí airea la publicidad. El ambiente es algo más difícil, pero lo demás, idéntico.

No cabe duda de que las palabras del P. Begoña tienen “miga”. Aquí, en provincias, será difícil producir, pero, con proyecciones y cine-clubs, con la labor personal y en equipo, si cabe esa necesaria formación de criterios que él pide.

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