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“Vd. nunca quiso que sus preocupaciones y sus pequeños y grandes problemas agobiaran a los demás y los abrazaba solo”. ¡Qué bien se representa Lolo así mismo en estas palabras que, sin embargo, dedica a quien escribe la carta, el hombre agonizante que no era otro que el Arcipreste de Linares, don Bartolomé Torres Quirós! Y es que como era el mismo Lolo: quería un dolor “con escafandra” , que no afectaran a los demás sus males.

Es cierto y verdad que ahora mismo, nosotros no conocemos cómo era aquel buen hombre a quien Lolo califica de buen hombre y mejor sacerdote. Sin embargo, también es cierto y verdad que las palabras del Beato de Linares nos sirven y nos valen para entender las razones de que le escribiera una carta, como Director de “Cruzada” que era a una persona a que debió conocer más que bien y a la que admiraba.

Nosotros, aunque sea en la gran distancia que nos separa de aquel día de noviembre, le deseamos que descanse en paz a Don Bartolomé. Y que estas letras sirvan para traerlo al recuerdo.

 

 

Publicado en “Cruzada”, en octubre de 1957.
 

M. I. Sr. Don Bartolomé Torres Quirós

Mi estimado D. Bartolomé,

Son poco más de las doce de esta fría y soleada mañana del primer Lunes de Noviembre y Vd. no leerá jamás la carta que le escribo, porque Vd. está agonizando en la habitación escueta –sobre una cama de hierro pintada de blanco higiénico y esterilizado-, del Hospital. Vd. no leerá mi carta, porque ya hace horas que no entiende nuestro lenguaje y cuando aparezcan estas líneas, estará muy ocupado, gloriosamente atareado, en la contemplación del rostro de Dios. Y sin embargo yo le escribo con la hermosa esperanza de recordar, así, de recordar en familia, el vacío de su ausencia.

Su muerte está siendo como su vida. Sin fulgores ni estallidos. Hasta suave y tímida como quien no quiere molestar. Sin poesía. Hemos rezado el rosario de los misterios de dolor, una monja, dos señoras, un hombre con llanto en los ojos, y yo. Vd. no nos oía, y el crucifijo ha habido que colocárselo sobre un pañuelo, porque sus manos no tienen ya fuerzas para tomarlo. Luego ha llegado el médico y ha dicho en voz alta y delante de todos que Vd. se morirá esta tarde, o quizá esta noche.

En una tregua de la vela junto a Vd., ese hombre con los ojos enrojecidos y yo hemos salido a fumar un cigarro. “Si tuviera que destacar algo en su vida, hondamente sacerdotal, sería esto: su bondad”, -me decía. Yo también lo sé. Vd. estaba conforme con todo. Y aceptaba todo y lo extraordinario, el heroísmo, al pasar por las horas de su vida, adquiría la faceta de lo normal. Sin sensacionalismos ni gestos teatrales. Lisa y llanamente, sin vivir para otra cosa que para ayudar a los demás, así pasó su vida. Tan callada que ahora su muerte tampoco alborota. No llegan a la pobre cama de su habitación grandes filas de gente. La vida de la Ciudad no se altera. Vd. está conforme también con esto. A fin de cuentas, Vd. nunca quiso que sus preocupaciones y sus pequeños y grandes problemas agobiaran a los demás y los abrazaba solo. Ahora, también está Vd. solo. Esta es su muerte: sacerdotal, en toda la dimensión de la palabra. Luego dará Vd. permiso para que le acompañen muchos al cementerio. Pero Vd. ya no los verá, porque los ángeles están engrasando las bisagras de las puertas del cielo y poniéndole cuerdas nuevas a las campanas de gloria para cuando Vd. llegue. Esta tarde o esta noche. No se preocupe, en el cielo no hay noche.

El Director. M.L.G.

P.D.- El M. I. Sr. D. Bartolomé Torres Quirós, canónigo honorario, Arcipreste de Linares ha muerto a las seis de la tarde del día cuatro de Noviembre de 1957.

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