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Empezamos esta semana una serie de cartas apellidadas “con chaqué y azahar” escritas por Lolo. Y esta primera se refiere, precisamente, a la Ilusión ante el porvenir que, en sí misma, no es poca cosa sino mucha y más que mucha.

El ejemplo que nos pone Lolo en esta carta, escrita por alguien a su novia y futura esposa, no tiene nada que ver con la falta de esperanza sino, justamente, con lo contrario: ante lo que es el porvenir de una pareja se pone la ilusión de lo que ha de ser y así se vence toda posible duda.

El caso es que no podía faltar lo único que, seguramente, es importante en esto: el valor sobrenatural del matrimonio, aquello que hace que se una a Dios y Dios una a los esposos. Estar, así, a los planes de Dios es sentirse feliz y dar los pasos con la conciencia bien clara y serena.

 

 

Publicado en “Signo”, el 16 de diciembre de 1961.

 

Querida Carmen:

Me dices que todo esto de nuestro cariño es demasiado maravilloso para no sentir el temblorcillo del miedo. Te crees vulgar ante el espejo y planeas si yo no estaré lanzado a una aventura de ilusión. Verás; quiero contarte algo que me ocurre. A veces me sorprendo ahora sentado en un escalón y contemplando las volutas de un cigarrillo. A ti te asustaría esta formalidad y madre, en cambio, diría que al fin estoy sentando la cabeza. No te inquietes; falta apenas un mes para la boda y no puedo evitar el peso de la responsabilidad. Es la trascendencia de eso tan majestuoso que se va a cumplir en nosotros lo que me espolea a querer estar a la altura de las circunstancias. Esto de nuestro amor visible tiene el encanto y la transfiguración de un secreto que desconocemos, pero lo escalofriante es cuando uno se descubre protagonista de los planes de Dios y ve en el matrimonio el marchamo de un deseo de participación en su portentosa obra creadora. Perdóname, Carmen, que ahora te hable menos de ese brillo de tus ojos azules, de ese himno de alegría que es tu voz, porque me siento estremecido ante esta gestación de astros y planetas que parten de ti y de mí como pilares de un mundo nuevo.
Creo que es así, bajo este ángulo sobrenatural del amor, como podría tranquilar tus reflexiones ante el espejo. Todas las criaturas que amamos, vivimos las ilusiones como un golpe de adivinación, como una infiltración profética en el destino sobrenatural. Como yo te veo a ti, deliciosamente encantadora, es como Dios ha planeado que brilles algún día en su Reino en méritos a esa bondad que a mí tanto me maravilla. Desde aquí te digo que la verdad la tiene esa ilusión, y que si alguna vez la vida nos encara matices menos luminosos, la razón estará en las limitaciones de nuestra naturaleza, que han de quedar barrenadas el día que podamos mirarnos eternamente a los ojos, posesionados ya del amor infinito.

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