Manuel Lozano Garrido, conocido por sus amigos como «Lolo», trabajó «el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de lo eterno»

abc.es, 10/10/2020

En este año 2020, el 9 de Agosto, se cumplía el primer centenario del nacimiento en Linares del escritor y periodista Manuel Lozano Garrido («Lolo»), hijo predilecto de su ciudad, laureado y premiado con abundancia en su quehacer que despuntó en él muy temprano: «Yo empecé casi de niño escribiendo en papeles comerciales, luego con la izquierda, y después dictando a amigos y familiares»; así se retrata él en su libro póstumo «Las estrellas se ven de noche».

En esos renglones deja entrever lo que fue y cómo fue el meollo de su vida y trabajo, porque Lozano Garrido (800 artículos de prensa y nueve librosescribió totalmente paralítico y casi «dictando» toda su producción literaria porque estaba también ciego. Murió en su ciudad natal, Linares, a los 51 años, el día 3 de noviembre de 1971.

Escribir -para él- era su identidad: «Escribo porque existo y la palabra es mi manifestación de vida». Pero cada rasgo de su tinta queda escrita con el oro de su heroicidad, de su superación de cada obstáculo. De algún modo queda todo ello reflejado en su novela autobiográfica «El árbol desnudo», finalista del Nadal.

Se sentía y ejercía como escritor; pero su sentimiento y actitud profunda era ser periodista, como demostró en los tres cortos años que median entre el final de la Guerra Civil y el inicio de su enfermedad (1939-1942).

Este periodista de Linares (Jaén) fue beatificado por el Papa Benedicto XVI el 12 de junio de 2010

Recientemente en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU-San Pablo, de Madrid, se defendió una tesis doctoral sobre su periodismo, estilos, géneros, temáticas…

Linares, desde su origen romano hasta mediados del siglo XX, era una ‘ciudad minera’; esa circunstancia daba a Lozano Garrido un manantial de cuestiones sociales, sobre las que escribe abundantemente con profundo sentido social cristiano: la silicosis, la salud, el urbanismo o la minería, la agricultura o el materialismo.

También tienen cabida en sus escritos la literatura, la pintura o la escultura (locales o nacionales) de su época. Alejandro Fernández Pombo escribía de él: «La verdad es que ‘Lolo’ lo hacía todo excelentemente, y encima como si no le doliese nada, como si la silla de ruedas fuese una motocicleta, como si tuviese una vista de lince, como si se moviese por la redacción de un gran periódico teniendo a su disposición un gran archivo…».

Pero, desde su vocación de periodista, escribe un «Decálogo del periodista» que es sencillamente la quintaesencia de la ética periodística que él desarrolla en otros artículos sobre la cuestión. Por citar solo una de esas máximas: «Trabaja el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de lo eterno y sírvela troceada por el interés, pero no le usurpes al hombre el gozo de saborear, juzgar y asimilarla».

Un perfil, quizá el más hondo en su vida limpia: Lolo (así lo llamábamos por sus amigos) era un hombre de fe recia, un hombre de Dios. Esa luz que iluminaba su ceguera era la brújula que orientaba todos sus escritos. Desde esa fe cristiana él fundó la Obra «Sinaí», grupos de oración por la prensa. En la actualidad se cuentan más de 50 en España y en el extranjero. Por todo ello, su vida, sus escritos y su obra, el Papa Benedicto XVI lo beatificó el 12 de Junio de 2010, hace ahora 10 años.

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