El 9 de mayo de hace dos años, en 2019, el P. Rafael Higueras, a la sazón, Postulador de la Causa de Canonización de Manuel Lozano Garrido (ya lo fue de la Beatificación de nuestro amigo) escribió en esta casa acerca de lo que Lolo había dejado escrito en su agendilla y que era que aquel día, 9 de mayo de 1941, era el “12 aniversario de su Primera Comunión”.

Si hacemos, por tanto, las cuentas, nos sale que Lolo recibió a Cristo, por primera vez, el 9 de mayo de 1929. Y, como sabemos que había nacido un 9 de agosto de 1920, aún no había cumplido los 9 años cuando el Hijo de Dios tomó posesión de su corazón y de su alma.

¡La Primera Comunión!

Sobre esto mismo, también escribió el P. Rafael aquel día que cuando Lolo viajó a Lourdes (en 1958) quiso que su hermana Lucy le pusiera a la Virgen una vela pero no una vela cualquiera sino “la vela más larga que encuentres para que nuestra fe no se apague”.

Recibir a Cristo por primera vez y relacionarlo, precisamente, con su Madre, María, no es producto de la casualidad sino, exactamente, de la verdad de una fe profunda y de un amor incondicional tanto al Hijo como a la Madre.

Es cierto y verdad que en la imagen que aquí hemos traído, Lolo está hecho un verdadero pincel. No le falta detalle alguno de los que, por costumbre, son de uso ordinario en tal ocasión. Pero estamos seguros de que la procesión, pero de la buena, iba por dentro.

Apenas unos años después Lolo manifestaría su fe de muchas maneras alguna de las cuales podría haber sido fatal para su vida como sería llevar la comunión a los encarcelados en aquella cajita de pastillas Juanola que tanta fama ha acabado teniendo. Pero, para eso, mucho tuvo que pasar por su corazón antes.

Los años veinte del siglo pasado aún no lo eran de ira y de rabia contra lo religioso y, en concreto, contra lo católico. Por eso podemos imaginar a Lolo recibiendo el conocimiento necesario para poder aceptar a Cristo en su corazón vía sacramental y hacerlo, como era, de forma alegre y viva. No se preocuparía porque creyese que las cosas iban a ir tan mal que hacer eso, comulgar, podría conllevar peligro de muerte aunque él mismo manifestase que le hubiera gustado ser mártir y lo dejase escrito en uno de sus libros.

Pero, para eso, para querer ser mártir voluntario también se ha de tener bien sembrado y abonado el corazón. Y creemos que Lolo recibiría el amor de Dios a corazón lleno mientras adquiría el saber necesario para recibir su Primera Comunión que, estamos seguros, ansiaba más que nada.

¡La Primera Comunión!

Su fe corría pareja al velón que sostiene en la foto. Es decir, era grande y larga, hermosa y profunda. Y Lolo no iba a aceptar a Cristo de cualquiera manera sino de la forma cómo luego demostró que lo había aceptado y que era con todas las consecuencias de perseverancia y de apoyo espiritual en su hermano Jesús y en la Madre que el Hijo había entregado poco antes de morir a otro valiente de nombre Juan.

El caso es que podemos imaginar a Lolo encender el velón y ver cómo, poco a poco, la cera se va derritiendo y va consumiendo su cuerpo. Y, entonces, el niño, aquel que lo había sostenido para la fotografía, vería en las gotas de cera lágrimas de gozo por lo que iba a ser su vida. Y entonces, luego de haber recibido a Cristo en su cuerpo, luego de recibir su Primera Comunión, saber que todo estaba consumado (como lo estuvo para Cristo en la Cruz) y que, en lo sucesivo, sería un buen hermano de un tan gran Hermano Jesús, fue todo uno.

Vemos, sin embargo, que Lolo, en la imagen, está más que serio. Pero es una seriedad, seguramente, llena de luz de Dios. Y como no sabemos si la fotografía fue tomada antes o después de comulgar por primera vez, podemos pensar que, de ser antes, los nervios serían más que notables y, de ser después, la seguridad de haber hecho algo que tanto ansiaba, le daba una certera seguridad en su fe y en su forma de pensar.

Hoy, por tanto, es un día muy especial. Y sí, es verdad que han pasado muchos años desde aquel 9 de mayo de 1929 y que tantas cosas han adornado o estropeado el mundo pero no es poco cierto también que la firmeza que podemos ver en Lolo en la imagen que aquí hemos traído y que es más que oportuna, nos da la seguridad de que somos amigos de alguien que sabía muy bien de Quién lo era. Y eso nos alegra y nos llena de gozo, vaya que sí.

 

Lolo junto a la Virgen sujetando un velón el día de su Primera ComuniónSe ha ensanchado su corazón,
ha entrado Cristo,
la Luz del mundo lo posee
y es por siempre.

Lolo, amigo de Dios
y hermano de Cristo,
felicidades por este día,
entonces, lejano el tiempo,
goza en tu bien merecido Cielo.

Amén.

 

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