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  3. Cuando era un sacerdote joven, un santo murió entre sus brazos: la huella de Manuel Lozano Garrido

Pablo J. Ginés 1 | Religión en Libertad, 17 febrero 2022

Rafael Higueras era un joven sacerdote de 26 años cuando llegó en 1965 a Linares (Jaén) y conoció a Manuel Lozano Garrido, a quien todos llamaban Lolo. Lolo llevaba ya 20 años paralítico. Más recientemente, había quedado ciego. El joven sacerdote desde entonces pasó cada semana al menos dos tardes en su casa. Lolo moriría precisamente en sus brazos el 3 de noviembre de 1971, dejando una huella profunda en la Iglesia. Higueras se convirtió en el postulador de su causa. Lolo fue beatificado en 2010 y se le considera patrón de los periodistas católicos españoles.

Lolo, su hermana Lucy y Rafael Higueras, en la casa de Lolo, en 1965

– Rafael, dice usted que el beato Lolo murió en sus brazos…

– Sí, literalmente, yo lo estaba sosteniendo cuando murió. Yo estaba en la puerta del hospital de Linares y salió su médico. ‘Rafael, Lolo se esta muriendo’, dijo. Llegué a casa de Lolo 10 minutos antes de que muriera. El médico me dijo: ‘incorpóralo’. Lo alcé para ayudarlo y en ese momento murió.

– ¿Y qué hicieron?

– Yo le di la absolución y luego hicimos una misa allí mismo, de inmediato, en un cuarto de hora, recién muerto, sin cambiarlo ni nada. Su hermana Lucy, su cuidadora, me dijo que él había pedido que yo dijera una misa en cuanto muriera, y así lo hicimos. Luego el tribunal de Causa de los Santos dijo, como una especie de piropo: «qué absolución tan perdida», en el sentido de que él era santo y no lo necesitaba.

– ¿Qué hacía especial al beato Lolo?

– Lolo era inválido, ciego y paralítico. También era eucarístico -de comunión diaria-, mariano y lleno de amor por la Iglesia. Pero, en sus duras circunstancias, destacaba siempre por su alegría perenne.

Rafael Higueras con las reliquias del beato Lolo en la catedral de Jaén, al finalizar el Centenario de su nacimiento.

– Además de paralítico y ciego, ¿tenía dolores?

– Sí, le dolía siempre, y más cuando lo levantaban y acostarlo, algo que costaba hora y media cada día. Era una operación muy complicada que hacía su hermana Lucy. Usaban muchos cojines, porque él ya se había ido quedando sin carne sobre los huesos. Él hacía bromas. «Lucy, ponme el cojín 24», bromeaba. Pensemos que si vivió tanto tiempo con su grave enfermedad, de 1942 a 1971, es porque Lucy se volcó cuidándolo.

– Alguna vez se quejaría Lolo, imagino…

– Yo sólo vi una ocasión parecida a una queja. Los amigos de Lolo y voluntarios le visitábamos con frecuencia, le leíamos cartas, el periódico, etc… Yo le llevaba la comunión y me sentaba un rato con él. Y un día me dice: «mira lo que hay bajo el tapete». Era la carta de un sacerdote que anunciaba que iba a dejar el sacerdocio. Y él comentó: ‘¿cree que no me cuesta a mí mi cruz? ¿Por qué se baja de la suya?’. Es la única vez que le oí algo parecido a una queja. A raíz de eso, escribió una oración por los sacerdotes.

»Pero en realidad no había forma de que se quejara. Por ejemplo, le tenía mucho miedo a las transfusiones de sangre y con razón, porque se las ponían por la yugular, en una postura muy difícil. Era sangre de su amigo Pepe Calleja, compatible. Y él bromeaba: ‘tengo más sangre de Pepe que mía’.

»En el fondo, Lolo era un guasón, se reía enseguida, de muchas cosas, de su propia sombra, de chistes, etc… Una vez de joven, en una peregrinación a Santiago en tren, montó una especie de procesión con un colchón y otro amigo, que luego se haría sacerdote. Se reía de mucho, pero nunca se reía de los demás.

»Su médico, Juan Pérez, le decía: «eres mi enfermo más grave, pero el de mejor salud, porque sales de todas las crisis». De hecho, recibió 4 veces la unción de los enfermos, como cuenta en su librito póstumo Las 7 Vidas del Hombre de la Calle, que trata de los siete sacramentos.

– Como escritor, escribió sobre el dolor, las limitaciones…

– Señalaba 3 actitudes ante el dolor. Está, decía, la actitud de quien «no ha ido más allá del escozor» y dice «Dios me ha quitado»; está el que acepta, y dice «Dios me ha pedido»; y luego está el que puede dar valor comunitario al sufrimiento, y ofrecerlo a Dios por los demás. Eso es lo que él hacía y proponía.

– ¿Cómo escribía?

– Primero por sí mismo, con dificultades. Al empeorar, se hizo atar el lápiz a la mano con una goma y hacía garabatos. Más adelante, cuando ya no pudo, dictaba a Lucy o a sus amigos.

– ¿Qué temas le interesaban, además de los espirituales?

– Le interesaba mucho lo que pasaba en el Concilio Vaticano II, por ejemplo. Cuando se publicaron los documentos conciliares sobre medios de comunicación, se alegró. «Vaya, los obispos prestando atención a los periodistas», decía. Él se había adelantado en ese tema.

»Y le interesaban los temas de justicia social. Linares era minero y era un tema recurrente en su pluma. Hablaba de las familias con dificultades, la silicosis, los salarios. Había unas monjas, las Hermanitas de la Asunción, que cuando caía enfermo un minero, hacían de madre en la casa, atendían a los niños y cuidaban al enfermo mientras trabajaba la esposa. Estas religiosas influyeron mucho en Lolo en sus retratos de la realidad social.

Diciembre de 2002: los periodistas Jesús Colina, Paloma Gómez Borrero y Álex Rosal (no presente en la foto), acompañados de Rafael Higueras, entregaban a San Juan Pablo II la petición de 200 periodistas apoyando el proceso de canonización de Lolo.

– ¿Cómo llegó a ser un intercesor por los periodistas?

– En 1958 Lolo y Lucy fueron en peregrinación a Lourdes, y volvió pensando en cómo «rentabilizar» el dolor de los enfermos, cómo ofrecerlo con fruto espiritual. Al pasar por Madrid se reunió con un grupo de católicos inquietos y sacerdotes que escribían, como Martín Descalzo, José María Javierre y Antonio Montero, gente de la que estaba fundando PPC. Lolo pensaba que los enfermos podían ofrecer su dolor por las misiones, pero le dijeron que era necesario orar también, y ofrecerlo por los periodistas y escritores. Y así nacieron los Grupos de Oración Sinaí.

– ¿Por qué se llamaban «Grupos Sinaí?

– En la Biblia, los israelitas se enfrentan con sus enemigos en una batalla en el Sinaí [en Éxodo 17]. Mientras Moisés eleva los brazos, ganan, pero si los baja cansado, pierden. Entonces Aarón y Hur le sostienen los brazos. Así, los enfermos y personas que oran son como Aarón y Hur, que sostienen a los periodistas y a la Iglesia.

– ¿Qué tal funcionaron esos grupos de oración? ¿Se mantienen hoy?

– Lolo los impulsó mucho, publicaba con fatigas una hoja llamada ‘Sinaí’ y coordinaba que 12 enfermos y un monasterio oraran por un medio de comunicación concreto. Llegó a «apadrinar» así entre 30 y 40 medios católicos.

»Hoy hay unas 600 religiosas que forman parte de esta obra y que rezan una vez a la semana la oración por los periodistas que escribió Lolo. Yo me aseguro, siempre que puedo, de que la tengan bien visible en la puerta del coro, que no se olviden. Pero querríamos ampliar esta iniciativa, que recen laicos, enfermos…

– ¿Tendrá Lolo una película, como la de Petra de San José, por ejemplo?

– ¡Yo trabajé en el milagro que sirvió para beatificar a Madre Petra! Era una mujer que dio a luz en su casa, en un pueblo de Jaén. El niño nació bien, pero la madre se desangraba. Pusieron una estampa de Madre Petra y se recuperó. Y el niño llegó a ser el párroco de San Agustín, en Linares. ¿Una película de Lolo? Yo tengo varios folios escritos como un guion, y muchas diapositivas, aunque lo pensaba más como un documental. Pero una película de biografía puede ser más divulgativa.

– En el altar de la parroquia de Santa María en Linares está el arca con los huesos de Lolo…

– Sí, y en su pila bautismal se bautizaron él y San Pedro Poveda, que nació en la misma calle que Lolo. Pusimos una placa dedicada a Lolo en su casa cuando empezó el proceso de beatificación. Ya en vida era hijo predilecto del pueblo. Tengo cariño a Linares, mi primer destino. Y siempre les digo: «bueno, esta calle es la milla de santidad, ¿eh?». Lolo, desde su primera vivienda, podía llegar a ver la capilla del sagrario de la iglesia. Y decía: «mi mejor vecindad es que tengo al Señor enfrente».

El entrevistador junto a la urna de las reliquias del beato Lolo en Santa María, en Linares.

– En pandemia se cumplió el Centenario de nacimiento de Lolo, con bastantes actos…

– Sí, muchos, y con un eco maravilloso pese al virus. Unos 5.000 niños han pasado por Linares, y muchos adolescentes de 14 a 18 años, que han conectado con Lolo de una forma que me asombra. Los capellanes de juventud e infancia lo han llevado muy bien, con concursos, pinturas, juegos… Y también hubo una jornada con periodistas y escritores, otra de Adoración Nocturna, otra de la HOAC…

– Para canonizar a Lolo falta un milagro…

– Sí, nos llegan gracias y favores y curaciones y las vamos examinando. Yo siempre digo que mejor si es de por aquí, no tener que ir a la otra punta del mundo. Nos han llegado testimonios de América Latina. Ya veremos.

Más sobre el beato Lolo, su obra, espiritualidad y oraciones en AmigosdeLolo.com

Notas:

  1. II premio Lolo de Periodismo Joven de UCIPE. Redactor jefe en ReligionEnLibertad.com
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