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  3. Decir tanto en tan pocas palabras

Seguramente es lógico decir que lo que importa en un texto que se ha de leer es, precisamente, el texto. Sin embargo, no conviene perder de vista lo que introduce el citado texto y que no es otra cosa que el título. Y es que es más importante de lo que puede parecer y en el caso de Lolo destaca sobremanera.

El que esto escribe, si bien por influencia ajena y ya muy antigua, la da mucha importancia a los títulos tanto de lo que uno escribe como de lo que lee. Y cuando hablamos de Lolo… la cosa se pone más interesante.

Lo primero que nos sale al encuentro  son los títulos de sus libros que dice no poco de ellos. Así, por ejemplo:

El sillón de ruedas, que nos anticipa la situación personal del escritor.

Dios habla todos los días¸ donde es fácil apreciar la relación del Creador con su criatura.

Mesa redonda con Dios¸ donde se ha de reconocer a Dios en lo ordinario de la vida.

Las golondrinas nunca saben la hora porque en ellas refleja su inmediata ceguera.

Cartas con la señal de la cruz pues el sufrimiento nace de la misma Cruz de Cristo.

Bien venido, amor, pues siempre ha de ser aceptado el que uno recibe.

Reportajes desde la cumbre, porque Dios se dirige a su descendencia desde Su cumbre.

El árbol desnudo, que es cómo se siente el autor.

Y, ya, por fin,

Las estrellas se ven de noche, siendo, por el contrario, una luz en el camino de los lectores.

Y eso lo decimos al respecto de los títulos de los libros que vio publicados o que, incluso, lo fueron a título póstumo como el último de ellos. Pero también está publicado hace poco y de título “Las siete vidas del hombre de la calle” donde bien se comprende que se refiere a los siete Sacramentos aplicados, eso, al ser humano ordinario, el común, cualquiera de nosotros.

Y luego están los títulos de los capítulos de los libros que son, por decirlo pronto, más que maravillosos y que nos muestran a un autor lleno de vida y de espiritualidad repleto. Veamos, al menos, unos cuantos de ellos:

De El sillón de ruedas¸ títulos como “El pan de cada día” (y, dentro de este, el maravilloso capítulo III de título “Profesión, invalido” que lo dice todo), “Entre lágrimas”, “El amor con sello de urgencia”, “El dolor se arrodilla” y “Letanía en Cruz”, nos muestran a un Lolo que, al ser el primer libro que escribe nos presenta su realidad dolorosa pero, a la vez gozosa.

De Las estrellas se ven de noche, títulos como “Surge una estrella”, “El lucero  de mi nombre”, “La luz que no se esconde” y, para terminar, “Mensaje de la ultima golondrina” donde, para que se vea la importancia de un buen título, Lolo escribe esto:

“Golondrina: todos los días, sin faltar uno, recuérdame la primavera y ayúdame a rezar cada mañana la hermosa letanía de la esperanza”

‘Con dolor o tristeza,

creo en ti primavera.

Con la frente en el suelo o la amargura en los labios,

creo en ti, primavera.

Con la vida que apenas luce más que una vela muy corta,

creo en ti, primavera.

Tentado contra el amor o la esperanza.

Creo en ti, primavera.

Ahora, mañana y siempre,

Creo en el Dios que nos regaló la primavera

Y que nos hizo posibles primaveras’.

Es seguro y más que seguro que si trajésemos aquí los títulos de todos los capítulos de los libros de Manuel Lozano Garrido más de uno se llevaría las manos a la cabeza al darse cuenta de que nuestro amigo era un experto titulador y que lo hacía con conocimiento de causa. Es más, que cada título expresa lo que será el contenido del mismo y que condensa, en muy pocas palabras, toda una profesión de fe en el periodismo y toda una forma de hacer las cosas propia de quien, sabiendo lo que hace… va y lo hace.

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