No vaya a creer nadie que el título de este artículo, de estas cuatro letras juntas, está equivocado o algo por el estilo aunque, eso sí, tiene algo de creación la cosa porque, ciertamente, se trata de una feliz mezcolanza del nombre de nuestro amigo, Lolo, y de la palabra “elogio” pues, en efecto, esto es una loa, una alabanza o, en fin, un elogio centrado en el mismo Lolo…

El caso es que deshacerse en eLologios quiere decir, por ejemplo, esto que sigue (a lo que se anima a cualquiera que esto lea a hacer la lista más larga):

eLologiamos a la persona que era Manuel Lozano Garrido por haber sabido mantener un ser de puro criterio y no haber desfallecido nunca ante la adversidad,

eLologiamos al Beato de Linares (Jaén, España) por haber mostrado un tesón que no es que fuera extraordinario sino que estaba por encima de lo que es superior,

eLologiamos al linarense universal por habernos dicho, en sus escritos y con su misma vida, que todo lo que parece imposible de superar, mire usted, es superable aunque no siempre sea fácil la superación,

eLologiamos a aquel que no quería ser siquiera Beato porque, a fuerza de un comportar como el suyo, para que vean ustedes, acabó siéndolo,

eLologiamos al que él mismo llamaba “inútil” porque bien sabemos que tal palabra no le pegaba nada de nada sino que tuvo una vida que fue, entonces, útil y que ahora mismo es lo más útil por su ejemplo, por ejemplo,

eLologiamos al habitante en un sillón de ruedas porque se hizo muy amigo de la adversidad y la tuvo por compañera de sillón y de cama, allá donde maldescansara su cuerpo,

eLologiamos a quien supo que Dios habla todos los días porque, precisamente, habló por él cada uno de los que vivió hasta que el Todopoderoso lo llamó a su Casa aquel noviembre de 1971,

eLologiamos a quien comprendió el mensaje de su Creador que, desde la cumbre, envió múltiples reportajes en los que demostraba su Amor por cada uno de nosotros incluido Lolo,

eLologiamos a quien supo que el hombre de la calle refleja, con su vida, los Sacramentos que Cristo dejó afianzados con su vida y su mismo ser,

eLologiamos a Manuel, a Lolo, a Lozano, a Garrido porque, se diga lo que se diga, nunca habrá suficientes palabras para agradecer lo que nos ha dejado dicho en sus escritos y en los corazones de los que lo conocieron y aún pueden dar testimonio de tanta grandeza y, por fin,

eLologiamos a un hombre que, a pesar de no querer ser santo por no pretenderlo consiguió justamente lo contrario, ser santo a ojos de los que lo conocieron y a corazón de los que, con el tiempo, hemos formado parte de su inmenso círculo de amigos.

En fin… que eLologio debería ser palabra reconocida por la Real Academia de la Lengua Española aunque, de todas formas, no nos importa nada que no sea así porque es reconocida por Quien todo lo ha hecho y mantiene.

Amén.

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