Es posible que el título del artículo pueda llevar a engaño. Y es que no nos referimos a que el Beato Manuel Lozano Garrido tuviera una segunda vida o algo por el estilo o un lugar donde poderse esconder. No. Aquí nos referimos a lo que uno puede descubrir cuando se lleva a los ojos y al corazón los artículos que publicó en la prensa de su tiempo. Por eso decimos que se trata de un mundo “escondido” pero, gracias a Dios, fácil de descubrir porque es tan sencillo como leerlos.

Como podemos imaginar, Lolo escribió, por decirlo así, de todo lo que le interesaba que era, sencillamente, todo pues nuestro Beato tenía un interés por todo lo que le rodeaba y por lo que había más allá de sus alrededores físicos, que no dejaba nada sin tocar o, por decirlo de otra forma, no había tema que se le pudiera resistir.

El que esto escribe ha de estar, en esto también, muy agradecido a Lolo porque le ha dado a conocer a muchas personas que, en diversos ámbitos, han colaborado en enriquecer el corazón de uno y eso, se diga lo que se diga, ha de ser agradecido.

Por ejemplo, a lo largo de sus cientos de artículos publicados en la prensa de la época, Lolo nos da noticia, entre otras personas y realidades, de esto:

Gracias a un artículo, publicado en “Cruzada (En sus números 34-35 correspondientes a los meses de julio y agosto de 1955) de título “Dios salió al paso de Carmen Laforet”, ganadora, tal escritora, del premio Nadal en 1945 con su obra “Nada”, el que esto escribe conoció una obra de la misma autora de títuloLa mujer nueva” que había resultado ganadora del Premio Menorca de 1955 y a la que le sería otorgada el Premio Nacional de Literatura de 1956. Y es que la misma autora reconoce que lo que ha pretendido con el libro es

“mostrar el catolicismo como vida transformando totalmente la existencia de la persona.” Así se descubre un tesoro escondido en un texto de Lolo.

Gracias a otro artículo, de título “Tom Dooley tiene una cita con la muerte”, publicado  en el ”Diario Jaén” el 28 de febrero de 1964, el que esto escribe descubrió la existencia de un misionero laico y católico (1927-1961) que hizo de las suyas, en el buen sentido, en el corto espacio de tiempo que pisó el mundo. Este libro, escrito por Alejandro Fernández Pombo, buen amigo del Beato de Linares, nos muestra hasta dónde se puede llegar si se hacen las cosas desde la fe y no se duda al hacerlas por muy malas que sean las circunstancias por las que se pueda pasar.

Y, por fin (por poner sólo tres ejemplos de esto que decimos), gracias a un artículo de título “El mejor cuento de Pablo Ramírez”, publicado en el “Diario Jaén” en fecha por determinar pero, haciendo referencia Lolo en el artículo a que Pablo Ramírez, linarense como nuestro Beato y dibujante y escritor, a que lo había visitado cinco días antes de su muerte, acaecida en 1966, sería aquel año sin duda en el que diera a la luz pública sus letras sobre su amigo (que, por cierto, y a tenor de lo que se puede leer en tal artículo, moriría a causa de una enfermedad ósea que fue el origen, también, del sufrimiento de Lolo). Pues bien, gracias a tal artículo ha conocido el que esto escribe a un insigne dibujante y escritor de los años 50-60 del siglo pasado tenido por uno de los mejores que ha habido en este tipo de arte. 

Podemos ver que, en esto, Lolo también fue sumamente generoso porque no se guardó, debajo de ningún celemín, la luz que, en sus escritos, podría ser aprovechada por aquellos que los leyeran entonces o, por ejemplo, ahora mismo.

En realidad, el mundo escondido de Lolo está más a la vista de lo que pudiera parecer en principio y nos viene la mar de bien para ampliar nuestras fronteras artísticas a campos no conocidos y, ni siquiera, esperados aunque esto último, viniendo la cosa de Lolo, en fin… como que es harina de otro costal.

 

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