Ellos y ellas concretan la media naranja

Manuel Lozano Garrido, el Beato Lolo, hace en sus escritos muchas entrevistas en las que los entrevistados han de contestar a multitud de cuestiones. Ahora bien, no se trata de preguntas absurdas sino que van al meollo de los pensamientos y de las almas.

Cuando se pregunta a un hombre y a una mujer por las cualidades de la persona que va a ser su esposa o su marido, es de esperar que haya contestaciones como las que trae esta encuesta. Y es que siempre se espera lo mejor del otro.

Ciertamente, se diga lo que se quiera decir hoy día de las relaciones entre hombres y mujeres casaderos, lo bien cierto es que en tiempos de esta encuesta (1964) prevalecían cualidades más que sanas en las esperadas de parte de los novios y, seguramente, algo más realistas que las que hoy día puedan darse en tales casos.

 

 

Publicado en Prensa Asociada, en febrero de 1964

 

LA MUJER: «Más que nada, que sea un verdadero hombre»

«Que una mirada suya me de fuerzas para seguir adelante»

EL HOMBRE: «Pienso en ella como en una acequia que nos canalice algo de la infinita gracia de Dios»

«Que sea conquistada por nosotros y no nosotros por ella”

El amor es el pan de cada minuto, un ascua roja puesta en el centro del corazón que arde de día y de noche con sol y con niebla, o bajo el azote implacable del temporal. Pero el amor es también una fructificación. Se siembra un día y cualquier mañana nos vemos sobre la palma extendida la redondez de un fruto. Por eso, el amor tiene un símbolo específico en la primavera, la estación de la exuberancia. Ahora cuando los rosales van a florecer y la sangre estrena como un empuje tremendo de savia recién nacida, una mano fresca va trazando sobre los cielos las letras azules y rotundas de la ilusión.

Hoy, cuando los ojos, el ritmo y la mente rezuman el sentimiento del amor será bueno pulsar en la juventud el sentido y la profundidad de este concepto. Y aquí están ellos y ellas -cuatro y cuatro- para concretar en palabras lo que es acicate de sus minutos.

LA PREGUNTA PARA ELLOS:

¿CÓMO ES LA MUJER EN LA QUE PIENSAS PARA NOVIA O ESPOSA?

UN AJUSTADOR

Naturalmente es justo pensar en un conjunto de perfecciones difícil de hallar prácticamente. En lo que no cedería es en su inmensa capacidad de amor, porque el amor es la clave de la felicidad y el mejor medio para ir a Dios. Pienso en la «novia» como Él la ha hecho, como una acequia que nos canalice algo de la infinita gracia de Dios. Guardando las tremendas distancias, busco en la mujer una encarnación moral, intelectual y física de esta divina gloria ambicionada.

UN PERITO

Guapa y con figura la buscamos todos. Edad, como seis años menor. Con un nivel cultural, moral y religioso equilibrado al del “novio”, ingenua, candorosa, de esas que se conquistan con la «naturalidad» y la verdad por delante, sin que sea necesario subirnos al escenario del conquistador, a hacer una exhibición de astucia para que ella acabe diciendo que somos el «pillo» y el «sinvergüenza» que necesita. En una palabra, que sepa conocernos y querernos desinteresadamente.

Que sea conquistada por nosotros y no nosotros por ella. Una chica femenina, cristiana y «moderna», con esa desenvoltura que se necesita para vivir en el ambiente de hoy (¡Ah! que no le guste el fútbol).

UN UNIVERSITARIO

A cada uno Dios le ha dado sus afinidades electivas. Yo veo en el horizonte unos ojos dulces, verdes, brillantes, como un caudal inacabable de ternura. Pienso en una mujer inteligente, juiciosa, de criterios firmes y humanizados, consecuente, pero, siempre pongo en el meollo de estas ideas una buena raíz de cordialidad, un corazón que late fuerte y que su golpe lo da siempre la dulzura.

UN EMPLEADO

Debe reunir, en primer lugar, una sólida formación moral y religiosa, sin ñoñerías, que reluzca en todo momento y que el día de mañana sea el firme pilar de un hogar cristiano; indispensable también que tenga cierta preparación cultural para evitar incomprensiones causadas por un distinto nivel cultural. Todo ello completado con los encantos y afinidades que hacen surgir en cada caso ese sentimiento del amor, tan traído y llevado.

LA PREGUNTA PARA ELLAS

¿CÓMO ES EL HOMBRE EN QUE PIENSAS PARA NOVIO O ESPOSO?

UNA LICENCIADA

En realidad, nunca he pensado en un tipo especial de hombre. Creo que lo fundamental es que te guste y le quieras. Muchas veces no se sabe el por qué le agradan a una cualidades a las que doy importancia: la bondad, que para mí no es lo mismo que ser bueno; la inteligencia unida a la voluntad, pues ella sola no sirve para nada sin ganas de trabajar en conseguir su meta, pues siempre debe haber una meta.

UNA «SUS LABORES»

Más que nada que sea un verdadero hombre, sincero y serio, lo que no quita el sentido limpio del humor. Porque ¿qué importa su “facha” y las palabras bonitas si no es dueño de su equilibrio y no sabe mantenerse en su sitio? Es mucho más importante la formación y la educación de él que todo lo demás. ¡Es tan estupendo quedar admirada de la sinceridad y sencillez de un hombre que alterna con los demás sin llamar la atención!

UNA MAESTRA

Que sea para mí la fortaleza que me falta, que su cariño me dé fe y confianza en la vida. Que sea amante de la casa y que no le guste desconsideradamente el bullicio (y el alternar). Que una mirada suya me calme y me dé impulso para seguir adelante. Y que cuando estemos juntos, nuestros corazones formen un refugio donde Cristo se encuentre gratamente.

UNA EMPLEADA

Que sea ‘hombre’, que su amor me llegue a través de su varonía. Y al decir un hombre no pienso en un «duro», sino en el que ha sabido darle un tinte recio a toda su personalidad y sirve a Dios consecuentemente. Que no le tiemble el pulso cuando le sean necesarios el equilibrio, la fortaleza, la lucha, el freno de la pasión, la ley de Dios y los derechos de nuestro amor. Que el día en que la Providencia nos constituya en hogar los hijos puedan andar por un camino abierto y sólido. Yo rendiré al máximo mi capacidad de mujer para el sacrificio, pero es lógico aspirar a la garantía de que cuando esté apurando los límites de una Cruz siempre habrá unos brazos capaces de sobrepasar el naufragio.

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