Semanario Alfa y Omega, 2010
por Miguel Ángel Velasco

Los periodistas estamos de enhorabuena. No sólo los católicos; todos. A uno de los nuestros lo van a canonizar. La Iglesia va a reconocer oficialmente que Manuel Lozano Garrido, Lolo, fue un santo. Escribía y hablaba de política, economía, cultura, nacional e internacional, religión, sucesos, fútbol…en fin, de la vida. Igual que nosotros, solo que mejor.

Atado a la columna de su silla de ruedas durante 30 años, que se dice pronto, fue perdiendo gradualmente la vista y hasta el habla, y vivió, en todo momento su fe y su profesión de manera sublime y ejemplar.

Ya estoy viendo la cara de más de cuatro: “¿Pero qué nos está contando éste, con la que está cayendo?”  Pues les estoy contando, señores y amigos, lo que hay; es decir que sí se puede, que Lolo pudo, y que si él pudo, también podemos los demás: se puede ser perfectamente el mejor periodista de hoy y, a la vez, santo; más aún,

precisamente porque se es capaz de vivir la fe, la esperanza y la caridad de manera sublime y ejemplar, se llega a ser el mejor periodista y el mejor profesional.

Sin músicas celestiales ni angelitos tocando el arpa en las nubes, sin aureolas en la cabeza, ser santo de los de andar por casa, a todas horas es una manera insuperable de ser un santazo como la copa de un pino. No en vano fundó “Sinaí” y lo definió de una manera muy sencilla: “Grupos de oración por la Prensa”. No en vano ponía en boca de Jesús estas palabras: “Os voy a hacer un seguro de ternura para siempre”.

Ya no les cuento a ustedes si, además, se es capaz de transformar el dolor en alegría contagiosa. Lolo fue un auténtico maestro, a la hora de contagiar el perfume de su alegría cristiana.

Tico Medina escribió en Alfa y Omega, en 2001, un artículo titulado “San Lolo, un cronista del amor”, y decía:

“En más de 50 años de vida periodística, la verdad es que, personas con resplandor, he conocido a muy pocas. Una de ellas fue Lolo, desde el primer día que lo vi. Jamás he visto criatura tan fuerte, siendo tan débil aparentemente”.

Otro gran periodista, Martín Abril, dijo de él:

“Desde su sillón de ruedas, o desde su portátil camilla de inválido, debía de escaparse de cuando en cuando a la otra orilla y mojaba su pluma en tinta de eternidades. De lo que más escribió fue de amor; luego de esperanza y de alegría. Y cuando escribió sobre el dolor, lo hizo con amor, esperanza y alegría”.

Y el Postulador de su causa de canonización, don Rafael Higueras, que rezó con Lolo su último Padre Nuestro, antes de que él se fuera al cielo, cuenta que es costumbre de Roma, al redactar un documento, que éste comience con un texto del Evangelio. En el caso de Lolo, el Decreto de su Causa comienza con las palabras de Jesucristo: “Vuestro gozo no os lo quitará nadie”. Así que los monseñores de Roma han reconocido en Lolo muchas cosas, pero sobre todo el perfume de su alegría.

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