La Unión Católica de Informadores y Periodistas de España (UCIPE) concedió, en 2015, el Premio Lolo de Periodismo Joven a José Beltrán, director de Vida Nueva. Desde la redacción de amigosdelolo.com le agradecemos su generosidad y cercanía atendiendo nuestra entrevista.

    • ¿Qué significa para ti haber ganado el premio Lolo?

Desde el primer momento que Rafael Ortega me comunicó el fallo del jurado, le expresé que precisamente mi sensación era que había sido un “fallo” en el sentido literal. Me sentí pequeño y me siento pequeño todavía hoy cuando reflexiono sobre el sentido de un galardón que para mí no es un reconocimiento sino una invitación a mimar todavía más cada uno de mis escritos y mi toma de decisiones, pero sobre todo, a cuidar mi vocación como periodista para vivirlo tal y como lo vivía Lolo, como una misión al servicio de la Iglesia y de la sociedad en búsqueda de la verdad.

    • Quienes te conocen bien, te definen como un hombre alegre, que vive con emoción la labor periodística del día a día. De Lolo dicen que era Comunicador desde la Alegría, incluso algunos se atreven a llamarlo cariñosamente el Santo de la Alegría… ¿cómo influye Lolo en tu trabajo?

Lolo no era un hombre optimista, era un hombre esperanzado.

El optimismo es una actitud, mientras que la esperanza es esencia vital que nace del Evangelio. Y ese es el principal valor del beato que a mí me gustaría que me contagiara y que intento de alguna manera imitar. En un mundo en el que abundan los profetas de calamidades, estamos llamados a ser corresponsales de la Buena Noticia que pongan pasión en cada una de sus tareas cotidianas, sea escribir una noticia breve o afrontar una entrevista con un gran personaje. Y creo que en este sentido también nos echa una mano el Papa Francisco que sabe descubrir de las situaciones de dolor, tragedia y división, oportunidades para mostrar “la alegría del Evangelio”.

    • ¿Qué crees que aporta, o puede aportar, la figura del Beato Lolo a los periodistas de hoy?

Lolo representa para mí el “ser” periodistas frente al “hacer”.

En un mundo de un periodismo multitarea en el que da la sensación de que solo aquel que sube más informaciones a la web o que multiplica su presencia en las redes con decenas de tuits diarios, Lolo nos enseña que la eficacia, si verdaderamente se mide desde el Evangelio, va por otro lado.

Para mí, Lolo supone una invitación a adentrarnos en el periodismo interpretativo y del análisis, su serenidad y compromiso invitan a trascender más allá del hecho noticioso para descubrir que hay detrás y analizar todas las claves que ayudan a entender la realidad. Solo desde ahí se puede cumplir con otras de las misiones inherentes al quehacer periodístico y que Lolo lleva grabado a fuego: ser voz de denuncia comprometida con las realidades dolientes de nuestra sociedad.

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