Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el beato Manuel Lozano, en amigosdelolo.com, en InfoCatólica y otros medios. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es el beato Lolo.

El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.

Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios, la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que mucho. Y, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro ”Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.

Serie frases que bien valen la pena – Fe, con ella 

“Con fe nos liberamos, nos engrandecemos, nos eternizamos.” (Beato Lolo, de su libro Las golondrinas nunca saben la hora)

No son pocas las veces que se ataca la fe, la nuestra católica, seguramente por desconocimiento de la misma pero, sobre todo, por un claro desinterés de tenerla en cuenta en las vidas de quien eso hace no vaya a ser que comprometa a hacer lo que no se quiere hacer…

¿Es verdad que a la fe, que ese creer sin ver, se la puede odiar?

Ciertamente, en nuestra patria española eso es algo que tenemos por seguro e, incluso, ahora mismo es más que fácil rascar algo en la superficie de algunas mentes esclavas del mundo y sus mundanidades para que salga a la superficie, como diría el viejo emperador Claudio, “toda la porquería” a tal respecto.

Sin embargo, nosotros no vamos a entrar en eso porque, gracias a Dios, nos toca decir algo de alguien que tenía mucha fe y sabía que su creencia tenía apoyos más que suficientes. Y es que Manuel Lozano Garrido, Lolo para sus amigos, atesorada (pues era su verdadero) tesoro una fe bien grande, bien fuerte y más que profundamente arraigada en su corazón. Y por eso dice lo que dice en el texto que hemos traído hoy aquí.

El texto es bien cortitoSólo tiene ocho palabras y las más corta de ellas es, precisamente, la más importante y alrededor de quien gira todo lo demás.

Sí, en efecto, tal palabra es “fe”.

Esta corta frase sigue un camino que, bien mirado, nos lleva hasta donde todo creyente quiere ir, el puerto donde queremos llegue el barco de nuestra vida o, en fin, el destino perfecto que queremos alcanzar.

En primer lugar, es cierto y verdad que con la fe nos liberamos. Y es que, escogida la misma como la nuestra y tenida, así, como el centro de nuestra vida, quedamos liberados de las esclavitudes que se nos proponen en el mundo muy a pesar de que se nos diga que es al contrario y que las mismas no son más que expresión de libertad…

Nos liberamos, con nuestra fe católica, de todo aquello que está puesto en su contra y contra Dios, Padre Omnipotente. Y por eso no es tan querida nuestra fe: con ella somos conscientes de la filiación divina contra la que actúan tanto Satanás como sus muchos demonios de los cuales, no pocos, andan y trajinan a nuestro alrededor como sembradores de odio y de cizaña.

Es propio, por otra parte, que la fe engrandezca nuestro corazón y, desde el mismo, nuestra vida tome el sentido que merece la de todo hijo de Dios. Así, no podremos sentirnos minusvalorados por las supuestas virtudes del mundo y podremos admitir ninguna capitidisminución de lo que somos y que no es otra cosa que descendencia divina pues ya dice San Juan que somos hijos de Dios, “Pues lo somos” (1 Jn 3,1)

Pero hay algo que es de una importancia tan grande que no tenerlo en cuenta ha de venirnos la mar de mal.

Esto de arriba lo decimos porque el Beato de Linares (Jaén, España) dice que con la fe nos “eternizamos” o, lo que viene a ser lo mismo, nos hacemos eternos.

Seguramente habrá quien crea que basta decir que se tiene fe para que, de forma automática, se alcance la vida eterna. Y bien sabemos los creyentes católicos que eso no es así y no puede ser así.

Ciertamente, con la fe se alcanza la vida eterna pero no es un regalo, así, sin nada que contraprestar. No. Al contrario es la verdad: tenemos todo un quehacer y todo un qué hacer… Y nada se nos va a regalar sino que hay que star “a Dios rogando y con el mazo dando”… para que se nos entienda mejor.

Bueno. Hemos visto que con la fe, con ella, se sigue un camino que nos lleva rectamente a alguna de las moradas que Jesucristo nos está preparando en el Cielo. Ahora bien, de nosotros depende que tengamos que pasar antes por el Purgatorio.

Por nuestra parte, nosotros creemos que Lolo subió, aquel 3 de noviembre de 1971, directamente y como un rayo, a las puertas del Cielo donde dejó aparcado, para siempre, si sillón de ruedas.

 

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor» (29)

«Pastor que se inclina sobre el precipicio para izar la oveja resbalada, ese es el Alto Juez.»

 

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