Me parece que hoy tocan campanas repicando en el cielo. Porque a sus puertas ha llegado, hasta el abrazo con el Padre, ‘Expecta’, la hermana de Lolo.

En Linares, de Agustín y Lucía, que eran de Arquillos y Bailén, nacieron sus hijos. Una familia numerosa. Con hondas raíces cristianas.

La industria y el comercio (una fábrica de orujo y jabón, y la venta de abonos) daban una posición tranquila en la familia. Nacieron los hijos: María, Agustín, Expectación, José María, Manuel, Antonio Luís y Lucía.

En aquella casa se reflejaba aquello de ‘como brotes de olivo en torno a tu mesa… Y tu esposa en el medio del hogar, será como viña fecunda’.

Hace ahora 101 años, y medio año más, que nació EXPECTA. En aquella gran familia, María y Expecta, las dos hijas mayores, serían la ternura y alegría junto a la madre. Luego vendría otra hija más, Lucía, -la última en nacer de aquellos siete hermanos-.

Estoy hablando –todos lo sabéis ya- de la familia LOZANO-GARRIDO.

El padre y la madre (Agustín y Lucía) murieron pronto. María, la hermana mayor, poco tiempo después de casarse. Y Agustín, en 1936.

lolo con sus hermanos

Lolo con sus hermanos: José Mª, Antonio Luis, Expecta y Lucy.

Pero hay un momento en la historia de esta preciosa familia que, por la presencia de un dolor ‘continuado’, Manuel, el quinto de los hermanos, va a recoger el cuidado y los mimos de todos los hermanos. Lucy lo abrazará cada día y cada año. Pero a su zaga estaban todos los hermanos.

Expecta dirá luego: “Yo me había casado. Vivía en Madrid. Mi marido era militar”. Manolo comienza la milicia en Madrid en el año 1942, y recién allí, le empiezan sus dolores. Y sigue diciendo Expecta: “A su lado estuve desde el primer momento de la enfermedad. Los primeros años fueron de unos dolores terribles que al acostarse y levantarse se mareaba y perdía la vista”. Aquella peregrinación dolorosa por hospitales y médicos Lolo la hizo agarrado a Expecta. Por entonces iba a nacer Pilar, la cuarta de sus hijos. Manolo fue su padrino.

Recuerdo el cariño que Expecta ponía hablando de sus hijos. Era madre; y así ejercía en cada momento.

Expecta ha sido una ‘fortaleza’ y una ‘esperanza’. ¡Más de 101 años de fortaleza y esperanza! Ahora, cuando ya se le cansaba el corazón de latir, repetía: ‘Dile a mi hermano que me lleve con él al cielo’. Pero añadía: ‘cuando Dios quiera’. Y era también -porque hacía honor a su nombre- una esperanza: frente a cualquier dificultad, aunque fuera grande… ‘Una mujer fuerte ¿quién la encontrará?’ (Prov. 31, 10).

Al rezar hoy por Expecta, también nos dolemos por su muerte, con sus hijos y toda su familia; y a la vez fomentamos la esperanza de volver a encontrarnos en la casa del Padre.

Rafael Higueras Álamo. Sacerdote.

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