No sé qué cómo hablar de Tíscar

y lo qué decir para que se acerque

a lo que es y a lo que siento

 

“Dios habla todos los días”, p.118

 

Es cierto y verdad que Manuel Lozano Garrido, nació, creció y murió en Linares (Jaén, España) Y allí hecho sus raíces más comunes, aquellas que llevó al mundo desde su sillón de ruedas y el mundo acogió como las suyas propias.

Sin embargo, hay otro lugar que bien podríamos denominar el lugar donde reposaba su cuerpo y su alma sobrenadaba las dolorosas circunstancias de su vida. Y es que en Tíscar, aldea de Quesada, en la Provincia de Jaén, nuestro amigo cargó algo más que las pilas, como diríamos hoy día…

En realidad, esto mismo (pero mucho mejor dicho) lo pone negro sobre blanco Lolo en algunos de sus escritos donde vemos que reposa el Valle de Belerda, el propio Tíscar y el Santuario donde la Virgen que lleva el nombre de la aldea tantas veces Lolo visitó y gozó.

Así, por ejemplo, esta es la relación de artículos publicados por Lolo en los que Tíscar y su Virgen es testigo de su vida:

  1. Crepúsculo de otoño en Tíscar, publicado en la Revista “Úbeda” el 3 de julio de 1953,
  2. Cuatro mil cohetes estallan en la romería de Tíscar, publicado en la Revista “Úbeda”, en octubre de 1956,
  3. El barro bíblico reza en Tíscar, publicado en la Revista “Linares”, en enero de 1959; y, por fin,
  4. Cazorla, una custodia natural con el viril de la Virgen de Tíscar, publicado en el Diario “Jaén”, el 9 de junio de 1963.

Esto, como vemos, encierra mucho pues en todos los títulos aparece el nombre de Tíscar cuando, a lo mejor, podría haber dicho, por ejemplo “Cuatro mil cohetes estallan en la romería de la Sierra” o “Crepúsculo de otoño en el monte”… Y es que estamos seguros de que Manuel Lozano Garrido tenía un amor muy especial por aquella tierra de montaña donde una Virgen lo esperaba siempre aunque él fuera de cuando en cuando…

Pero es que, como no podía ser de otra forma, en sus libros aparece también Tíscar. Así, en su “Dios habla todos los días” Lolo habla de su amada tierra de Quesada (donde está Tíscar, como aldea) Lo hace entre las páginas 117 y 124 de la edición primera publicada en 1961 o entre las páginas 134 y 142 de la edición más reciente, la del año 2000. Y, en verdad, de las mismas, de tales palabras, se puede obtener un buen fruto para el alma.

¡Qué bien lo describe todo Lolo! Y es que,  según podemos ver en la imagen que aquí hemos traído (el dibujo de Manuel Asensi para, precisamente, ”Dios habla todos los días”) las palabras de Lolo están pues al dedillo de las cosas, tal que así (y rogamos encarecidamente seguir la descripción que hace Manuel del dibujo y el dibujo mismo):

“Los dedos que suben por detrás, son los picachos; en la yema del anular está el castillo, como una oración brava y palpitante; en el dedo corazón, que es el más largo, se encarama la Peña Negra, un cóndor pardo y solitario que toma fuerzas para seguir la altura.

El nido fue hecho, mitad desde arriba, mitad por los hombres, para que allí tenga cordialidad de hoguera una Virgen de órbitas como lagos, susurrantes, fluidas, soberanamente cándidas. Ahí, en el nido del Santuario, estamos ahora nosotros. Más abajo, a la altura de la muñeca del brazo en pie, mana, como un pulso, la vena de un río cascabelero y juguetón que se mete en la carne de la montaña, a nuestros pies, por una quebrada de rocas. Cuando vuelve luego al otro lado, se desmelena y canta por el valle su visión de estalactitas subterráneas.”

Luego dice Lolo que “Esta es una imagen instantánea, casi como un golpe de ‘flash’ que me nació el primer día al borde de la carretera, apenas con el obturador abierto en la revuelva de un camino.” Pero es que, y aquí radica mucho de lo que es aquella tierra para Lolo, escribe esto:

“Pero luego resulta que Tíscar, asimilado lentamente, a sorbitos, ensancha más aún la grandeza de un trozo de tierra aupada.”

Vemos, por tanto, que la montaña, aquella montaña en concreto y lo que ella encierra para nuestro amigo, tiene todo que ver con lo que le llega más adentro en el corazón. Y, aunque luego volveremos a lo escrito en “Dios habla todos los días” y que, por ser de sus primeros libros publicados (en 1962, éste) recoge, por así decirlo, la esencia de lo que dio a luz pública en los artículos arriba citados, ahora creemos que nos corresponde decir algo de los artículos en los que Tíscar y la Virgen, su Virgen, son protagonistas.

Crepúsculo de otoño en Tíscar

Es conocido que Tíscar fue, para Manuel Lozano Garrido, un lugar de descanso y, como se dice hoy día, apto para recargar las pilas. Y allí, en aquella aldea, una Virgen llena de gozo la vida de este humilde creyente inválido, según él mismo se define.

En el poema casi se puede tocar el atardecer en aquella tierra, que para Lolo era santa. Y los colores que van poblando el espacio casi en mágico lugar todo aquello convierten.

Y un dialoguillo entre Madre e Hijo hay, donde María se lamenta de su Niño el porvenir, y es por eso que el zagal, que lo conoce todo entero, la consuela con su Verbo. Y es que siendo Él Dios mismo no va a negar la mayor, ni el Amor a  no quererlo.

Cuatro mil cohetes estallan en la romería de Tíscar

Con la fe a flor de piel, podemos decir, escribe Lolo este artículo, el segundo de los referidos sobre Tíscar, su romería y su Virgen a los que los sus hijos van a dedicar cuatro mil cohetes, cada cual por sus propias razones, sus agradecimientos y todo lo que nace del corazón para que vaya al de la Madre que tanto ha dado a sus pequeños que vienen de todas partes a mostrar un cariño tan especial.

 El barro bíblico reza en Tíscar

Es bien cierto que tiene razón Lolo cuando escribe, en el artículo que lleva por título el que aquí traemos, acerca del retablo del Santuario de la Virgen de Tíscar. Y es que la colaboración entre el pintor de Linares conocido como Paco Baños y el escultor iliturgitano Antonio González Orea sirve de verdadera catequesis bíblica por la disposición de las figuras y los temas tratados.

Dice, en un momento determinado, Manuel Lozano Garrido, que “Calificar esta obra de singular en España, tiene su fundamento. Inspirada y deliberadamente se ha incurrido en la audacia de incorporar nada menos que la terracota asiria al arte cristiano, santificándola con la unción y la majestad del espíritu bizantino”. Y es que, además, “No creo que sea posible modelar tanta dulzura, tanta aceptación y tanta vivencia celestial como traslucen las caras de las dos Vírgenes centrales, con tal economía de líneas”.

Lolo, que debió ver muchas veces este retablo, digamos, “en directo” y muchas veces lo debió admirar antes de perder la vista. Por eso dice, creemos que con amargura, algo que es muy típico de España (que no siempre sabe reconocer lo bueno, y mucho, que tiene en su tierra) y es que “Lo de Tíscar merecía una cuidada y extensa propagación. Si cosas así se hubieran hecho remontando los Pirineos, a estas alturas pocos serían los círculos y revistas que no estuvieran ya extremando los adjetivos.”

A ver quién es el valiente que se atreve a rebatir eso.

Cazorla, una custodia natural con el viril de la Virgen de Tíscar

Dice Lolo en este artículo que Sánchez Silva, de nombre José María, sostenía que la Virgen “es como un lugar donde siempre se está bien, pero particularmente en los momentos en que no se puede estar bien en ninguna otra parte; cuando hay miedo o dolor, por ejemplo”. Y eso es lo que hace ver Manuel Lozano Garrido cuando habla de Cazorla que, como Sierra, acoge a la Virgen en Tíscar.

La sencillez de las gentes que acuden a su Santuario, a la que les basta con una oración para gozar al lado de su Madre. Por eso escribe Lolo que “Ni la humildad de la Virgen, ni la sencillez de los hombres de la sierra, apenas si necesitan de otra cosa. Lo único que vale es permanecer junto a Ella; ‘estar’ allí, con el leve tributo de la albahaca, que es tan pobre como ellos, pero tan rica de aroma oferente como su corazón.

Cazorla, en cuanto ambiente natural donde radica el lugar en el que la Virgen tiene su casa pretende ser conocido por la presencia, allí, de la Madre de Dios. Y Lolo, al que le han dicho “que en las oficinas de turismo, los carteles se aprietan para dar paso a uno que tiene tu nombre -se refiere a la Virgen-. Te planean ‘slogans’, te buscan comparaciones, cuando nada hay tan deslumbrante como tu propia palabra.”

Y es eso: simplemente María.

Y bien, como dijimos arriba, una vez hemos apuntado algo de los artículos publicados por Lolo en la prensa al respecto de Tíscar y su Virgen, volvemos al texto que, sobre la citada aldea, escribe en “Dios habla todos los días”.

“¡Qué habrá puesto Dios en la naturaleza que nunca cansa!”

Con estas palabras enmarca a la perfección aquel que describe lo que ve y lo que ha contemplado durante dos horas en las que ha imperado el silencio y la admiración por tanta belleza que puede contemplar desde el lugar, alto, al que le han aupado cuatro ayudantes de ocasión que han llevado su sillón de ruedas valiéndose de dos “dos fuertes travesaños” con los cuales lo han trasladado a una parte desde donde ver mejor el paisaje de Tíscar y la sierra misma…

Lolo lleva mucho tiempo esperando aquel momento en el que la naturaleza en Tíscar se le presenta para ser admirada.  Y, como él dice, “nunca defrauda”. En realidad, el valle le parece a Manuel “Un Belén con sus casitas de corcho, musgo y pastores de colores” pues desde su posición puede ver estos típicos elementos belenísticos a lo largo del recorrido de su vista.

Hay, como es de esperar en un creyente fervoroso y piadoso como es Lolo, un momento muy especial que es aquel en el que escucha repicar las campanas. Sus nombres son alusivos a la fe (como siempre es el caso, por cierto): “Virgen de Tíscar”, “Ave María” y “Gracia Plena” y, cuando repican, rezan en compañía de todos aquellos que las escuchan.

Incluso hay un recuerdo para la cabra hispánica, antes en peligro de extinción y que, de tanto en tanto (al alba y al atardecer en busca del río que por allí pasa) se deja ver para gozo de los foráneos como Lolo.

Podemos decir que, después de lo apenas dicho, Manuel Lozano Garrido, Lolo, amaba con toda su alma aquella parte de la Sierra de Cazorla de nombre Tíscar donde acudía para ensanchar su corazón con el goce de la naturaleza y la visita a la Virgen a la que tanto quería. Y es que, como decimos, es casi como un cuadro donde Lolo y Tíscar se refieren entre sí y la Madre de Dios, en su advocación de Virgen de Tíscar, abraza con su amor una relación tan fructífera como ésa.

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