María José Vaquero, nueva presidenta de Ciegos Católicos Españoles (CECO), defiende que “las personas con discapacidad no pueden ser un gueto en la Iglesia”, mientras trabaja para alcanzar el reto de “atraer a los jóvenes” a la fe y preparar la participación de la asociación en el Congreso de Laicos, que la Conferencia Episcopal celebrará en febrero en Madrid.

Esta pedagoga ciega jubilada explica, en una entrevista a Servimedia, las grandes líneas de la agenda más inmediata de CECO, organización de la que acaba tomar el mando, convirtiéndose en la primera mujer que lo hace en su historia.

La organización católica, integrada por más de 400 personas con discapacidad visual de 23 diócesis, será una de las entidades que participarán en el citado congreso de laicos ‘Pueblo de Dios en salida’, del 14 al 16 de febrero, en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid, una cita impulsada por la Conferencia Episcopal Española.

Este congreso, explica esta parroquiana de Villacañas (Toledo) que se considera “muy vinculada a la Iglesia” y al ámbito educativo, tiene un objetivo “doble”:

Incluirnos de forma activa en la vida de la iglesia. Esto no tendría sentido si CECO se quedara en un gueto. No puede ser”.

Además, participar en el congreso de laicos les permitirá “estar al día” de las “últimas tendencias” eclesiales, subraya, así como sensibilizar sobre el papel de las personas con discapacidad en el día a día de la Iglesia.

En este contexto, Vaquero reivindica que los católicos con discapacidad quieren “estar más incluidos”: “Nosotros también tenemos que participar, nosotros nos tenemos que abrirnos, no que los demás nos hagan las cosas”.

Pero a la vez pide que se les conozca. “Hay mucho más desconocimiento sobre la discapacidad de lo que se cree, en cómo tratarnos y cómo nos desenvolvemos”, añade. Por ello, cree importante que la CEE les abra las puertas para participar como un movimiento más en la cita de febrero, pero también

“que se vayan creando secretariados de discapacidad” en las 70 diócesis españolas y, por qué no, una comisión de discapacidad en el seno del Episcopado.

“Los católicos con discapacidad tenemos que aportar nuestra experiencia en la vida cotidiana. Somos un ejemplo para los demás de cómo superamos nuestras dificultades y cómo las llevamos. Se tiene que ver que realmente nosotros hacemos cosas, también avanzamos”, expone Vaquero.

Mientras se prepara para la cita ‘Pueblo de Dios en salida’, esta jubilada compatibiliza su labor en la asociación de ciegos católicos con su voluntariado en la Fundación ONCE para América Latina (FOAL). Y para ello se acompaña de sus pliegos en braille, su bastón y del Beato Lolo. “Es nuestro ejemplo en CECO”, concluye, refiriéndose al beato jienense Manuel Lozano Garrido, que también se sirvió de la ayuda de la ONCE para leer y escribir mientras acabó sus días ciego y en silla de ruedas dando testimonio de su fe.

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