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En muchas ocasiones, el autor de este artículo, que no es extenso pero sí lleno de verdad, escribe para hablar de libros que le han interesado y que cree el bueno de Lolo que pueden también interesar a su prójimo.

El autor de este libro es José María Pérez Lozano que tuvo el gozo de escribir el Epílogo el libro “Las estrellas se ven de noche” que es obra póstuma de Manuel Lozano Garrido. Y en el suyo escribe sobre el matrimonio.

El matrimonio, como se nos dice en el título de este artículo, ha de ser vivido, porque lo es, como un “Sacramento” y, por tanto, como una realidad que va más allá de la mundana, de la que se vive en el mundo y que tal más allá es hasta Dios quien ya ofició hace muy tiempo el de Adán y Eva. Y es que la Sagrada Familia mira a los que han querido unirse teniendo a Dios por testigo.

 

 

Publicado en Cruzada.

 

El contrapelo de la vida ha encontrado en el humor una fuente de venganza para los sucesos que encajamos apenas con su marca negativa, sin rozar su caparazón de mensaje o de símbolo. El matrimonio ha sido así uno de los blancos predilectos del tópico y toda una fraseología incongruente se filtra por las conversaciones y el afán de cada día. El chiste de casados es siempre tema socorrido para una conversación minada por el aburrimiento, ahogada por la gracia gorda, se nos pierde esa gran realidad de amor que Dios ha aupado nada menos que a la condición de Sacramento. Por eso, cuando un hombre arrincona la tentación de animar una tertulia y lanza sobre el tapete sus seis hijos y toda una hermosa experiencia de fusión matrimonial, uno agarra su valor de testimonio y se recrea con este milagro del amor que embebe la peripecia de los niños, el contacto, la necesidad diario o la incertidumbre del porvenir y nos los da de nuevo rebrillando por el don de Dios que fructifica en cada segundo.

“DIARIO DE UN PADRE DE FAMILIA”, de José María Pérez Lozano, es el segundo libro de una colección -“Cosas de Dios”- que lanza P.P.C. con el esmero y el aire atractivo que caracteriza sus publicaciones. Fundamentalmente, el libro es el relato menudo y apasionante de una vida matrimonial vivida en toda su espiritualidad cristiana y fecundada por la bendición de seis hijos. La estructura general es, sencillamente, una primera parte en la que se van relatando todos los sucesos que empiezan en una mañana corriente, dentro del taxi en el que un hombre acude a sacramentar su noviazgo y concluye, por ahora, en la Comunión del primer hijo, y otra segunda en la que se va profundizando en el misterio de la familia de Nazaret. Pérez Lozano parte ya de un copiosísimo anecdotario cuya fuerza ha cuidado al hilo de una sencillez meridiana. Los incidentes del trato habitual, la llegada y el crecimiento de los hijos, los signos dolorosos que engloba toda obra de amor, van saliendo a las páginas a la luz de una lente sobrenatural por la que irisa la santidad y la presencia de un Dios providente. El “padre de familia” confiesa que una noche se le desató así su corazón en una Misa de Gallo: “Otros le habrán pedido la inteligencia, la fe, una gracia material, la salud… Yo le he pedido la ternura. Quisiera que cuando alguien pensase en mí me catalogara como un hombre que escribe con ternura”.

Que Pérez Lozano es una criatura que va por las calles con un instinto de caricia, lo saben los que le tratan y todos a los que trasciende su obra. Que en el “Diario de un padre de familia” ha quedado rebasada su petición de Nochebuena, lo certificarán los que den a este milagro de la ternura alineada en columnas.

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