Seguramente a Lolo le resultó fácil entrevistar a Paco Baños porque era su amigo. Y aquí deja huella de que eso, en el fondo, le vino muy bien.

Lolo escribe aquí mismo del principio del pintor que fue Paco Baños. De la fotografía a la pintura sin solución de continuidad. Un éxito total que nos ha beneficiado a todos.

Las pinturas de la Iglesia de Cristo Rey en Jaén fueron las que, por decirlo así, lo lanzaron directamente al mundo de la pintura como gran autor que fue (y es en lo que nos dejado) aquel amigo de Lolo y que terminó sus días en Valencia (España), ejerciendo la docencia y, claro, pintando.

 

Publicado en la revista PAX en octubre de 1957

 

Al servicio de lo santo

Cuando hace dos años estuvo en Jaén el Ministro de Educación Nacional y visitó la nueva Parroquia de Cristo Rey, quedó sorprendido por la valentía y el acierto expresivo de sus pinturas murales aún sin concluir.

-¿Quién hace esto? Me gustaría conocerle.

El autor le fue presentado cuando hubo de inaugurar un grupo docente que presidían ingenuos motivos suyos.

-Muchacho, ¿te gustaría ir a Roma? Desde ahora puedes contar con una pensión del Ministerio.

SE REVELA UN PINTOR

Hace apenas trece años, Paco Baños Martos, no era más que un simple aprendiz de fotógrafo. Los minutos los pasaba él gustoso junto al “flash y el revelador”, pero a la hora de retocar, los lápices se le iban tras de vanas vivencias que le atormentaban sin descanso. Su bullir lo seguía el dueño del laboratorio con sorpresa, hasta que un día los ojos se le detuvieron en los cartones que “manchaba” el muchacho. Fue aquel un momento crucial y Baños Martos hubo de salir a la calle… pero fue para tomar el tren que le llevaría a la Academia de Bellas Artes. Aquella intuición se confirmó de inmediato. Apenas dos años y el muchacho tenía ya en el bolsillo un premio de la Academia y dos medallas en Exposiciones.

-Fue aquel un periodo en el que intenté el dominio de la realidad en sí. Creo que llegué a superar el problema técnico y en consecuencia nació en mí un deseo de calar en las cosas, de adentrarme en su misteriosa intimidad. Es una fase en la que aún permanezco por sus ilimitados horizontes.

¿Quieres decir que has renunciado a la realidad?

-Afirmarlo sería injusto. Ella es el comienzo de mi proceso evolutivo y, por lo tanto, está en su raíz. Pero también la creación ha de nutrirse de todas las posibilidades experimentales hasta llegar a un lógico punto de equilibrio. Es así que en lo sucesivo tal vez incurra en algunas abstracciones.

¿Cabe una relación entre abstracto y religioso?

-De por sí, santidad y virtud son conceptos abstractos. Por lo tanto no se debe desdeñar la experiencia.

-¿Cómo te definirías?

-Expresionista estilizado.

UNA OPORTUNIDAD

Tras la Academia y los triunfos viene para Baños Martos una activa fase de creación. Le llueven los encargos y trabaja, pero el artista que hay en él sueña con la oportunidad que debe ser definitiva. La ocasión está a punto de ofrecerse en la decoración de un nuevo coliseo teatral de Linares, pero todo queda en un encargo secundario que supera la obra del principal artista francés.

Mas en Jaén hay un hombre que ha embutido en los cálculos de fragüe la inquietud creadora. Es el arquitecto Ramón Pajares, que en esos días ultima su atrevido proyecto de la Iglesia de Cristo Rey. Sobre estabilizaciones y tendencias, Pajares sabe ver la espiritualidad que gravita obsesivamente aún sobre la obra profana del joven artista. No duda, y el antiguo aprendiz de fotógrafo tiene en sus manos una baza que lleva al triunfo y otra que conduce al fracaso. Sobre los ciento diez metros cuadrados del frontal de Cristo Rey, empiezan a gestarse figuras que a unos sorprenden y a otros desconciertan. El mismo párroco parece dudar.

-No sé, no sé.

Las pámpanas y las columnas salomónicas han dado paso a un concepto moderno de la religiosidad. Es la Iglesia de hoy la que se ha elevado hasta el paredón de Cristo Rey. Aquí está la comunidad militante del siglo XX, el muchacho de corbata y la chica de pelo corto que se santifican entre logaritmos o en la caja de una tienda de tejidos, el mozo de labor, la madre que hace maravillas con el sueldo del contable y el minero de la silicosis y la dura conformidad. Pero a la vez hay una luz íntima que transverbera a las criaturas y que da a las gentes de la americana y el carburo, el martillo y la corbata un puesto natural en la galería de la santidad.

LAS PINTURAS

Paco, ¿cuál es la idea religiosa del mural?

-La realeza de Cristo y su proyección redentora. He querido verle Señor de todas las cosas a las que transfigura con el caudal de los vientos del Calvario.

-¿Y cómo lo realizaste?

-Con la luz he encontrado una fórmula definitiva. Desde la alta postura del Creador, al que rodean unos ángeles extáticos cuya movilidad he intentado por el color –una Gloria sugerida en realidad-, un cono luminoso desciende hasta empapar a las últimas figuras de la Iglesia actual. Cristo está en el eje de ese cono, con sus amplios brazos abiertos que centran la idea amorosa y redentora, y desde Él, la luz irradia bajo una forma continua de triángulo divino. Con todo, la luz no está tratada como elemento físico. Más bien es una iluminación íntima, yo diría que metafísica, cuyos haces participan de una misión de unidad.

-La Iglesia Triunfante la has encajado en un friso bizantino.

-Es una solución para hallar una armonía con la arquitectura del templo.

-¿Figuras?

-Sesenta y tres. La de Cristo mide 3`10 y 1`90 las restantes.

-¿Y el color?

-Responde a un concepto muy personal. Busco la brillantez por la armonía. Puede decirse que en todo mi cromatismo hay un ritmo, como una musicalidad del color. Matizo mucho y la consecuencia es una tónica de suavidad. En lo de Cristo Rey hay una aliteración ascendente que busca la glorificación.

-En lo tuyo existe una clara concepción intelectual. ¿No hay peligro de que padezca la línea emotiva?

-No, porque principio y fin es el sentimiento. La emoción provoca la idea y es al plantearla cuando rige un laborioso trabajo intelectual, pero nuevamente en la realización es el corazón el que vuelve por sus fueros. La espiritualidad de todo lo mío lo confirma.

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