Patricia Navas, 3/11/2020
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La inspiradora historia del periodista y escritor español Manuel Lozano Garrido

 

A Lolo le encantaba el deporte y la naturaleza. Gran parte de su alegría y actividad se la debía al centro de jóvenes de la Acción Católica de la ciudad andaluza de Linares, donde había nacido en el año 1920.De muy joven, durante la guerra civil española, llevaba la Eucaristía a escondidas a las personas que le encomendaban, lo cual le costó la cárcel.

Un día entre rejas, justamente Jueves Santo, le pasaron la Comunión oculta en un ramo de flores y pasó toda la noche adorando a Jesús.

Cuando tenía 22 años, su vida dio un vuelco: sufrió una parálisis progresiva que lo dejó en una silla de ruedas. Así lo describe él, en su libro Cartas con la señal de la cruz:

“Aparentemente el dolor cambió mi destino de modo radical. Dejé las aulas, colgué mi título, fui reducido a la soledad y el silencio. El periodista que quise ser no ingresó en la Escuela; el pequeño apóstol que soñaba llegar a ser dejó de ir a los barrios; pero mi ideal y mi vocación los tengo ahora delante, con una plenitud que nunca pudiera soñar”.

La discapacidad lo acompañó 28 años. También lo acompañó su hermana y cuidadora, Lucy

«por quien hoy toco, veo, canto, rezo y amo», reconoció Lolo agradecido.

Lucy con Lolo en la Yedra, 4 meses antes de su muerte

Lucy con Lolo en la Yedra, 4 meses antes de su muerte

Cuando todavía podía mover un poco los dedos le regalaron una máquina de escribir. Lo primero que escribió en ella -recuerda el postulador de su causa de canonización, Rafael Higueras en su biografía– fue una oración:

“Señor, gracias.
La primera palabra, tu nombre; que sea siempre la fuerza y el alma de esta máquina…
Que tu luz y tu transparencia estén siempre en la mente y en el corazón de todos los que trabajen en ella,
para que lo que se haga sea noble, limpio y esperanzador”.

Más tarde hizo que esa máquina de escribir fuera colocada en la base de lo que sería el altar de su habitación donde a veces se celebraba la misa.

Cuando perdió el movimiento de la mano derecha, aprendió a escribir con la izquierda, y cuando tampoco con esta podía hacerlo, usaba un magnetófono para registrar todo lo que deseaba decirle al mundo.

Lolo, su hermana Lucy y Rafael Higueras, en la casa de Lolo, en 1965

Su mente permaneció lúcida y su sensibilidad muy por encima de la media. La fortaleza interior era la cara oculta de su serena alegría.

Era brillante para descubrir la verdad en el mundo y expresarla con palabras llenas de sabiduría y belleza. Déjate inspirar por algunas de sus frases recogidas en la siguiente galería de imágenes:

 

«Mi profesión: inválido», se presentaba. Pero Manuel Lozano Garrido fue un gran periodista y escritor. Escribió varios libros y centenares de artículos periodísticos. Recibió e inspiró premios relacionados con la comunicación.

Los últimos nueve años quedó además ciego. Él no se quejaba. Su médico bromeaba con él: «Eres el enfermo grave que goza de mejor salud».

El 3 de noviembre de 1971, con 51 años, estaba rezando el Ave María -«ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte»- cuando se paró su corazón.

La victoria final, Lolo la encontró al otro lado. La Iglesia católica lo reconoció como beato el 12 de junio de 2010.

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