Ciertamente, hoy no nos vamos a referir a la revista “Sinaí” como lo hacemos los sábados desde hace ya algunos meses. Y es que por ser estas fechas de las que podemos llamar “señaladas”, hemos creído bueno que Lolo nos hable de la Semana Santa, de lo que era para él y de cómo quedaba reflejada en sus escritos. De todas formas, «Sinaí», como ahora mismo se verá, está más que presente.

Cruz, Pasión, sufrimiento, salvación eterna, Cristo, Hijo de Dios, Mesías, Calvario… Seguramente estas palabras pasaban mucho por el corazón de Lolo en el tiempo, llamado “fuerte” (porque lo es) en el que él mismo podía revivir en su cuerpo lo que es el dolor y el pasarlo mal. Por eso, el Beato de Linares (Jaén, España) lo reflejaba en sus textos.

Así, por ejemplo, en el número de ”Sinaí” de febrero-marzo de 1963 publica un oración que bien podemos considerar, casi, mítica pues es , nada más y nada menos que “Oración ante una mano agujereada”:

“Todo lo que pienso y eres viene a resumirse en tu mano. Ahora, te cojo con mucho mimo por la muñeca y ya no veo sino el tremendo hoyo que te han hecho. Es grande y redondo, algo así como del tamaño de un duro, sino que más holgado, como para querer meterlo y que ni siquiera roce los labios de las heridas. Es como una alcancía del revés, donde las monedas salen y andan fuera como Juan por su casa. Lo que quiero decir es que el que se asome a tus heridas ha de contar ya con que eres un hombre sin blanca.”

Vemos, aquí, a un Jesucristo que ha sido agujereado por los clavos que lo sujetan a la Cruz. Y, luego, en el ansia de querer equipararse al Hijo de Dios 

“Manirroto mío, loquito despilfarrador: yo quiero vivir también tu alergia a los bancos; ser lo mismo de dilapidador del corazón que Tú, parecido a esa criatura que se arranca las ilusiones y los deseos, los sube hasta lo alto para que el Padre los acepte y sonría y luego deja que se le derramen por las palmas para que se siembren y germinen bajo los pies de los hombres.”

Luego, en el número de marzo-abril de 1965 escribe Lolo, con el título de “Mi lumbre, Tu lumbre, su lumbre”, esto:

“Desde el Sábado de Gloria, donde están las estrellas en pegadas a la tierra, ardiendo sobre la tierra, iluminando y purificando las cosas y los rincones de la tierra. Desde aquel día de sus clavos, su corona y sus latigazos, tu cuerpo y mi cuerpo, tu alma y mi alma -nuestro dolor- iluminan. Lo que menos importa es la dureza del sufrimiento, lo que vale es su médula, su sentido, su fin.

/…/

Señor: que el fuego de mi dolor, que el ardor del sufrimiento de cada día, limpien mi corazón y clarifiquen mis ojos, para que sea tu luz la que salga por las pupilas y yo vea siempre la verdad en tu rostro, que sonríe y nos ama, configurado en cada latido de las criaturas que nos rodean.”

“Nuestro dolor”, dice Lolo. Y es que conoce muy bien el sufrimiento y puede comprender el que Cristo padeció en su día y en el momento crucial de la Pasión.

Y seguimos adelante porque en el número de marzo-abril de 1967 publica lo que, al final, dice que es “de un extracto inédito de Manuel Lozano” pues, en efecto, pocos meses después, en noviembre de aquel año 1967 publicaría el libro “Cartas con la señal de la Cruz” en cuya Segunda parte (de título “Palabras verticales”) iría este especial Vía Crucis. Y sí, el de la revista “Sinaí” es un extracto pues no recoge, por razones de extensión, el tal acto piadoso en su totalidad como sí se recoge en el libro.

Pues bien, ahí dice Lolo (aún esto más extractado que el propio texto de “Sinaí”…):

“Mira, Jesús, si yo fuese Tú, a lo mejor me ponía y perdonaba el beso de Judas, los latigazos, la corona de espinas y los tres agujeros, pero ¡la muerte! ¡Y esa muerte del Dios que vive en tu cuerpo de Nazareno!”

O más adelante, cuando encuentra a su Madre:

“A este Hijo tan único, tan bondadoso y dulce, Ella pudo verlo a la salida del Huerto, antes de que lo apalearan; en el momento, incluso, de cargar con la Cruz, escalonando así el conocimiento de su tragedia”.

Y más tarde, en el momento de la muerte:

“Vamos a ver, hermanos: venid acá uno por uno y, entre todos, pensemos si podríamos esforzarnos para ir viendo algo de lo mucho que Él quiere decirnos sin palabras. Se nos va, se nos va y, con todo, aquí se queda. ¡Y cómo se queda! Parece que, viendo la ira de sus enemigos, le dijo a su Padre, en el Huerto:

-“A mí, si no puede ser otra cosa, me dejas que muera, pero que sea teniendo esa visible expresión de cariño que son los brazos, bien abiertas las manos. Si ves que el dolor pudiera obligarme a cerrarlas, Tú me las clavas antes y así todo solucionado.”

Semana Santa es, pues, muerte pero lo es saliendo victorioso de la simpar batalla que entabla el Hijo de Dios con Satanás. Y vence Aquel que quiso entregar su vida para que, personas como Lolo, fueran capaces de soportar una vida de sufrimiento teniéndolo como espejo y ejemplo.

Y es que podríamos decir que, así, cualquiera…

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