Si vemos una foto de Lolo, podemos pensar que en la misma hay un hombre sin sentidos, vencido por las enfermedades y limitado por la discapacidad. Pero… ¡qué equivocados estamos ante esa visión superficial de la persona!

Manuel Lozano Garrido, “Lolo”, natural de Linares y con discapacidad motriz, visual, sensitiva, auditiva… fallecido en 1971.

Lolo, no tiene movilidad…
Pero sus piernas le llevan a hacer de él un instrumento de misión, que lo acerca hacia todas las partes del mundo.

Lolo no tiene tacto…
Pero la sensibilidad de su corazón le hace vibrar y sentir en sus manos la presencia de Dios.

Lolo no tiene gusto…
Pero cada vez que recibe la eucaristía se deleita en la misma como un gran gourmet que prueba un plato exquisito. Lolo hace como católico que el sabor de Cristo perdure en su boca por la que trasmite sus acciones.

Lolo no tiene olfato…
Pero percibe el olor de las personas cercanas a Dios.
El olor que percibe Lolo es el que él mismo desprende en su santidad.

Lolo no oye…
Pero escucha la palabra de Dios, la cuestión de la vida no esta en oír, está en escuchar y discernir en lo que escuchamos cada día, analizando dentro de nosotros todas esas palabras.

Lolo no ve…
Pero a pesar de una limitación física, ve desde el interior, centrándose en lo principal y evitando lo superficial que en ocasiones nos da la visión.
Lolo, ve de otra manera, desde el corazón.

Como vemos tras leer estas pequeñas reflexiones, los sentidos de Lolo, se transforman en sentimientos que hacen de esta persona un ser nada de extraordinario, si no totalmente ordinario.
Las acciones de las personas son más importantes en lo espiritual que en lo material, por ello, Lolo es feliz con sus sentidos materiales inútiles, pero con sus sentidos espirituales activos y ardientes en la fe.
Y ahora el sexto sentido de Lolo… ese sentido que en muchas ocasiones olvidamos por tener tan despiertos los demás. Un sentido que deberíamos de potenciar más los que nos llamamos cristianos y que dejamos olvidado dentro de nuestro libro de rezos. El sentido que en sí da sentido a la vida: EL AMOR.
El amor hacia los demás y hacia Cristo sabiendo compartir, entre todos, esa cruz de la vida, que en apariencia puede ser tosca, pero que en su interior es bella como la mirada de Dios.
Las personas con discapacidad, ya tenemos un referente cristiano en quien reflejarnos, Lolo, ese hombre que de un hecho extraordinario hizo de su vida una acción ordinaria.
Cuantas veces hemos escuchado, hablar de la discapacidad como un mal sobrellevado por la persona y por las personas que nos acompañan.
Leer los escritos autobiográficos de Lolo, introducirnos dentro de esa casa abierta a todo el mundo, conocer su vida por medio del testimonio de los amigos… nos ayudan y nos hacen sentir reflejados en esas escenas de la vida, que todos padecemos.

Manuel Lozano, se ha convertido en un faro en esta tierra que nos guía hacia Dios por medio de nuestras discapacidades, su ejemplo y fe, fortalece nuestras almas y avivan nuestro espíritu hacia la luz de Cristo.
Las personas con discapacidad, ardemos de la llama de Lolo, fortaleciendo nuestra discapacidad y haciendo ver a los demás que el hecho extraordinario se vuelve en ordinario y que en si la peor discapacidad es carecer de Dios y del amor que El nos trasmite por medio de los demás.
El ejemplo de este ser insignificante y el testimonio mudo que nos trasmitió en sus cincuenta y un años de vida, hacen de Lolo un espejo traslucido donde reflejarnos y al cual preguntar, como si a un amigo, todo aquello que nos preocupa y él, siempre solicito, nos responde por medio de esa vida y esos escritos testimoniales que nos dejó.
La vida de esta persona no solo es ejemplo a seguir por las personas con discapacidad, si no que también es modelo hacia aquellos que nos ayudan a soportar nuestra carga.

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