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Antonio Garrido Gámez, periodista

Diario Jaén, 9 de agosto de 2020

 

 

Gracias a Diario Jaén que en su edición de hoy, domingo, me ha publicado un artículo en torno al nacimiento hace cien años, que hoy se cumplen, del Beato linarense Manuel Lozano Garrido, conocido popularmente por ‘Lolo’, un seglar camino de los altares que en su Linares natal, desde el sillón de ruedas, fue ejemplo y testimonio, lección de vida y esperanza, como digo en el titular. Me uno a las felicitaciones al carismático personaje. Feliz cumpleaños, querido y admirado LOLO:

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento del beato linarense Manuel Lozano Garrido

LOLO, UNA LECCIÓN DE VIDA Y ESPERANZA DESDE SU SILLÓN DE RUEDAS

Pocas cosas me han hecho tanta ilusión en mi vida que el nombramiento de ‘Periodista Amigo de Lolo’ en el año 2003 por la Asociación de Amigos que reside en Linares. Como periodista, como cristiano y como jienense me sentí feliz por la solemne beatificación que tuvo lugar hace ya diez años. Así me considero, amigo de Manuel Lozano Garrido (Linares, 1920-1971), me ha admirado siempre la humanidad que destila su obra como escritor, y muchas veces he reconocido a Lolo a través de la amistad con Lucy, su hermana, y persona tan providencialmente unida a él. Y llevo, desde hace más de 30 años, una foto de Lolo en mi cartera. Hoy, 9 de agosto, hace cien años que nació y es motivo para proclamarlo a los cuatro vientos. Me sumo pues al “cumpleaños feliz” que ha propuesto don Amadeo.

Felicito a la Iglesia diocesana y a su cabeza nuestro obispo, monseñor Rodríguez Magro, (que tomó el testigo dejado por sus predecesores, don Santiago García Aracil y don Ramón del Hoyo López) por la ilusión y la alegría con que se ha preparado el centenario de Lolo con una programación de actos conmemorativos a desarrollar desde septiembre próximo hasta junio de 2021 y la constitución de una comisión animada con esta buena nueva que tanto significa para Jaén, pues esta figura es acogida con simpatía y un afecto sin exclusiones, a poco que se conozca su vida y obra, un seglar paralítico, sujeto a una silla de ruedas durante 28 años y finalmente ciego, que nos dio una lección de vida y esperanza. Agradecimiento para la Asociación de Amigos de Lolo, por existir, por saber esperar pacientemente, con el convencimiento de que el ahora Beato, y ojalá que muy pronto Santo, tiene que darnos muchas satisfacciones, de hecho algunas ya han ido llegando, por los testimonios admirables que se han escrito de él, por las aportaciones durante el proceso, por la cantidad de personas que han sido seducidas por su legado.

Y gratitud al postulador de la causa, don Rafael Higueras Álamo, apóstol incansable para hacer valer la figura de quien durante su vida irradió luz, también para sectores como el periodismo, a cuya vocación se entregó en cuerpo y alma, a través de colaboraciones habituales en diferentes medios, como Diario Jaén. El Cardenal Foley dejó escrito sobre Lolo y su imagen de comunicador, escritor y periodista, que desde su sillón de ruedas había sabido vivir la ética de su profesión, mirando a Dios cara a cara. Suyo es el Decálogo del periodista, muy conocido, donde hace esta sugerente recomendación que en gran medida le define:

“Cuando escribas, lo has de hacer: de rodillas para amar; sentado para juzgar; erguido y poderoso para combatir y sembrar”.

Un escritor cristiano que a pesar de su ceguera y de su enfermedad daba muestras de amar a la vida, lo cual es una lección en una sociedad falta de valores, donde hay tanto en discusión. Escritor y periodista, pero también miembro de la acción católica, profundamente eucarístico, y dotado de un gran carisma. ¿Con qué Lolo quedarme? Hoy lo hago con el Lolo periodista, porque me transmite un ejemplo al que poder asomarme cada día. Por otro lado huyo de presentarlo como un personaje excesivamente marcado por sus problemas físicos. Cierto que los tenía y no se pueden separar de lo que él era, pero sin esas dificultades también nos estaría congregando, por el resto de sus cualidades. Él precisamente demostraba todo lo contrario, contagiaba alegría y el dolor y la adversidad eran su ofrenda. Lo recogió muy bien Joaquín Amado:

“Lozano Garrido no era un autor afligido y, mucho menos, un explotador literario de su particular desgracia física”

Entre nosotros y lo podemos decir bien alto, Lolo ya es “santo” en la consideración popular, así lo escribió en su día en un apasionado artículo el periodista Tico Medina, otro enamorado de la causa. Pero los procesos tienen sus tiempos y en esa espera nos encontramos.

Aunque vive Lolo en el recuerdo, desde luego viven y nos acompañan sus libros: El sillón de ruedas, Dios habla todos los días, Las golondrinas nunca saben la hora, Reportajes desde la cumbre, El árbol desnudo, Bien venido amor, Las estrellas se ven de noche…y otros más que son la mejor carta de presentación no ya para la dimensión de santidad que se busca sino para aprender de cada línea de cuanto escribió desde el altar de su casa de Linares. Recibió por esta trayectoria premios literarios y sociales, uno de los más preciados el título de hijo predilecto de su pueblo, en 1969, junto a un homenaje popular de sus compañeros de pluma, de los periodistas de España a este periodista “paralítico y ágil”. Francisco Javier Martín Abril lo resumió así: “No creo que haya otro caso igual en España ni en el mundo”. Un personaje cercano, y con un mensaje actual, nada de antiguo o pasado de moda, o conservador en su acepción más excluyente.

En los textos de Lolo, en todos ellos con los pies firmemente asentados en el suelo, hay siempre un guiño, que está en la personalidad y en la mente del autor, y es que mira hacia lo más alto. Lo expresa deliciosamente en “Bien venido Amor”:

“Cada uno tenemos un Dios que pasea apaciblemente por dentro y fabrica luceros personales, florece sonrisas y marca dulces senderos”

Enhorabuena por nuestro “San Lolo”, el único seglar no mártir beatificado en España desde el siglo XVII, por el camino hacia la santidad que tan fervientemente anhelamos y porque esta alegría que infunde nos prepare a merecer este regalo del Señor. Feliz cumpleaños, feliz centenario.

 

¿QUIÉN ERA LOLO?

Nació en Linares, el 9 de agosto de 1920. En el año 1931 inició sus estudios de Bachillerato e ingresó como socio junior en el recién creado centro de Jóvenes de Acción Católica. Aquellos años fueron para Lolo algo así como una prolongada vigilia, en la que los tres pilares “piedad, estudio y acción” fueron las armas que le prepararon para la gran prueba. En el Centro de Juventud de Acción Católica fue incluido en un grupo de futuros dirigentes.

Era consciente del riesgo que suponían en los tiempos azarosos de la guerra civil sus actividades, en especial la distribución de la Eucaristía a los enfermos. El 13 de febrero de 1938 fue encarcelado durante tres meses. Ya antes de terminar la guerra aparecen los síntomas de una enfermedad reumática que le iría impidiendo progresivamente los movimientos.

Tras acabar la guerra retoma sus estudios y su actividad apostólica. En 1939 fue nombrado vicesecretario general de su Centro de Juventud de Acción Católica. Comienza a colaborar en unas emisiones de radio. El avance lento pero progresivo de su enfermedad no le impidió ejercer una intensa actividad intelectual y literaria: dirigió la revista “Cruzada, publicó varios libros (El primero “El sillón de ruedas” en 1961) y artículos.

Era consciente de que su misión era dar testimonio de que sus dolores y sufrimientos podían ser soportables. Escribió sobre su amor a la Virgen, sobre la oración y la Eucaristía. Vivió con gozo la convocatoria del Concilio Vaticano II.

Falleció el 3 de noviembre de 1971. Su proceso de canonización se encuentra actualmente en fase romana, tras ser declarado Beato en 2010, y celebrado con una solemne ceremonia en su ciudad natal.

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